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domingo, 18 de febrero de 2018

Los años van pasando...

Estos últimos días han estado plagados de recuerdos para mí.
El jueves, el Atlético de Madrid regresaba, cinco años después, a la competición que volvió a hacerle grande. Desde el 21 de febrero de 2013 no jugaba la UEFA Europa League, día en el que fue eliminado en dieciseisavos por el Rubin Kazan (0-2).
Pero sólo nueve meses antes, había logrado en Bucarest el primer título de Simeone, de la mano de un enorme Falcao (3-0 al Athletic); y el 12 de mayo de 2010 recuperó la memoria en Hamburgo, tras catorce años de amnesia, y volvió a levantar un título (2-1 al Fulham).
OCHO AÑOS DE HAMBURGO, OCHO AÑOS DE GODÍN
Han pasado ya ocho años de aquella noche histórica en el Hamburg Arena. Los mismos que lleva Diego Godín en el Atleti, que firmó apenas tres meses después con los rojiblancos.
Este viernes 16 de febrero, el uruguayo cumplía 32 años. Lleva once en España y ocho como atlético. Como decía en el tuit con el que le felicité, en este tiempo Godín se ha dejado los dientes por el Atleti, se ha dejado la nariz, pero, sobre todo, se ha dejado la cabeza y el corazón ("Coraje, corazón y cabeza", ya saben) por nuestro escudo. El charrúa volvía el jueves (protector bucal mediante) a defender nuestros colores. Y lo hacía con el brazalete de capitán, imagen que ya comienza a convertirse en habitual (no en vano lleva tres años como segundo capitán).

GODÍN CUMPLE LOS AÑOS EL MISMO DÍA QUE MI ABUELITO
Curiosamente (las casualidades no existen), Diego Godín cumple los años el mismo día que una de las personas más queridas de mi vida, mi abuelo. Este viernes, mi abuelito Emilio hubiera cumplido 92 años. Por desgracia, pronto sumaremos seis años sin él, y estos días he recordado su último cumpleaños con nosotros.
La UEFA, mi abuelo y Godín se han juntado este 16 de febrero para hacer a mi memoria retrotraerse a ese mismo día del año 2012.      

UN 16 DE FEBRERO DE 2012, EL ATLETI JUGABA EN ROMA CONTRA LA LAZIO
Lo recuerdo como si fuera ayer, sentado frente al televisor en el salón, con mi abuelo a mi izquierda en el sofá, y junto a él mi tío Emilio, leyéndole algunos recortes de prensa (mi abuelo hacía muchos años que no podía leer, ya que estaba prácticamente ciego).
El día de su 86 cumpleaños, el Atleti jugaba en Roma ante la Lazio. Antes habían visitado al Papa, lo cual para mi abuelito era un motivo de orgullo, ya que siempre fue muy religioso. Todavía recuerdo la ilusión que le hizo una medalla del Papa Juan Pablo II que le traje precisamente de Roma tras un viaje.

"YA VERÁS CÓMO GANAN POR MI CUMPLEAÑOS"
“Ya verás cómo ganan por mi cumpleaños”, me aseguró esa tarde. “Tranquilo, seguro que remontan”, me animó después, cuando los laziales se adelantaron con un gol de Klose a los 20 minutos. Y remontó. Y con cada uno de los tres goles rojiblancos (Adrián y dos de Falcao), me estrechaba la mano con su sonrisa bonachona y me decía convencido: “¿Ves? Ya te lo dije yo”.

También por eso el partido de Copenhague me hizo rememorar esa victoria en Lazio. El Atleti remontó con solvencia un 1-0 en contra y terminó sentenciando la eliminatoria, lo que me dejó cierto regusto amargo por pensar que en la vuelta en nuestro estadio nos esperaba un partido descafeinado (soy así, no puedo evitarlo). En aquella vuelta, por cierto, ganamos 1-0 y el autor del único gol fue Diego Godín. Veremos si se repite la historia.

MI ABUELITO Y GODÍN, BUENAS PERSONAS
Por signo del Zodiaco, mi abuelito y Godín son Acuario. Dicen de los Acuarios que son personas honestas, leales, humanitarias, independientes... a las que les gusta luchar por las buenas causas y con un fuerte sentido de la convicción y de la verdad. No creo en estas cosas, pero sí puedo decir que tanto mi abuelo como Diego eran/son buenas personas.

