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lunes, 26 de mayo de 2014

El día en que lloré porque el Atleti era campeón de Europa

“Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida”.

Lo que acaban de leer es un fragmento de la “Elegía a Ramón Sijé”, del gran Miguel Hernández, que escribió en 1936 tras la muerte de su compañero y amigo.
Les aseguro que fue lo que sentí en el minuto 93 de la Final de Champions cuando Sergio Ramos nos asestó ese manotazo duro, ese golpe helado, ese hachazo homicida que nos volvía a dejar sin Copa de Europa, 40 años después, exactamente igual que entonces. Con un empujón brutal que nos arrebataba el trofeo de las manos cuando ya lo estábamos tocando. No se me ocurre muerte más cruel, y fue parte de este poema lo que se me vino a la cabeza cuando aún lamentaba la derrota sin dar crédito a lo sucedido.

UNA CRÓNICA DOLOROSA
Vaya por delante, aunque ya seguro que se habrán percatado, que no va a ser ésta una crónica optimista ni animosa, que ensalce la histórica temporada protagonizada por el Atlético de Madrid y les emplace a consolarse con que pronto nos veremos en otra parecida. Lo primero es cierto y lo segundo posible, pero no hablaré de aquello ahora.
Lo que van a leer aquí es una crónica escrita por el corazón, desde la ilusión de los momentos previos, tras ocho horas de autobús hasta Lisboa y todo un día de paseos por la capital portuguesa, la praça do Comércio, el río Tajo, su añejo tranvía o el elevador de Santa Justa; pasando por la emoción del partido, la felicidad infinita de vernos campeones de Champions por primera vez en nuestra historia, y hasta acabar cayendo al abismo más insondable.
Les va a doler, como a mí me dolió, y no será una de mis crónicas al uso, contando al detalle cada lance del encuentro (algo que suelo repasar antes de ponerme a escribir), porque éste no fue un partido al uso, ni por su entidad ni por su desenlace. Será una crónica desde las entrañas, desde los sentimientos a flor de piel que experimenté en la fila L (12) del sector 21 del estadio Da Luz, a apenas unos metros de Gabi cuando la ponía de corner... de Juanfran cuando sacaba de banda... o de Adrián cuando calentaba, aparte con Óscar Pitillas, pero al ritmo de los titulares, antes de que diese comienzo el choque...

COMPAÑEROS DE AVENTURA
Mis compañeros de aventura fueron Santi Riesco, con el que hubo brindis de la victoria (como en las Finales de Bucarest y del Bernabéu), pero no hubo título... (Quizá por no colgarlo en la previa en Facebook... a uno se le pasan por la cabeza tantas cosas que quizá debió hacer y no hizo...); y Rubén, un chico al que conocí compartiendo avión en la Final de Hamburgo (viajé solo) y desde entonces se ha convertido en mi amigo, hasta el punto de haberle “elegido” como compañero de viaje para esta Final. “¿Quién nos iba a decir cuando nos conocimos en ese avión, que cuatro años después íbamos a ir juntos a ver al Atleti en una Final de Champions?”, me preguntaba en el viaje de ida.
ENCUENTROS POSITIVOS
Entre las cosas que debía hacer estaba Sergio Medina, con el que quedé en Hamburgo y al que vi por casualidad antes de la Final del Bernabéu. En ambos ganamos, y había que repetir. La falta de cobertura en Lisboa hizo imposible nuestro encuentro en la fan zone, pero una vez dentro del estadio, nos encontramos dentro... compartíamos el mismo sector. “¡Ya ganamos fijo!”, le gritaba mientras nos abrazábamos...
También me encontré a Javi Checa, sentado sólo unas filas más atrás. Ex compañero en la SER y uno de los ideólogos de mi regalo de despedida cuando salí de allí: una camiseta del Atleti que desde entonces (2009) ha vivido conmigo infinidad de títulos.
Todo parecían buenos presagios. Hasta el estadio era rojiblanco... y el partido comenzó.

