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martes, 8 de marzo de 2011

Se ha ido mi “amigo” Adrián Escudero

Ayer por la tarde se marchó mi “amigo” Adrián Escudero García (Madrid, 24-11-1927—Madrid, 7-3-2011) por culpa de una neumonía.
Radio Marca me daba la penosa noticia esta mañana cuando estaba conduciendo. En un acto con Emilio Butragueño, una de las periodistas pregunta qué mensaje puede mandar a la familia atlética después de que haya muerto un histórico del Atlético de Madrid...
Al oírlo, a uno se le encoge el corazón pensando quién habrá sido (recientemente fallecieron Diego Lozano o Marcel Domingo, futbolistas de la misma época, pero con los que no me “unía” nada). Entonces, pronuncia el nombre de Adrián Escudero, y uno siente una profunda punzada, honda, directa al pecho, y le sale de dentro un sonoro “nooooo” en voz alta.
En ese momento, uno recuerda como si fuera ayer esa tarde de noviembre de hace poco más de un año en la que pudo compartir más de dos horas de charla con este emblema del Atlético de Madrid en su propia casa.
Y una frase de Escudero te abotarga la mente, pronunciada cuando le transmitías las tantísimas preguntas que podrías hacerle sobre su época, pero que, en ese momento, por la falta de tiempo y porque la grabadora se quedó sin pilas (terminé tomando notas a mano), no es posible acometer.
“Ahora que ya nos conocemos y somos amigos, no tienes más que saludarme si nos vemos por la calle. Me haces así (explicaba mientras agitaba su brazo sonriente) y me llamas. Y yo te cuento lo que quieras”, me dijo.
Una sonrisa complacida me salió en la cara, y entonces añadió: “Si quieres, claro”. A lo que le contesté con un sincero: “Por supuesto, usted ha sido una institución en el Atlético de Madrid”.

NO LE VOLVÍ A VER...
Adrián Escudero y yo no volvimos a coincidir ni en la calle, ni en ningún sitio. Él vivía en un piso de una apartada urbanización en Campo de las Naciones y yo en Getafe, con lo que ese idílico encuentro que el señor Escudero predecía era difícil que ocurriera.
Sin embargo, en más de una oportunidad a lo largo de estos 15 meses me he planteado volver a llamarlo. Pero nunca lo hice. Y eso es algo que, desgraciadamente, yo también me llevaré conmigo para siempre.

EL PRIMERO DE LA LISTA
Voy a recuperar algunos fragmentos de la entrevista que le hice aquel día. El primero, mi sensación al entrar en su casa:
“Y sentado en una silla junto a la mesa está Escudero, que se pone de pie para saludarte a ti, que jamás le has visto jugar porque cuando él se retiró tus padres apenas habían nacido, pero tu abuelo te ha contado que, cuando él fue a meterse al Ejército, Escudero estaba de pleno apogeo, y tú estás cansado de leer su nombre y de escribirlo en aquellas interminables listas que hacías de chaval sobre los goleadores históricos del Atleti, en las que el primero era siempre el mismo. Escudero, 150 goles”.

LE SENTÍ MUY CERCANO
Pese a la diferencia de edad (más de 50 años) y a que su fútbol fue el de los 40 y los 50, y el mío de la década de los 90 en adelante, sentí a ese hombre muy cercano a mí. Muchos de sus testimonios me hicieron darme cuenta de que el fútbol, en muchos aspectos, seguía siendo lo mismo. Y más que el fútbol, un sentimiento. Una pasión, por el Atlético de Madrid.
Entonces me contaba que hay cosas que no cambian con los años, que ya eran así hace medio siglo, y empatiza conmigo bajo nuestros colores compartidos: “Yo te cuento esto a ti porque eres del Atleti -me confiesa-. Hubo un Real Madrid-Atleti en Chamartín, que les metimos 3-6. Pues para la prensa ese partido desapareció en seguida. Los del Madrid lo llevan todo tan bien que no quieren ni comentarlo. Le restan importancia porque a ellos les duele. La prensa lo hace desaparecer. Siempre favorecían al Real Madrid, igual que ahora”.

MARCA Y EL PICHICHI: AYER Y HOY...
Y, pasado algo más de un año, me contaba una anécdota que ahora estaría de plena actualidad: en la temporada 1955-56, Di Stéfano termina Pichichi con 24 goles, por los 21 de Escudero. Sin embargo, asegura que “a mí me quitaron al menos dos goles cuando Di Stéfano y yo íbamos al lado en el Pichichi. Un gol, en Valladolid, driblo al portero, tiro, y rebota en un defensa. Se lo dan a él en propia puerta. Otro gol, contra el Hércules, tiro desde dentro del área, le da al defensa en la rodilla y otro autogol. El Marca era el que apuntaba los goles y, aunque el árbitro pusiera que habías marcado un gol, a ti no te preguntaban. El cronista ponía lo que él quería”. (¿Les suena a un gol de Pepe con la espalda que figura en la cuenta del “Pichichi” Cristiano Ronaldo?).