ME INCULCÓ EL VALOR DE LA FAMILIA
Mi abuelito siempre me inculcó el valor de la familia. Luchó mucho para sacar adelante a sus cinco hijos y a su mujer, y ya de mayor nunca se cansó de repetirme la importancia de que ayudara a mi madre. De hecho, a día de hoy debo reconocer que si me considero una persona familiar es, en gran medida, por esa serie de valores de los que me imbuyó mi abuelito.
GODÍN CELEBRA SU CUMPLEAÑOS JUNTO A SUS PADRES
En el caso de Godín, en estas fechas, como cada año, disfruta de unos días junto a sus padres Julio e Iris, que vienen a visitarle desde Uruguay para celebrar junto a su hijo su cumpleaños.
Hace tres años, tuve la fortuna de poder coincidir con Godín en esos días y entrevistar a sus padres en persona en la casa de Diego.
Lejos de tener la sensación de estar en la casa de una estrella del fútbol rodeado de una familia estirada, su sencillez, su amabilidad y su cercanía me hicieron sentir comodísimo.
Una de las primeras cosas que hizo Diego cuando llegó a profesional fue comprar a sus padres "un pedazo de campo en Rosario, y mi padre, como le gusta y sabe, tiene ganadería y allí está al mando".

EL AMOR DE GODÍN POR SUS PADRES
Sólo me hicieron falta unos minutos viendo interaccionar a Godín con sus padres para darme cuenta de ese amor que el uruguayo profesa por sus progenitores. Y, como relato en el libro, tuve el enorme privilegio de vivir in situ cómo Diego se quedaba literalmente sin palabras, y debía tragar saliva con un nudo en la garganta, cuando me contaba que lo primero que hizo cuando le convocaron para debutar con el primer equipo del Atlético Cerro fue llamar a sus padres. "Era un poco devolverles todo lo que habían hecho por mí. Pensar en el orgullo que podrían tener ellos al ver que yo había llegado a Primera División fue... impresionante", me contaba aquel día, antes de que la emoción le impidiera continuar.

OJALÁ MI ABUELITO ESTUVIERA AQUÍ...
Los años van pasando, y son muchas las veces en los que uno piensa "cómo me hubiera gustado que mi abuelito pudiera ver esto". Mis crónicas en la COPE, mi llegada como jefe de prensa al Ayuntamiento de Parla, el libro de Godín... Lo que habría dado porque mi abuelito hubiera podido estar en la presentación del libro y haberle presentado a Diego.
Mi abuelito, fan número uno de las crónicas de su nieto en el blog, “la flor y nata del periodismo”, “la pluma más acerada de todo Getafe” (este tipo de frases me dedicaba), cuánto orgullo habría sentido por ver que escribía la biografía de uno de los jugadores más importantes de la historia del Atlético de Madrid.

CON MI ABUELITO, YO ERA MEJOR PERSONA
Mi abuelito pasó sus últimos meses de vida en mi casa, con mi madre, mi hermano y yo. Pero sus últimos años vivió en casa de mi tía, en San Blas (muy cerca del Metropolitano). Allí, cada viernes, sin falta, acudía a leerle aquellas noticias que había hecho en EFE que pensaba que le podían interesar más, o a ponerle las narraciones del Almería (él era de Adra) que hice en mi época en Marca TV. Echando la vista atrás, puedo decir que yo mismo era mejor persona cuando mi abuelito estaba en mi vida.
Perdonen la vena sentimental. Uno también se va haciendo viejo... Sólo espero que ojalá que mi abuelito esté viéndome allá desde el cielo.  

jueves, 6 de marzo de 2014

Dos años sin mi abuelito (poesía)