NO HUBO INICIO ARROLLADOR
La primera mala noticia llegó pronto. A los nueve minutos Diego Costa debe retirarse del campo y el calentamiento de Adrián, antesala de la noticia, confirma lo que todos ya parecían saber de antemano. Esta vez no hizo falta ni un sprint para romperse. No entenderé esta decisión que nos privó de un cambio en un partido de 120 minutos...
La buena noticia era que, lejos de la opinión de Santi y Rubén, que presagiaban un inicio arrollador del Madrid, el partido transcurría sin sobresaltos en las áreas. Yo ya les había avisado de que no esperaba un Madrid muy arriba, ya que en una Final de esta enjundia se calculan los riesgos, y más en los primeros compases.
La primera ocasión no llegó hasta la media hora, propiciada por un grave error en la entrega de Tiago (lo siento por el portugués, que me parece un grande, pero fue de los que más flojeó en esta gran cita) y Bale se coló hasta la cocina, pero disparó fuera. “¡Ganamos, ganamos!”, gritó Santi, envalentonado por el fallo del galés.

¡EL GOL DE GODÍN!
Y debió escucharle Diego Godín, porque sólo tres minutos después, el Atlético de Madrid se adelantó en el marcador. En un corner botado por Gabi, la defensa blanca despejó el balón, Juanfran lo volvió a poner en el área, y Godín se adelantó a todos, aprovechando una salida en falso de Casillas, para poner el 0-1. La jugada fue confusa, y más desde nuestra portería (el fútbol en primera línea, si estás cerca de los fondos, no se puede ver), pero cuando vi al árbitro señalar el medio campo exploté de alegría. Santi, Rubén y yo nos abrazamos con gran fuerza. Choqué las manos con dos niñas sentadas detrás de nosotros, de unos 16 y 12 años, y mientras Santi recordaba que quedaba mucho, pude ver los ojos empañados de Rubén. Lo que estábamos haciendo era muy muy grande...
"Si Pantic se mereció un busto, Godín merece una estatua entera", exclamaba. “Ponedle su nombre al estadio”, iba Santi más allá. Y llegó el descanso.

BUEN INICIO DEL SEGUNDO TIEMPO
En el comienzo de la segunda parte el Atleti tenía la situación controlada. Comandados por un Gabi mayestático, al que me hinché a gritar, convencido de que podía escucharme, lo grande que era y cómo parecía que llevara toda la vida jugando finales de Champions.
Organizó al equipo con templanza, sabiendo poner calma a los momentos complicados. Hizo coberturas por derecha e izquierda. Apareció en ayudas lo mismo robando la bola a Di María que a Bale. E incluso se permitió el lujo de alguna internada por banda que terminó en peligrosos centros.
Hasta cinco corners casi consecutivos sacó el Atleti entre el minuto 60 y el 65, acabando el más peligroso de todos ellos en una volea de Adrián (tras ganar el enésimo balón aéreo Godín) que Khedira desvió de nuevo a corner por poco.
Grabé varios de esos corners, confiado en que el segundo podía llegar en cualquiera de ellos. Pero no fue así. Y comenzó el asedio blanco.

EL MADRID SE HACE CON EL MANDO
Entonces aún no lo sabíamos, pero los mejores minutos del Atleti habían pasado. Adrián no volvió a desbordar por la izquierda; Koke no pudo poner más balones al área; y Raúl García no pudo probar más el disparo. De hecho, el navarro fue sustituido por Sosa en lo que considero otro error. El argentino nunca entró en el ritmo del partido y se vio desbordado por su banda.
El Madrid empezó a volcar el campo y el Atleti, cómodo en el papel de guardar una ventaja, fue aculándose cada vez más conforme la ansiada meta estaba más y más cerca.
Y LLEGA EL "SÍ SE PUEDE"...
Y desde el fondo sur del estadio llegó un cántico que a los atléticos nos hizo sonreír de incredulidad: “Si se puede, sí se puede”. ¿Sí se puede? La afición del equipo más poderoso del mundo, el más multimillonario, el de las nueve Copas de Europa, ¿de verdad estaba cantando el sí se puede ante un equipo al que casi quintuplica en presupuesto y que luchaba por conseguir la mayor gesta de su historia?
¿De verdad hacía suyo un lema que ahora en política ondea un partido creado hace meses, Podemos...?
Un centro de Ramos, el hombre que levantó al Madrid, fue peinado por Cristiano y no llegó Benzema (ambos desaparecidos); una cabalgada de Bale terminó con otra mala definición del galés; y tras un gran control de Isco, Godín, enorme, se cruzó providencial.
Desde el minuto 75, un chico vio de pie el último cuarto de hora con lágrimas en los ojos. “Está ganado, está ganado”, exclamaron varios. Y Luis Aragonés volvió a estar presente en múltiples cánticos. Pensando en él, cuando llegó el minuto 89 lo vi claro. Éramos campeones de Europa. La historia no podía volver a castigarnos de forma tan cruel como entonces. El Madrid lo había intentado, pero lo que no había logrado en 90 minutos, no iba a hacerlo en el descuento.
Entonces, sin quererlo, las lágrimas que contuve tras ganar la Liga, aparecieron en mis ojos. “¡Cinco minutos de descuento!”, maldijo la gente. Y una pareja delante de mí se sorprendió al verme llorando. Entonces, me di cuenta de que aún no era tiempo de emocionarse, enjugué mis lágrimas, y me dispuse a presenciar los 300 segundos que nos separaban de levantar nuestra primera Copa de Europa. Y los grabé.