UN CORAZÓN COLCHONERO
Y es que, si algo hacía palpitar con fuerza el corazón de Adrián Escudero que ayer dejó de latir, era ganar al Real Madrid: "Yo he nacido en Madrid. Y para mí, ganar al Madrid era más especial que ganar cualquier otro partido (me dijo llevándose la mano al corazón)".
El rojiblanco que más goles ha marcado al Real Madrid (9) y uno de los que más veces les ha derrotado (9) aseveraba que entonces, "si perdías un derbi, no podías salir a la calle, te tenías que esconder porque la gente te señalaba. A mi madre, que en paz descanse, el carnicero le decía: para tu hijo no te doy nada que no se lo merece por haber perdido".

ESCUDERO YA NO PODÍA ANDAR
Hacía varios meses que Escudero había perdido la movilidad de las piernas que tantísimos goles dieron al Atlético de Madrid, motivo por el cual no pudo estar presente en la pasada cena de Navidad de los veteranos del club.
Por desgracia, de todos estos detalles me he enterado hoy. El día que le visité, le vi en un excelente estado, pese a que me confesaba que sus rodillas ya no eran las de antes y para moverse necesitaba la ayuda de un bastón.
A propósito de ello me contó, enfadado, cómo Benito, secretario de la Asociación de Veteranos, le cambió el asiento de su palco vips del número uno al 14, con lo que ya no estaba "para andar pasando entre la gente".
Además, en uno de los últimos encuentros a los que asistió, el 2-1 al Sevilla en la 2006-07 remontando con dos goles de Maxi, la marabunta de la gente le tiró a la salida del estadio.
Me cuentan que tras el triunfo del pasado sábado ante el Villarreal, Escudero volvió a reafirmar su intención de volver un día al estadio.

"HOY, SI PIERDES UN DERBI NO PASA NADA"
El próximo 19 de marzo el Atlético de Madrid recibe al Real Madrid, partido en el que el club colchonero rendirá homenaje (insuficiente, seguro) a esta leyenda rojiblanca.
Ayer, Escudero se murió con el pensamiento de que en el fútbol actual si sales derrotado de un
derbi "no pasa nada, no le dan importancia a perder con el Madrid".
“Llevan diez años sin ganar al Madrid y qué ha pasado. Nada. Si en la prensa le dieran a estos datos la importancia que tienen debería caérseles la cara de vergüenza", me dijo indignado.

EL MEJOR HOMENAJE
Sin duda, el mejor tributo que le podrían ofrecer al "Ídolo de Cuatro Caminos" sería una victoria ante "su eterno rival" para que, ese día, Adrián Escudero pueda salir de su nueva casa, orgulloso, a pasear por el cielo. Descansa en paz "amigo". Eterno Adrián Escudero. Nunca te olvidaremos.

- Pincha aquí si quieres leer la ENTREVISTA ÍNTEGRA de aquel día
- Pincha aquí si quieres conocer cómo vivía Escudero los DERBIS DE SU ÉPOCA

lunes, 16 de noviembre de 2009

LA ENTREVISTA: Escudero: “Me faltó un pequeño hervor para haber triunfado totalmente”

Cuando tienes delante al hombre que sigue siendo el máximo goleador en la historia del Atlético de Madrid (150 goles sólo en Liga), después de 51 años retirado, y te dice que le faltó un “pequeño hervor” para triunfar plenamente, a uno le cuesta asimilarlo.Leyendas como Luis Aragonés (123 goles), Gárate (109), Peiró (93) o Collar (71), quedaron muy lejos de alcanzar las cifras goleadoras de Adrián Escudero García (Madrid, 24-11-1927) y sin embargo él, se fue con la sensación de que “llegué hasta allí, pero me faltó un hervor para desplegarme totalmente, esa pizca de suerte que te haga llevarte todo el reconocimiento”.
Eso fue lo que le dijo uno de los entrenadores que tuvo en sus trece años en el Atlético de Madrid (1945-1958), no recuerda quién, pero la frase “es uno de esos dichos que se te quedan grabados”.
Cuando llegas a la casa de Escudero, en una apartada urbanización en Campo de las Naciones, lo primero que ves en el recibidor es un banderín del Atleti. Dentro, en el salón, hay otro más, junto a su tarjeta identificativa con una foto de futbolista del acto del centenario de la Federación Española, al que asistió recientemente.
Y sentado en una silla junto a la mesa está Escudero, que se pone de pie para saludarte a ti, que jamás le has visto jugar porque cuando él se retiró tus padres apenas habían nacido, pero tu abuelo te ha contado que, cuando él fue a meterse al Ejército, Escudero estaba de pleno apogeo, y tú estás cansado de leer su nombre y de escribirlo en aquellas interminables listas que hacías de chaval sobre los goleadores históricos del Atleti, en las que el primero era siempre el mismo. Escudero, 150 goles.