Los que me siguen, saben que sólo dejo de hablar del Atlético de Madrid en este blog cuando es para hacerlo de mi abuelito. Hoy, 6 de marzo de 2014, hace dos años que se nos fue.
En estos dos años han pasado muchas cosas que me habría gustado compartir con mi abuelito.
Como ya les conté en mi último post sobre él, hace ya casi un año que entré a trabajar en la cadena COPE, su cadena. En sus últimos años, estaba casi totalmente ciego, por lo que su principal fuente de información y entretenimiento era la radio y, en concreto, la COPE.
Habría pagado lo que fuera porque hubiera podido escucharme, a su nieto, “el mayor” de ocho, “la flor y nata del periodismo”, “la pluma más acerada de todo Getafe”, y comentar con él las diferentes noticias.
Hoy, por ejemplo, he hablado de un caso de corrupción del anterior Gobierno del Ayuntamiento de Leganés. “Estos políticos son todos unos marranos”, seguro que me habría dicho.

Me habría gustado que el año pasado, tras ganarle la Copa del Rey al Real Madrid en el Bernabéu, al llegar a casa y escuchar mi voz, hubiera extendido su brazo, con la mano abierta, a ciegas, pero con la certeza de que yo iba a estrecharla, y entonces me hubiera dicho: “Enhorabuena, rey (que es como nos llamaba a todos los de la familia). Estarás loco de contento ¿no?”.
Y, aunque yo sé que el Madrid siempre le ha tirado más, por su hijo pequeño, Emilio Javier, también sé que se habría alegrado porque sabía lo que un triunfo como ése suponía para mí. Y me habría hecho algún chascarrillo del tipo “Tu tío esta noche seguro que ha mojado la almohada”, acompañado de su inimitable sonrisa socarrona, con la que a veces incluso se le soltaba la dentadura de tanto reír. Si cierro los ojos, puedo verle sonriendo ahora mismo.

Y me habría encantado poderle contar, el pasado mes de enero, cómo asistí a la inauguración de la escuela de ciclismo para niños de Alberto Contador. “Sí es que es un chico muy formal”, me habría asegurado. Sin duda, mi abuelito, que hizo sus pinitos con la bicicleta de joven, fue uno de los mayores fans de Alberto. “Yo sé que es inocente. Sólo por su forma de estrecharme la mano, y por cómo me habló, se ve que es una persona íntegra, moral, que nunca se habría dopado”, me dijo convencido el día en el que tuve la oportunidad de presentarle a Contador. Un encuentro que, a día de hoy, sigue siendo la gestión como periodista de la que más orgulloso me siento. 

Hoy es un día triste, sin duda. Y la semana que viene (el 13) se cumplirá el décimo aniversario de la muerte de mi abuelita. Pero sé que ninguno de los dos quiere que les recordemos con tristeza, por lo que, como homenaje a ambos, he querido rescatar este poema en quintetos que mi abuelito (ya os conté que también era amante de la poesía) le escribió a mi abuelita por su cumpleaños, en Granada, en el año 1950.

UN AÑO MÁS 
Otro brote se ha formado
en la rosa de mi amor.
Veinte pétalos, la flor,
llena de luz y esplendor
su plenitud ha alcanzado.

El aroma que derrama
es tal, que mi corazón
se abre con gran ilusión
y entonando una canción
dice que siempre te ama.

¿Por qué rehuyes mi caricia?
Sabes que mi voluntad
te las hace sin malicia.
Y tú sabes, con justicia,
que no hay en ellas maldad.

La única verdad del cuento,
es que ha de llegar el día,
que veas que mi pensamiento
no cesa en todo momento
de procurar tu alegría.

¡Y que pase lo que quiera!
Como siempre te he querido,
te querré hasta que me muera.
Mi palabra es tan sincera
que verás que no he mentido.

Dos años después de este poema mis abuelitos se casaron. En el año 2002 celebraron sus bodas de oro y lo hicieron volviendo a contraer matrimonio.
Puedo dar fe de que mi abuelito la quiso hasta el día de su muerte, ya que cada noche desde que ella se fue, sin fallar una sola, besaba el rostro de mi abuelita en una foto que de ella tenía enmarcada junto a su cama. Os echamos de menos, abuelitos.