LOS MINUTOS DE PROLONGACIÓN, INMORTALIZADOS
Encendí mi grabadora para inmortalizar esos últimos segundos y lo que esperaba que fueran los gritos de mayor euforia y alegría sobrevenida de todas nuestras vidas.
Cantamos “Jugadores jugadores, hemos venido a ganar, que se enteren los vikingos, quien manda en la capital” y el “Jugando, ganando, peleas como el mejor”... Y vi a Casillas sacar de banda desde el medio campo. Y grité un par de veces “¡fuera!”, “¡fuera!”. Y sé que no fue un sueño, porque para inmortalizarlo dije: “Minuto 92 de la Final de la Champions, Real Madrid 0, Atlético de Madrid 1...”.
Y entonces conté que había un corner para el Real Madrid. Y los miles de atléticos que atestaban el fondo norte del estadio Da Luz contuvieron la respiración. “Joder, otro corner, me cago en tu puta vieja”, maldije al borde de un ataque. Y después de ese corner, Sergio Ramos se adelantó a todos y puso un cabezazo inalcanzable para Courtois (1-1). Y el grito ahogado de un muerto resucitando se propagó del fondo sur hasta llegar al fondo norte, como un tsunami que todo lo inunda, arrasando y dejando sin vida allá por donde pasaba... y mi grabadora se apagó...

¿Y EL ESPÍRITU DE LUIS ARAGONÉS?
Intenté convencer a propios y extraños de que sería en la prórroga; de que se daría el 1-2, como yo había pronosticado; de que el Atleti podía... pero no engañé a nadie.
En los propios cánticos se demostraba que la tendencia se había volteado, y aunque Gabi intentó espolearnos desde el césped, las fuerzas de los rojiblancos, en lo moral y en lo físico, murieron en ese minuto 93.
Tras meses invocando el espítitu de Luis Aragonés, presente incluso en el cuello de la camiseta, recordando ese pesar con el que se fue a la tumba (“Debí ir yo a aguantar ese último corner en vez de Gárate. Él era demasiado buena gente”, se reprochaba después), al Atleti le volvió a pasar. La historia no le devolvió esa Copa de Europa que Schwarzenbeck le quitó de las manos en el minuto 120; sino que le volvió a quitar otra... en el 93... contra el Real Madrid...

EN LA PRÓRROGA YA ESTABA MUERTO
Aún nos hizo soñar un nuevo cabezazo de Godín que atajó Casillas; pero Juanfran quedaba cojo en un choque y ya no había quién pudiera sustituirle (Alderweireld entró por Filipe lesionado antes de la prórroga). Y fue decisivo.
En el minuto 110, Ángel Di María (MVP del partido y pletórico de fuerzas), dejó atrás a un Tiago extenuado, recortó a Juanfran y el alicantino se estiró... pero ya no podía... Piso área y se topó con Courtois... pero Bale cabeceó el rechace a la red (2-1).
El Atleti había estado corriendo incluso después de muerto, pero ese tanto certificó su defunción. El final fue esperpéntico. Como en un patio de colegio, después de un ataque siete futbolistas del Atleti se quedaron en el área blanca, sin bajar (incluidos Miranda y Godín) mientras el Madrid contragolpeaba. Así pasó dos veces, y a la segunda, Marcelo se animó a colarse por el centro y sin centrales, y ante un pasillo de rojiblancos que ya no podían con sus botas, puso el 3-1.
Y el chupón de la clase se pidió tirar un penalti. Y tras no haber hecho nada en 120 minutos, y marcar un gol intrascendente, de penalti (4-1), ante un rival hundido por el desenlace más cruel, se quitó la camiseta y enseñó a toda Europa su cerebro, gritando a pulmón abierto su 17º tanto, cuando estuvo “muy cansado” para celebrar el decisivo 2-1 de Bale.
Y Rubén quiso irse, negándose a ver como el Madrid levantaba otra Champions. Y las dos niñas de detrás de nosotros hacía tiempo que se marcharon, ambas llorando. La mayor, con el empate, la segunda, con el 2-1, ante la impotencia de unos padres que intentaban enseñarlas que no hay que llorar por el fútbol.
Y cantamos un “Campeones, campeones” que me supo muy amargo. Porque ha sido un gran año, sí, pero pudo ser el mejor del mundo. 