DEBIÓ METER MÁS GOLES...
“En mi época era más fácil meter goles que ahora -asegura restándose importancia-, aunque eran menos partidos. Entre Copa, Copa Latina, la Selección y amistosos internacionales, metí 187 goles”, nos cuenta.
Aunque debió meter más: "Sería vanidoso por mi parte, pero yo cuando jugaba de extremo sólo nos dedicábamos a pasar el balón. De delantero centro metí el doble de goles que de extremo izquierda. Si me hubieran puesto de delantero centro toda mi carrera...".

SU ÍDOLO, PACO CAMPOS
Entre las leyendas anteriormente citadas, nos hemos dejado a Francisco Campos, tercer máximo goleador en la historia del club (112). Ése era el ídolo de Escudero: “Campos era mi jugador predilecto y yo me quería parecer a él. Cuando yo empecé éramos compañeros. Él interior izquierda y yo extremo izquierda. Campos y Escudero”.
Y le superó ampliamente.
Comenzó su carrera en el Banco Hispano Americano, en segunda regional, y en el Mediodía, en Tercera División, entonces, alguien llegó preguntando por Escudero: “El Mediodía estaba subvencionado por el Madrid, le ayudaban en botas, balones. Me dijeron: que vienen a por ti. Y pensé que era el Madrid. Pero me contestaron, no, no, es el Atleti. No sé el chanchullo que hicieron, pero cuando me quise dar cuenta me fui al Atleti. Todos los jugadores del Mediodía que interesaban al Madrid tenía prioridad. Pero parece ser que al presidente le dieron algo”.
SUS COMIENZOS FUERON "MUY FÁCILES"
Su llegada al Atleti se produce a finales de 1945, y por entonces había que tener 18 años para poder jugar, así que el club decide esperar: “El Atleti me ficha, pero no debuto hasta enero porque no tenía la edad. Estuve un par de meses entrenando con Zamora de técnico, cumplí los 18 a finales del 45, y ya en 1946 Zamora me puso a jugar”.
Y desde entonces, todo vino rodado: “Mis comienzos en el Atleti fueron muy fáciles, porque me pusieron y ya no paré de jugar hasta que me jubilaron. En todos los equipos jugué. Conmigo pasaba una cosa, en el Banco Hispano, con 16 o 17 años jugaba con ficha falsa, pero el presidente me decía: Cómo te voy a sacar, si esos son unos bestias. Y yo le respondí: Señor Vila, si usted me dice esto no voy a jugar nunca. Porque normalmente todos van a ser mayores que yo. ¿Y entonces para qué me ha fichado?”.