PD: Mi abuelito, que nunca tuvo muy claro qué era aquello de Internet, siempre me preguntaba si poniendo su nombre en la Red saldría algún poema suyo. Desde hoy sí, abuelito. El nombre de mi abuelito era Emilio Navarro Cañadas y está etiquetado en este post, al igual que en los tres anteriores que escribí en su honor.

viernes, 5 de abril de 2013

Va por mi abuelito

El pasado 6 de marzo se cumplió un año sin mi abuelito. Un año sin sus bromas, sin sus poesías, sin sus canciones y sin poderle leer mis noticias de Agencia EFE o mis crónicas del Atleti, de las que era mi mayor fan.
Sé lo que se habría alegrado por la victoria del pinteño en la pasada Vuelta a España. De hecho, cuando conoció que le sancionaban por seis meses sin competir y que reaparecería en la Vuelta, mi abuelito lo tuvo claro: “Le va a sacar una hora al segundo... Gana seguro”. Y ganó...

AMANTE DE LA RADIO... Y DE LA COPE
Ya he hablado de él en anteriores ocasiones y algunos de vosotros sabréis que en sus últimos años estaba casi totalmente ciego, por lo que permanecía las horas pegado a la radio para mantenerse al tanto no sólo de las andanzas de Contador y el deporte, sino de la información en general.
Su cadena era la COPE. Militar de carrera, llegó a Comandante partiendo desde el grado más bajo. Rechazó un ascenso honorífico a Teniente Coronel (sólo hay cuatro escalones más por encima hasta llegar al de Capitán General, el Rey) porque siempre sostuvo que “los cargos son para ejercerlos, no para que te pongan la medalla”.
Su profesión y los años provocaron en él un apego a la Derecha y, por ende, a la COPE.
Habitual seguidor de Federico Jiménez Losantos y de César Vidal, cuyo programa de tarde, “La Linterna”, le acompañaba en su temprano acostar, a eso de las ocho y media o las nueve. “Siempre tienen contenidos culturales y de historia muy interesantes”, me contaba.
Cuando en 2009 Jiménez Losantos y César Vidal abandonaron la COPE, mis tíos prefirieron obviar que su destino había sido EsRadio, ya que los subversivos discursos de Losantos encendían en mi abuelito acaloradas ideas. “Se le nota que está más tranquilo”, me confirmaban tras la salida de Losantos...

En ocasiones, mientras trabajé en la página web de la Cadena SER, en Telemadrid o en Marca TV, mi abuelito me contaba que creía haberme oído en la radio, o que al escuchar alguna noticia de la que le había hablado, pensaba que iban a citarme o a darme paso...
“Yo no trabajo para la COPE, abuelito”, le explicaba.

EL LUNES DEBUTO EN LA COPE
El próximo lunes, debuto en COPE Comunidad de Madrid (101.0) como corresponsal de la zona sur. Lo hago con la sensación de que llego un año tarde. Lo hago con cierta lástima por pensar en lo orgulloso que se habría sentido mi abuelito de poder escuchar a su nieto, “el mayor” de una decena, “la flor y nata del periodismo”, “la pluma más acerada de todo Getafe”, en su cadena, en la COPE.
Hoy me han dado el que será mi micrófono y se lo he enseñado a mi madre. Habría pagado mucho por poder hacer lo propio con mi abuelito. Él no podría verlo, pero se lo habría dado para que lo tocara. Y habría hecho algún comentario parecido a “vaya, se palpa que es un micrófono de categoría. Cómo se nota que es de la COPE”, acompañándolo de su inimitable sonrisa socarrona.
E imagino la cara de satisfacción infinita que habría puesto cuando le contara, con lo religioso que era, que el día 24 el obispo de Getafe, Joaquín María López de Andújar, vendrá a inaugurar el local de COPE en la ciudad y tendré que hacerle un reportajillo para la causa.
Mi abuelito, siempre ufano de mi estilo “claro y preciso” y de mi “bonita manera de contar las cosas”. No se cansó de recordarme que “la palabra es tu arma, hijo”, y de advertirme “lee mucho, pero no sólo el Marca y el As, eh”...