UNA PELÍCULA YA MUY VISTA
Y estoy cansado de los que ganan siempre; y del papel del perdedor carismático, del atractivo desdichado, del ganador moral; de los anuncios del “papá ¿por qué somos del Atleti?” y de la leyenda del pupas. Porque como dijo Juamna Trueba, en la película del Real Madrid, Humphrey Bogart se casa con Ingrid Bergman y tienen cinco hijos. Pero este año, era la película del Atlético de Madrid. “La hora de los valientes”; “Y como no sabían que era imposible, lo hicieron...”; “Hombres de honor”...
Pero no. Por un lado, el final fue la clásica americanada con once héroes conquistando el mundo y Florentino Pérez y José María Aznar abrazándose en la grada, que ya hemos visto diez veces; y por el otro, el clásico dramón en el que el protagonista muere entre la lagrimada general, bajo la promesa de una revancha futura que se apunta en el debe del destino. Pero, aunque yo no la vi, ésa la echaron hace 40 años y a mí ya me la habían contado. Que me devuelvan el dinero, porque no sé si tendré fuerzas, ni ánimo, ni tiempo... para ver la trilogía...
Sólo me anima que el libro en el que Miguel Hernández incluyó el poema inicial fue “El rayo que no cesa”. Esperemos que el resplandor de este equipo sólo sea “el comienzo de una bonita amistad” que nos lleve cuanto antes a cobrarnos lo que nos deben.

jueves, 1 de mayo de 2014

Abrazo a abrazo

Han pasado ya muchas horas desde que eliminamos al Chelsea y son decenas las ideas que fluyen por mi cabeza sobre cómo titular esta histórica crónica y por dónde orientar el comienzo de mi relato.

LA BATALLA DE STAMFORD BRIDGE
Cruza por mi mente la conversación que tuve ayer con mi primo Diego (que me acompañará en el partido de Liga ante el Málaga en el Calderón, Dios quiera, cantando el alirón), en la que me preguntaba si sabía que Stamford Bridge fue una batalla librada en la localidad homónima de Yorkshire (no confundir con el perro), al norte de Inglaterra, entre un ejército invasor de noruegos y escoceses contra las tropas locales anglosajonas. En aquella contienda, el líder invasor, Harald Hardrade, espoleó a sus huestes diciendo:
En la batalla nunca debemos 
escondernos detrás de los escudos...
Mi armadura me dice: alza la cabeza,
donde la espada encuentra al cráneo. 

Y fue precisamente al salir las mesnadas rojiblancas de detrás de sus escudos, tras recibir la primera lanzada de Fernando Torres (no podía ser otro...), cuando encontraron el cráneo de su rival inglés y lo machacaron. Hasta por tres veces.

UNA FINAL MADRID-ATLETI
Tampoco paro de pensar (tras comprobar con desolación cómo la defensa del todopoderoso Bayern de Munich hizo aguas por dos veces en menos de 20 minutos. ¿Desde cuándo Guardiola “defiende” en zona...?) en que no era ésta la final que estaba convencido de que el destino nos tenía preparada, como venganza al Bayern en el 40 aniversario de aquella y como homenaje al recientemente fallecido Luis Aragonés.
Como dicen muchos, pesa el miedo a las consecuencias de una caída ante el eterno rival. Ahora, denle la vuelta... ¿Se les ocurre sueño mejor para un atlético que ganar su primera Liga de Campeones... ante el mismísimo Real Madrid? ¿Orgásmico, no? Múltiple, diría yo.