"EN DOS MESES VAS A SER INTERNACIONAL..."
Escudero se asienta en el once rojiblanco, y comienzan a llegar los goles, los títulos... y la selección: Helenio Herrera tenía una virtud, era un psicólogo, aparte de buen entrenador. Se fijaba en las cualidades de cada uno. Yo había cogido peso, era más fuerte, y Helenio Herrera me dijo un día: te voy a poner de delantero centro y antes de dos meses vas a ser internacional y le vas a quitar el puesto a Zarra. Y fue así. Debuté en un 0-1 contra Argentina en Chamartín (7-12-1952), que ganaron con un libre indirecto que se le escapó a Ramallets”.
Sin embargo, nunca tuvo suerte en la selección, donde sólo llegó a jugar tres partidos: "En aquella época en España muchos equipos eran el vivero de la selección: el Madrid, el Bilbao, el Barcelona, y de rebote me llevaban a mí para representar al Atleti, para hacer bulto. Tuve muchísimas concentraciones, pero casi nunca jugaba. Siempre jugaban los mismos: Zarra, Gainza, Panizo, César. Y entonces no había cambios”.
Y tiene un par de anécdotas al respecto de amargo recuerdo: “Yo y Basora estuvimos concentrados 15 días en El Escorial para ir al Mundial de Brasil y llegado el momento dijeron: Escudero y Basora se quedan en Madrid. ¿Por qué? Porque se había metido un directivo para el viaje y no había plazas en el avión.
En un España-Bélgica, voy concentrado y se visten casi todos porque como era amistoso sí había cambios. Pero el seleccionador a mí me manda a la grada. Se lesiona Gainza y como yo era extremo izquierda le dice al masajista: Rafa, busca a Escudero y que vaya calentando. Le dice Rafa que estaba en la grada vestido de paisano. Me llama y cuando voy a salir para sustituir a Gainza, resulta que ya habían sacado a Aldecoa. Me hicieron cambiarme para nada”.
Zarra, Panizo, Gainza... fueron los que se llevaron el reconocimiento, los demás íbamos de relleno”, confiesa resignado.
BEN BAREK Y LA DELANTERA DE CRISTAL
Pero donde no estaba de relleno era en el Atlético de Madrid, donde formó parte de delanteras míticas, entre ellas la de “cristal”, con Juncosa, Ben Barek, Pérez Paya, Carlsson y Escudero, cuyo bautizo tiene una explicación: “Normalmente el Atleti de esa época tenía un equipo que jugaba bien al fútbol, pero no era un equipo que fuera al choque. Eludía mucho el choque. Ben Barek jugaba muy bien al fútbol, pero te decía: yo no he venido aquí a una guerra, he venido a jugar al fútbol.
Pero en aquella época le daban palos a él porque era como hoy por ejemplo Kaká. Era el mejor e iban a por él”.
¿Y tan bueno era Ben Barek, para que Pelé dijera que si él era el Rey del fútbol, Ben Barek era Dios?: “Ben Barek era muy buen jugador, tenía un estilo muy bonito. Hacía cosas que entonces no se hacían. Igual que ahora hay gente que hace la bicicleta y esas gilipolleces, él hacía otras cosas. Él impuso una jugada. Él remataba muy bien de cabeza. Y siempre me decía que tenía que hacer de parachoques. Estar pendiente del que marcaba a Ben Barek y no dejarle saltar. Hacía de escudo para que él rematara más claro.
Una vez, en el Metropolitano le sacaron a hombros, como si fuera una corrida de toros. Porque hacía cosas que no se veían”.

DOS LIGAS QUE DEBIERON SER TRES
Y de esa delantera, nacieron dos Ligas, y cerca estuvo una tercera: “Tuvimos la tercera Liga, íbamos a por el tercer título. En aquella época yo era como ahora Raúl, sería mejor o peor, pero era un hombre gol. A mí me rompieron la pierna en Barcelona (faltando cuatro jornadas en Sarriá con el Atleti segundo a sólo un punto del Barça). Íbamos ganando 0-1 y Helenio Herrera le dice al masajista, búscale dos tablillas y para dentro. Como no había médico, el médico era el masajista, y le contestó: pero si le han roto la pierna, cómo va a entrar. Nos quedamos con diez y terminamos perdiendo 3-1”.
Y esa Liga voló, proclamándose campeón el Barcelona. Entonces, era normal jugar lesionado: “Habrás oído hablar del gol del cojo -nos cuenta-. Juncosa siempre andaba renqueante, pero siempre metía el gol del cojo. Como no se podía cambiar, entrabas como podías. Yo jugué con un brazo dislocado o con el tabique roto. Una vez, Joaquín, un defensa del Sevilla, me rompió la nariz y tuve que jugar así toda la segunda parte”.
EL PICHICHI Y LA PRENSA "MADRIDISTA"
Pero cuando estaba sano, hacía goles como churros. Sin embargo, nunca ganó el trofeo Pichichi. Dos años, estuvo muy cerca, la temporada 1952-53, con 21 goles por los 24 de Zarra, y la 1955-56, 21 tantos, tres menos que Di Stéfano. Recuerda especialmente este último año: “A mí me quitaron al menos dos goles cuando Di Stéfano y yo íbamos al lado en el Pichichi. Un gol, en Valladolid, driblo al portero, tiro, y rebota en un defensa. Se lo dan a él en propia puerta. Otro gol, contra el Hércules, tiro desde dentro del área, le da al defensa en la rodilla y otro autogol. El Marca era el que apuntaba los goles y, aunque el árbitro pusiera que habías marcado un gol, a ti no te preguntaban. El cronista ponía lo que él había visto, lo que él quería”.
Y es que hay cosas que no cambian con los años, y que ya eran así hace medio siglo: “Yo te cuento esto a ti porque eres del Atleti -me confiesa-. Hubo un Real Madrid-Atleti en Chamartín, que les metimos 3-6. Pues para la prensa ese partido desapareció en seguida. Los del Madrid lo llevan todo tan bien que no quieren ni comentarlo. Le restan importancia porque a ellos les duele. La prensa lo hace desaparecer. Es como lo de los goles del Pichichi. Cuando ves que todo es imparcial, qué se le va a hacer, pero cuando todo sigue una línea... Siempre favorecían al Real Madrid, igual que ahora”.Pero Escudero nunca contó sus goles, de hecho, asegura que fue “en el centenario del Atleti” cuando fue consciente de que era el máximo goleador en la historia del club.
"El otro día, en el acto por el centenario de la Federación, llegó Miguel, internacional y que jugó conmigo en el Atleti, y me dice: ¿tú cuántos goles has metido? Y le dije: yo que sé, los que han dicho los periódicos. Y me dice: yo he hecho tantos, porque yo los he contado. Yo no conté ninguno”, me confiesa con naturalidad.
“MI AMIGO EL DEL GOL MIL”
Pero eso sí, hubo un gol muy especial, que muchos le recordaban: “En la época yo metí el gol mil del Atleti. Eso te lo decían los seguidores del Atleti. Oye Adrián, que has metido el gol mil. En la Inmaculada había un puesto de gasolina y un gasolinero era muy del Atleti. Entonces había pocos surtidores en Madrid y cuando llegaba me decía: ¡Aquí viene mi amigo, el del gol mil! Y siempre me llamaba así, el del gol mil”.