MI ABUELITO SE LEYÓ EL DICCIONARIO
Ya con una edad, mi abuelito se leyó el diccionario. Y por ello me causaba especial gracia cuando mi amigo Rodri en alguna ocasión me preguntaba “vaya, ¿ya te has leído el diccionario?”, si usaba alguna palabra fuera de lo común.
Mi abuelito me enseñó alguna de esas palabras. La última todavía la recuerdo: ¿Sabes que a los periodistas también les llaman pendolistas (Persona que escribe con muy buena letra)?
La verdad, no lo sabía. Hasta el último día no dejó de enseñarme algo...

Y RECITABA
Siempre le encantó recitar, haciendo gala de una memoria prodigiosa que mantuvo en esta faceta hasta el final de su vida. Como muestra, valga este vídeo en el que recita el poema "La Seca", como ejemplo del panocho, dialecto murciano, para un trabajo sobre las lenguas y hablas de España que mi madre colgó en Youtube. Podéis escucharle a partir del minuto 5:30.
Mi abuelito nunca tuvo muy claro qué era aquello de Internet, y maravillado porque de ahí saliera todo tipo de información cuando nos preguntábamos por el apellido de algún político, la edad de un actor, o el año en el que ganó el Tour tal ciclista, me cuestionaba a menudo: “Oye, ¿y si pones mi nombre en Internet no saldrá algún poema mío?”.

El nombre de mi abuelito era Emilio Navarro Cañadas. Y a modo de homenaje le he etiquetado en este post, al igual que en los dos anteriores que escribí en su honor.
El lunes, cuando mi voz empiece a sonar en la COPE, él será la primera persona en la que piense. Espero que las ondas puedan llegar hasta el cielo tan alto y claro como para que él pueda escucharme. Nunca me olvidaré de ti. Este trabajo, va por mi abuelito.

viernes, 9 de marzo de 2012

Una victoria por mi abuelito

El Atlético de Madrid ganó anoche 3-1 al Besiktas, en lo que para mí ha sido una victoria muy distinta a las anteriores.
Hoy al levantarme, mi abuelito no ha podido darme un beso y estrecharme la mano y, como otras tantas veces, decirme: “Enhorabuena hijo. Por lo del Atleti. 3-1 ¿eh?”.
Siempre pegado a la radio durante estos últimos años en los que su avanzado estado de ceguera ya no le dejaba ver la televisión, ha seguido la actualidad del deporte, el ciclismo, sobre todo, con su idolatrado Alberto Contador, al que como muchos sabéis tuve la fortuna de poder presentarle, y el fútbol.Siempre se decía del Real Madrid por su hijo pequeño, Emilio Javier, incondicional seguidor de los blancos de ésos que, según mi abuelito, “mojaba la almohada cuando perdía”, y del Atleti por mí, por su nieto el mayor.
Por mucho que intentara disimularlo conmigo, eran los colores blancos los que siempre le han tirado más, pese a que, por supuesto, se alegrara de las victorias de mi equipo, porque sabía lo que para mí suponían.

EL ATLETI GANÓ EN SU 86 CUMPLEAÑOS
El día de su 86 cumpleaños, el pasado 16 de febrero, el Atleti jugaba en Roma ante la Lazio. Antes habían visitado al Papa, lo cual para mi abuelito era un detalle importante, ya que siempre ha sido religioso.
“Ya verás cómo ganan por mi cumpleaños”, me decía. “Seguro que remontan”, me dijo después, cuando los laziales se adelantaron con gol de Klose. Y con cada uno de los tres goles rojiblancos, me daba la mano y me comentaba: “Ves, ya te lo dije yo”.
Así era mi abuelito, y si no tenía razón, se lo inventaba. Como el día del Sporting. “Hoy ganamos seguro”, vaticinaba.
Y cuando el partido terminó en empate, me dijo: “Bueno, yo te dije que ganábamos. Y un punto hemos ganado”, me soltaba con esa sonrisa picarona que siempre esbozaba cuando hacía alguna broma.