LOS ABRAZOS DEL CHOLO
Pero todavía queda casi un mes para ese 24 de mayo en el que el Atlético de Madrid disputará en Lisboa la Final de la Champions (como dice Iñako Diaz-Guerra, lean la frase y no se cansen), con lo que, agarrado a la filosofía que nos ha llevado hasta aquí, la del Cholo Simeone, voy a ir partido a partido. En este caso, abrazo a abrazo.
Han sido muchos los abrazos que esta temporada nos hemos podido dar los atléticos. Más de cien goles a celebrar (75 en Liga; 25 en Champions; y 12 en Copa), muchos de ellos vividos tan intensamente que hasta dejé sin respiración a mi padre, como contra el Madrid, le hice daño, como contra el Granada, o ya directamente puso “cuerpo a tierra”, como contra el Barça.
Y muchos los que se han repartido los propios jugadores (especialmente sintomático el que le dio ayer Diego Costa al Cholo tras marcar el 1-2). Pero hoy quiero destacar el “abrazo a abrazo” que anoche dio Diego Pablo Simeone, uno por uno, a todos sus jugadores cuando abandonaban el césped de Stamford Bridge tras celebrar con los 3.000 afortunados que viajaron a Londres el pase a la gran Final.
Si no han tenido la oportunidad de verlo, les recomiendo que pinchen este vídeo en el que Simeone abraza uno por uno a sus futbolistas: Courtois, Miranda, Filipe, Mario, Juanfran, Arda, Godín, Villa, Koke, Tiago, Diego Costa... No le falta ni uno. Y si alguno quiere “escaparse”, incluso lo agarra.
Esa sintonía, ese hermanamiento, esos lazos que ha logrado establecer el Cholo con sus jugadores, y la unión y el compañerismo que refleja la foto que colgó después Juanfran de la celebración en el vestuario, son la clave de este Atlético de Madrid al que le define una palabra sobre el resto: Equipo. Con mayúsculas. Como ya han destacado tantos y tantos hombres de fútbol (ayer Mourinho, sin ir más lejos).

NO ME GUSTÓ EL INICIO
Y eso que no me gustó el planteamiento inicial de los nuestros. Bien es cierto que a los cuatro minutos les dimos un buen susto con un centro-chut de Koke que repelió el larguero de Schwarzer (por cierto, se han percatado del parecido con el apellido de nuestro verdugo en la Final de hace 40 años: Schwarzenbeck), pero fue una jugada aislada entre lo que se convirtió en un gran dominio del Chelsea (llegó a ser de 68-32). “Pero no crean peligro”, me replicó mi padre. Pero excepto en un Real Madrid-Bayern, el equipo que tiene el balón es el que suele tener más posibilidades de hacer gol. Y el Atleti ya demostró en la ida potencial suficiente como para someter al Chelsea. Y no estaba siendo así.
El control blue derivó en una peligrosísima falta de Koke a Ramires en la frontal del área que me hizo temer por su tarjeta (finalmente llegamos sin sancionados a la Final); una espectacular chilena de David Luiz que lamió el palo (su jugador más peligroso); y el 1-0.
El brasileño William se la lió de forma inexplicable a Godín y a Filipe y se coló entre ambos junto al corner, Azpilicueta se la puso a Fernando Torres, y su derechazo tocó lo justo en Mario Suárez para evitar que llegase Courtois. El Niño, manos arriba, se disculpó. Y hubiera sido una gran condena que él nos hubiera privado de tamaña gesta. Por suerte, no fue así.

ADRIÁN DEVOLVIÓ LA CONFIANZA
Los rojiblancos dejaron atrás sus escudos, y dieron un firme e inmediato paso al frente, comandados por un inmenso Tiago Mendes que lució con honor ese brazalete de capitán que comenzó a ganarse con sus lágrimas de hace cuatro años en la final de Copa en el Camp Nou.
Fue Tiago el que puso un balón largo que aparentemente se perdía por línea de fondo. Pero allí apareció el rayo Juanfran, más rayo que nunca, para poner un balón al segundo palo y Adrián, la gran sorpresa de la alineación de la noche, la pegó con el alma (algunos dicen que con la espinilla) y la alojó en las mallas (1-1).
Cuando supe de la titularidad del asturiano le dije a mi padre: “Que con la temporada que lleva Simeone le haya puesto de titular en los cuartos con el Barça y hoy sería para que pagara esa confianza con un gol”. Y así lo hizo el chico. Mi salto para celebrarlo, puesto en pie en un bar rodeado de madridistas (es lo que toca...) estuvo a la altura de aquella celebración del gol de Forlán en Anfield que nos daba el pase a la Final de la UEFA, hace cuatro años, con la que incluso me hice daño en el hombro.