UNA RETIRADA OBLIGADA
Pero después de perder la cuenta de sus goles, de los trofeos, de partirse la cara por su Atleti, un día llega a casa, con sólo 30 años, y se encuentra una sorpresa muy desagradable: “El Atleti me manda una carta diciéndome que me da la carta de libertad... Has estado 15 años y sin hablar contigo te mandan una carta diciéndote, a partir de tal día queda libre. Eso son cosas que no asimilas. A mí me retiró el Atleti”. Los dos últimos años había comenzado a jugar menos, sobre todo a raíz de la llegada de “nuestro amigo Daucik”, que no confió en él. Pero Escudero tiene claro el motivo principal de su salida: “Estaba de delantero centro y estaba en forma. Tenía 30 años y era un chaval que siempre había vivido del deporte, pero el Atleti ficha a Vavá, delantero centro del Brasil campeón del mundo en Suecia. Le fichan como estrella y yo, en comparación, era una pequeña mierda y a mí me dejan a un lado”.
Y ahí acabó su carrera. El Deportivo de la Coruña intentó ficharle, pero no fructificó: “El Coruña vino a por mí. Lo tenía todo hecho. Pero se metió por medio un directivo que era coronel o general de aviación y quiso ponerse como mi representante. Y en un momento dado se puso los galones y dijo: aquí se hace lo que yo diga. Habíamos quedado en Madrid con los directivos del Coruña, quedamos en que me iban a pagar tres millones de pesetas en tres años, a millón por temporada. Pero se ve que dijeron que finalmente me daban sólo medio millón el primer año y y el general les mandó a todos a hacer puñetas. No volvieron a contar conmigo”.
“Entonces, el Atleti me ofreció quedarme entrenando a los juveniles y ya pues no me quedó otro remedio que retirarme”, confiesa Escudero con cierta lástima.
Posteriormente, llegó a ser segundo entrenador del Atlético e incluso primero durante las últimas jornadas de la Liga ganada en 1966, por enfermedad de Domingo Balmanya.

YA NO SE PRODIGA POR EL CALDERÓN
Últimamente, a Escudero ya no se le ve por el Calderón. A punto de cumplir 82 años padece de gota y la humedad del Manzanares le afecta. Además, sus rodillas ya no son las que eran y, para colmo, Benito, secretario de la Asociación de Veteranos, le cambió el asiento de su palco vips del número uno al 14, con lo que ya no está "para andar pasando entre la gente". Encima, en uno de los últimos encuentros a los que asistió, el 2-1 al Sevilla en la 2006-07 remontando con dos goles de Maxi, la marabunta de la gente le tiró a la salida del estadio.
Aunque tiene la intención de volver, siempre acompañado de su bastón que soporta las piernas que tantos goles dieron a los rojiblancos.
Todavía hoy, si uno cierra los ojos, en silencio, entre Cuatro Caminos y la Moncloa, donde antiguamente se levantaba el estadio del Metropolitano, aún se puede escuchar el rumor del público cantando un gol. Un gol de Escudero. El del gol mil.