FAN DE MIS CRÓNICAS
Fan devoto de mis crónicas del Atleti, que siempre le leía cuando iba a visitarle a casa de mis tíos, o en estos últimos meses, que ha pasado en casa con nosotros.
Nunca entendió demasiado bien de qué iba eso de Internet, y se maravillaba cuando algún día le decía que había tenido más de 300 visitas.
Orgulloso cuando después de algún post le leía los comentarios en los que había algún elogio. “Claro que sí hijo, tienes un estilo de escritura que gusta”.
Contrariado porque los Gil no se marcharan y sólo buscaran hacer negocio: “Si es que llevan ya muchos años y sólo se dedican a vender a los buenos”.
Siempre me recordaba un año, tengo que comprobar qué temporada fue, en el que el Atlético de Madrid lo ganaba todo fuera de casa, pero luego perdía en el Manzanares. “Así es el Atleti”, me decía. Y no le faltaba razón.

“EL FÚTBOL NO NOS DA DE COMER”
También me recordaba en repetidas ocasiones un compañero que tenía en el Ejército, Pepe el carpintero, que se iba a la cama sin cenar cuando el Atleti perdía. “Era demasiado fanático”, me aseguraba.
Y es que mi abuelito siempre me dejó claro que “el fútbol no nos da de comer”.
El día que el Real Madrid quedó 1-1 en Moscú, minutos antes de que los rusos empataran me dijo: “Verás como ahora el Madrid pega un último apretón y marca el 0-2”.
Instantes después, el CSKA marcaba el empate. Mi abuelito se quedó con un gesto un poco serio y cuando acabó el partido le pregunté: “Vaya, ¿te has quedado fastidiado por el empate?”.
A lo que me contestó: “Me vas a poner la cena igual, ¿no? Pues ya está”.
El fútbol desde luego tiene poca importancia ante las cosas importantes de la vida.
Del Almería, porque fue donde nació, tuve la suerte de poder narrar algún partido de los almerienses cuando estaba en Marca TV. Y nunca olvidaré su amplia sonrisa cuando le ponía las grabaciones y me escuchaba cantar algún gol. “Ahora ha marcado el Almería”, me informaba entre risas. “Ya lo sé, abuelito, ya lo sé”.

ROMPIÓ SU CARNET DEL SEVILLA
De joven fue socio del Sevilla. Por su trabajo estuvo destinado en muchas ciudades: Sevilla, Melilla, Barcelona, Madrid...
Y me contó cómo un año rompió el carnet de los hispalenses, ya que en las últimas jornadas, el Sevilla “se dejó perder” en un partido contra el Madrid porque ya le habían traspasado para la temporada siguiente a algunas de sus estrellas, y los merengues se estaban jugando la Liga.
“No metían la pierna y se notaba. Fue una vergüenza”, censuraba.
Siempre me imaginé a mi abuelito de joven rompiendo su carnet en las gradas del Sánchez Pizjuan.
Desde entonces, nunca más pagó por ver un partido de fútbol. Aunque siempre lo siguió. Y fue de los primeros en llamarme a casa para felicitarme el 25 de mayo de 1996. El día que el Atlético de Madrid ganó la única Liga que yo he vivido.
Siempre me recordó también cómo el entonces alcalde, Álvarez del Manzano, se mostraba reticente a botar junto a Jesús Gil en las carrozas que aquellos días recorrieron Madrid y que pasaron frente a su casa, en Atocha. Gil le decía que botara, que botara, pero Manzano no quería”, rememoraba como si lo estuviera viendo en ese momento.

ME HABRÍA PREGUNTADO POR EL PARTIDO
Si mi abuelito hoy estuviera aquí me habría preguntado:
-¿Y cómo jugó, jugó bien?
-Sí abuelito, sobre todo la primera parte. Luego en la segunda se relajaron y bajaron el ritmo.
-Bueno, pero es un buen resultado, seguro que pasan.
-Seguro que sí abuelito. Los turcos éstos son flojillos.
-¿Y cómo estaba el campo? ¿Había mucha gente?
-La verdad es que para ser las siete de la tarde sí estaba bastante lleno.
-Claro, la afición del Atleti siempre responde. Además marcó Adrián, el que se llama como el amigo de tu hermano. Ese chico parece muy bueno.
-Sí, y además es joven. Encima el gol de los turcos lo marcó Simao, el único bueno que tienen porque se lo regalamos nosotros.
-Si es que esos marranos venden a los mejores...