¿EL PENALTI MÁS LARGO DEL MUNDO?
El tanto llegó en el minuto 44, y en la segunda parte salió un Atlético con la lección aprendida, que hizo todo lo que debía hacer para sacar billete “road to Lisbon”.
El dominio ahora era rojiblanco, y un zurdazo a bocajarro de Arda, repelido por Schwarzer, fue el preludio de lo que estaba por llegar. Courtois puso su granito de arena con un tremendo paradón abajo a cabezazo de Terry. En la jugada siguiente, el partido se decidiría.
Samuel Etoo, viejo conocido que llevaba cinco minutos en el campo, llega tarde a un balón controlado por Diego Costa en el área y le derriba. Penalti.
La mecánica celebración de la pena máxima da paso al miedo... ¿Y si lo falla? Cinco goles de nueve penaltis era un bagaje como para dudar de Diego Costa. Villa (uno de dos) estaba en el banquillo; al igual que Raúl García (al que pidió que lo tirara Simeone contra el Elche). Y Gabi, otro candidato, en la grada.
Así que no podía ser otro. Diego Costa se pelea con un punto de penalti que estaba indiscutiblemente hundido (y eso te puede hacer fallarlo). Lo mueve a un lado, a otro, patea la hierba, hasta el punto de exasperar a un árbitro que le saca amarilla. Terry increpa al hispano-brasileño (¿de verdad alguien puede creer que se puede perder tiempo para tirar un penalti?) y se enzarzan a empujones. Nervios, tensión, refriega... En el penalti más decisivo del año... “Lo falla”... Estoy convencido de que lo pensamos ocho de cada diez atléticos... Pero lo metió. Zambombazo de Diego Costa arriba y a la derecha de Schwarzer (1-2). Quizá el mejor penalti del año. Lisboa estaba muy cerca.

ARDA APUNTILLA
Cinco minutos después, David Luiz pudo cambiar el devenir de la recta final con un testarazo que encontró el poste. Pero era la noche del Atleti. Es el año del Atleti. 2014, recuerden... el año del Cholo.
Así que Tiago volvió a abrirla, el rayo Juanfran volvió a aparecer luminoso, y Arda Turan cabeceó al larguero, para recoger su propio rechace y poner el 1-3 a placer. Tres goles en Liga; cuatro en Champions. Lo dicho, hay jugadores tocados con una varita para estas grandes citas.

NOS VEMOS EN LISBOA
De ahí al final no sé muy bien lo que pasó, porque yo ya estaba con la cabeza puesta en el viaje a Lisboa. Ni me enteré de que quitaron a Diego Costa... Sime-one se pegó una carrerita en su propia banda emulando al otrora conocido como “special one”; en la sala de prensa adelantó el regalo del día de la madre "agradeciendo a las mamás de estos jugadores que tenemos en el Atlético de Madrid, porque les hicieron nacer con unos huevos así de grandes”; y repartió abrazos. Muchos abrazos. ¿Lo mejor de todo? Que los abrazos más fuertes aún están por llegar. Ah, y por cierto, la citada batalla de Stamford Bridge... la perdieron los vikingos. El que quiera entender, que entienda. Nos vemos en Lisboa.

jueves, 10 de abril de 2014

Y como no sabían que era imposible, lo hicieron...

Había leído la frase en algún lugar y anoche vino a mi cabeza cuando el Vicente Calderón explotó de júbilo para celebrar el pase a las semifinales de la Champions (40 años después) eliminando al todopoderoso Barça. Un Barça que había llegado a su cita con las semifinales de la Copa de Europa de forma puntual durante los últimos seis años, sin fallar uno solo. En dos, la ganó (2009 y 2011, al Manchester en ambos casos), y en cuatro fue derrotado por, ojo al dato, el equipo que luego resultaría campeón: el Manchester de Cristiano en 2008; el Inter de Mourinho en 2010; el Chelsea de Torres en 2012; y el Bayern de Ribery en 2013.
Pese a que los analistas hablaban de que el Atleti-Barça era la eliminatoria más igualada de los cuartos de Champions, todo el mundo nos daba como víctimas. Una gran parte de los atléticos (entre los que me incluyo) firmábamos llegar vivos del Camp Nou. Y bien vivos que regresamos, con un meritorio 1-1.
Para la vuelta, quien más quien menos se agarraba al 0-0 para pasar la ronda.
-Es imposible dejar sin marcar al Barça.
-Ya hemos quedado 0-0 dos veces este año (replicaba yo).
-Ya, pero el Barcelona no estaba tan necesitado como en este partido.
-El Barça no va a estar cinco partidos contra un mismo rival sin que le salga “su partido”...
-Messi no va a pasarse cinco partidos sin marcar al Atleti...
-En la ida, si no es por Courtois, habríais perdido...
-Sin Diego Costa no tenéis a nadie para atacar...
-Os van a robar. Veréis cuando os piten un penalti en contra que no sea... (deseaban los madridistas)