No me habría preguntado por Salvio, porque ni sabe quién es ni falta que hace. Pero se habría alegrado de que pasáramos de ronda y de que llegáramos lo más lejos posible. Y le hubiera gustado darme la mano y la enhorabuena si llegásemos a Bucarest y ganásemos la final, como sí pudo hacer hace dos años cuando volví de Hamburgo.

-“Estarás contento, rey" (que es como nos llamaba a todos los de la familia).
-“Claro que sí, abuelito. Ha sido una gran experiencia poderlo vivir in situ”.

Y LE HUBIERA GUSTADO VER CORRER A CONTADOR
Sobre todo le hubiera gustado ver a Alberto Contador volver a coger la bicicleta y ganar la Vuelta a España. “Quiero que siempre que Alberto gane, escribirle una carta para felicitarle”, me decía.
“Yo sé que es inocente. Sólo por su forma de estrecharme la mano, y por cómo me habló, se ve que es una persona íntegra, moral, que nunca se habría dopado”.
Desde que le presenté a Contador, tras el Tour de 2010, siempre que he vuelto a cubrir algún acto o rueda de prensa del pinteño, algún familiar o amigo de Alberto me ha preguntado por mi abuelo, que cómo seguía, que qué tal estaba.
“Ahí sigue, con sus achaques. Hoy me ha dicho que quería venir. Pero era mucho follón. Ya le daré recuerdos de su parte”, les contestaba.

Este martes se ha ido mi abuelito Emilio, el mejor seguidor de mi blog. Amante del deporte, de la palabra, de la poesía, de la radio a la que ha estado pegado estos últimos años por su ceguera, pero, sobre todo, amante de su familia. No ha dejado de enseñarme algo hasta el último día de su vida. Gracias por tenderme tu mano durante todos estos años. Hasta siempre abuelito.

martes, 27 de julio de 2010

El día que mi abuelo conoció a Alberto Contador

Es éste un blog en el que en pocas ocasiones se habla de algo que no sea el Atlético de Madrid, y en prácticamente nulas de un tema que no sea el fútbol. Pero en esta ocasión voy a hacer una excepción por Alberto Contador, primero, y, principalmente, por mi abuelo.
SU AMOR POR EL CICLISMO
Mi abuelo Emilio, del que ya he hablado en alguna ocasión, tiene 84 años. Actualmente se encuentra viviendo con nosotros, ya que durante los meses de verano alterna su estancia en casa de los cuatro hijos que no lo acogen a lo largo del año, que pasa con una de mis tías.
Desde muy joven le apasionó la bicicleta, consiguiendo ganar un par de Vueltas a Almería con veintipocos años. Pero hizo carrera en el Ejército, donde llegó a ser Coronel, y desde allí le cortaron sus sueños subido a un sillín. “¿Tú quieres ser ciclista o militar?”, le interrogaron retóricamente.

PEGADO AL TOUR
Desde entonces, su amor al ciclismo lo mantuvo a través del televisor. Bahamontes, Perico, Indurain...
Todavía recuerdo con nitidez las tardes de verano en Adra, Almería, pegado al televisor, prescindiendo de la siesta, para no perder detalle del Tour de Francia.
Cada año, un poco más pegado a la pantalla. Cada año, un poco más ciego, perdiendo una visión que nunca estuvo totalmente sana, por una granada que le impactó cerca de uno de sus ojos en la Guerra Civil, cuando sólo era un niño.
En 2007, un jovencísimo Alberto Contador, de sólo 24 años, ganaba su primer Tour de Francia. Un año después, el Giro y la Vuelta. Y en 2009, nuevamente el Tour.
Mi abuelo seguía con entusiasmo las hazañas de este nuevo corredor de Pinto. Ahora, por la radio, ya que ya no distingue nada por mucho que se acerque al televisor.

El año pasado, tuve la suerte de poder seguir las celebraciones de Pinto y el recibimiento a su héroe para Agencia EFE. Este año, he podido repetir. Y conforme el triunfo de Contador se iba materializando, un pensamiento rondaba mi cabeza: conseguir que mi abuelo pudiera conocer al campeón del Tour.
SU HERMANA ME DIO EL PASE
Y a ello me puse. El año pasado, las medidas de seguridad fueron fuertes. Pese a ello, se colaron muchas “hermanas” de Contador (sólo tiene una). Así que el encargado de protocolo del Ayuntamiento de Pinto me dijo que era imposible conseguir un pase, pese a la insistencia de la jefa de prensa.
Así que busqué conseguirlo a través del medio al que nadie les negaría la entrada: la propia familia de Alberto. Su hermana, Alicia, y su madre, Paqui, no pusieron ningún reparo desde el primer momento en el que les transmití la ilusión de mi abuelo por conocer a su hijo y hermano. Y Alicia me dio uno de sus pases destinados a “Familia y amigos” para que mi abuelo pudiera entrar al catering previsto para después de los actos.

EL "TOUR" A PINTO
Y así emprendimos la aventura. Junto a mi madre, que se quedó con mi abuelo los instantes previos a la llegada de Contador, pese a que ella no pudo acceder al Consistorio.
A las ocho menos cuarto entré con él por la puerta del Ayuntamiento, después de que el speaker anunciara que a Alberto le quedaban poco más de quince minutos para llegar.
Y allí le vimos aparecer. Subir entre aplausos y enunciar su discurso en el balcón, ante los más de tres mil paisanos que le aclamaban.
Después, tras una pequeña rueda de prensa, tuvo que atender en directo a Telecinco y a Telemadrid. Lo cual, hasta que lo supimos, me hizo temer que pudiera “escapársenos” como acostumbra en los más empinados puertos.
Mientras tanto, hablamos con Fran, hermano y mano derecha de Contador, que le transmitió a mi abuelo que harían lo posible por que se acercara a saludarle.

EL SALUDO
Y tras hora y media de espera, llegó Alberto, rodeado por una nube de amigos, conocidos y conocidos de conocidos, que le pedían una foto, un autógrafo, o simplemente estrechar su mano.
Parándose a cada momento, teniendo para todos ellos una sonrisa y unas palabras amables.
Cuando llegó hacia nuestra zona, cogí a Alberto por el brazo y le dije que si tenía un minuto. “Un momento, que voy a saludar a...”, me dijo, y se puso a repartir más besos.
Entonces, miré a uno de sus amigos, Ruben, que se había ofrecido a tirarnos una foto, y me dijo: “Cógele ahora, que si no se te va a ir”.
Y al mirar a mi izquierda, mi abuelo ya estaba poniéndose de pie, alertado por uno de los concejales, que ya le había avisado de la presencia del ciclista.
Así que volví a coger a Alberto, y le dije que si por favor podía saludar a mi abuelo, que había sido ciclista y quería conocerle.
Entonces se fue hacia él, y con la cara de simpatía que veis en la foto de arriba (que tiré como pude con mi móvil) atendió las palabras de mi abuelo.
“Yo soy del gremio -le dijo- y sé algo del sufrimiento de la bicicleta y del mérito que supone conseguir tres Tours”.
Tras las fotos, y después de firmarle una gorra conmemorativa, mi abuelo se despidió diciéndole “ha sido un orgullo conocerte”. “El orgullo es mío”, le respondió él. Después, se perdió entre la marabunta, firmando otras muchas gorras que surgieron de la nada cuando cogió la de mi abuelo.
VALIÓ LA PENA
Antes de irnos, todavía le presenté a la hermana de Contador, a la que dimos las gracias por todo. “Sois una bendición de familia, os lo merecéis todo”, le dijo mi abuelo, todavía nervioso.
Y así, sensiblemente emocionado y orgulloso de la “gesta”, nos marchamos del Ayuntamiento.
Cuando mi madre le preguntó qué le había dicho Contador, mi abuelo nos sorprendió con un “no me acuerdo”. En cualquier caso, sé que nunca olvidará este día que, puedo decir sin miedo a equivocarme, ha supuesto mi mejor gestión desde que soy periodista.
“Qué musculoso estaba, no tenía un gramo de grasa”. “A ver abuelito, cómo va a correr tanto si no...”, comentábamos mientras volvíamos a casa.

Gracias a Alberto y a su familia, y a todos los que hicieron posible este momento.

Y como le dije a Alicia, su hermana, “nos vemos el año que viene con el cuarto”. Desde ayer, Contador tiene un fan incondicional más.