EL ATLETI DEL CHOLO HABLA EN EL CAMPO
Éstas son algunas de las frases más repetidas que he escuchado esta semana entre amigos, tertulianos y muchos madridistas de los que no me ha acabado de quedar muy claro si querían nuestro pase o, por el contrario, deseaban que cayéramos a la lona contra los culés, como les ha ocurrido a ellos este año o como les pasó en las semis de Champions de 2011.
Pero como dice el tópico, en el fútbol donde se debe hablar es en el campo, y el Atlético de Madrid del Cholo Simeone habló tanto y tan fuerte, sobre todo en los primeros 20 minutos, que a muchos se les debieron romper los tímpanos.
MI "AMIGA" DEL BARÇA...
#Alas8enelCalderón era el lema de la previa y a las 20:25 estaba ya dentro del estadio con mi padre y con mi amigo Ger, que quiso apuntarse para vivir in situ esta noche histórica. Cual fue mi sorpresa cuando me encuentro sentada justo detrás de mí a una chica con la camiseta del Barça que me resultaba familiar... A mis más viejos seguidores les sonará la crónica “De la amargura al éxtasis en 45 minutos” (les recomiendo que la lean), en la que contaba como una “simpática” chica ataviada con la camiseta del Barça me amargó hasta límites insospechados un Atleti-Barcelona de hace cinco años con comentarios del tipo “sois un equipo de Segunda”; “pero animad al Barça, qué queréis, ¿ir a Cibeles con los vikingos?”; o llamando al Kun Agüero “enano” y “gitano”; además de celebrar con grandilocuencia cada gol blaugrana, lo que todo unido terminó por hacerme estallar y poner en su sitio a tan agradable muchachita. No abrió la boca en la segunda mitad... y el Atleti ganó 4-3 tras una remontada épica.

Por entonces no conocía a su novio (socio atlético desde hacía poco), pero ahora sí. Así que cuando vi a la chica me temí lo peor. El comienzo del partido me confirmó pronto que era ella, al llamar “cerdos” a los jugadores del Atleti cuando hacían una falta, o incluso contestándome en una jugada en la que pedí tarjeta para Cesc por tirarse en el área. “¿Y la anterior qué?”, replicó refiriéndose a una acción en la que fue Adrián el que cayó. Por fortuna, ni de lejos la situación fue la de entonces. Supongo que ella también me recordaba... y el Atleti le calló la boca.

20 MINUTOS APOTEÓSICOS
Al primer minuto de juego, Gabi ya acosaba como un poseso a Busquets en la frontal de su propia área... Era sólo un aviso de lo que se les venía encima.
A los cinco minutos, Raúl García prolonga un balón aéreo (las gano todas por arriba), Adrián gana la espalda a Mascherano y hace temblar el poste con un tremendo trallazo. La jugada continúa, Villa centra desde la izquierda, Adrián la pone de cabeza y Koke marca en el segundo palo (1-0). El estadio llevaba lleno varios minutos, con lo que no se lo perdió nadie. Abrazo con locura a Ger y a mi padre, que se sentó rápido para evitar “palizas” precedentes. La grada es una piña, mientras que mi “amiga” culé se hace pequeña entre tanto rojiblanco en pie.
En el minuto doce, Gabi roba la cartera a Busquets, de nuevo en la frontal, Koke habilita a Villa y su zurdazo también se encuentra la madera.
Y en el 19, otra vez de cabeza Raúl García la pone para Villa, que gana a Bartra adelantándose la bola con la testa y su derechazo en parábola vuelve a toparse con el larguero.
20 minutos, un gol, y tres postes... y el Barça apenas había pasado de medio campo.
Eso sí, quien más quien menos, se maldecía ante tanto palo, porque el que perdona...

El Barça empezó entonces a tocar y tocar, y tanto Ger como mi padre avisaban de que no se podía intentar aguantar una hora con todos defendiendo en el área. “Tranquilos, que el Atleti volverá a salir”. Y así pasaba. Una y otra vez. Una y otra vez. Koke y Filipe corrían más que nadie (increíble su derroche); Tiago robaba cada balón suelto en medio campo; Gabi presionaba cada camiseta negra; Villa ponía la pausa; y Adrián la prisa... y el Barça no encontraba soluciones.

EN EL BARÇA, SÓLO NEYMAR
Mientras Messi la perdía cada vez que la tocaba, rodeado de rojiblancos, sólo Neymar realmente estuvo a la altura. En el primer acto, hizo una espectacular jugada en la que tumbó a Miranda, recortó a Adrián y tiró un precioso caño a Tiago; pero su pase lo remató fuera Messi.
En la segunda parte, recién iniciada, Xavi dejó solo al brasileño, pero Courtois le sacó el mano a mano. En el rechace, el Atleti tapó el posible tiro a Messi, y finalmente Xavi disparó arriba dentro del área chica, ante la oposición de un Cortouis que, desde el suelo, llegó a tocar con el pie...
¿Me he perdido algo?”, me preguntó Ger que tuvo que aguantar una cola “de partido grande” en el baño. “El Barça ha tenido una muy clara”, le contesté. Pero fue la única...
Sólo el propio Neymar rozó el gol a falta de diez minutos en un cabezazo fuera.

LA JUGADA DEL PARTIDO...
Para mí, la jugada que resume la resistencia atlética en la segunda parte fue la siguiente. El Atleti roba el balón en campo propio. Mientras futbolistas como Xavi o Messi ya no bajan, Gabi inicia una carrera imponente, tira una pared con Villa, recorre más de 60 metros y, exhausto, no acierta más que a sacar un disparo cruzado y flojo que Pinto salva con los pies. Se acaban los calificativos para elogiar al capitán colchonero. “Debería ir al Mundial en vez de Xabi Alonso”, asegura Ger. Y no es ninguna tontería...

NO HUBO NERVIOS
El tiempo se acaba y sólo en esos últimos minutos comienzo a notar algún nerviosismo, al verlo tan cerca. “¿Cómo podías estar tan tranquilo?”, me pregunta Ger. “Porque no vi peligrar la eliminatoria. Si el Barça hubiera empatado, aún estaba la prórroga. Y estábamos muy vivos. Sufrí mucho más con el Villarreal o el Granada, donde un empate sí te hacía perder la Liga”...
Y cuando Howard Webb pita (me gustó su arbitraje), el Calderón estalla. Pero nadie, ni uno solo, abandona su butaca. “Cuando entramos al vestuario, miramos la tele y vimos que toda la afición seguía en el campo. Así que decidimos salir a darles las gracias y dar una vuelta de homenaje”, explicaba hoy Koke.
Y las bufandas volaron; y las risas se contagiaban; y se coreó el nombre de alguien que vio el partido desde el tercer anfiteatro, y al que ya le queda menos (en el 40 aniversario) para ver cumplida la venganza de aquella Final de Copa de Europa que él quiso ganar para su Atleti, pero que evitó Schwarzenbeck.

UNA FIESTA DE VERDAD
Escribía Iñako Diaz-Guerra cuando el Atleti eliminó al Milán que la afición se merecía una fiesta de tal calibre en el Calderón, después de que las grandes celebraciones hubieran llegado lejos de casa: UEFA 2010 (Hamburgo); UEFA 2012 (Bucarest); Copa del Rey 2013 (Bernabéu). Lo del día del Milan fue una fiesta de galletitas de las niñas exploradoras en comparación con lo que se vivió anoche. Jamás vi al Calderón tan enardecido. Aunque uno quisiera marcharse, era imposible superar la fiesta que inundaba escaleras y vomitorios de la grada. ¿Y saben lo mejor? Que creo que no será la última...

*La frase “lo consiguieron porque no sabían que era imposible” la pronunció Jean Cocteau (1889-1963), poeta, novelista, dramaturgo, pintor, diseñador, crítico y cineasta frances.

jueves, 3 de abril de 2014

Llegamos a todo

“Llego a todo”. Ésta fue la frase que pronunció Diego Costa ayer al mediodía, al salir de la clínica FREMAP después de que las pruebas por su lesión en los isquiotibiales pronosticasen una baja de entre siete y diez días, cuando fue preguntado sobre si llegará al partido de vuelta contra el Barça (por cierto, durante toda la mañana la información en los medios sobre cuándo sería sometido a estas pruebas fue sencillamente inexistente… Igualito que con otros).

DIEGO COSTA NO DEBIÓ JUGAR
Y es que Diego Costa es el alma de este Atlético de Madrid que, también en Champions y en el mismísimo Camp Nou, demostró que llega a todo.
Eso sí, creo que el que quizá no debió llegar por sus dolencias en la rodilla (y deberían pensarse muy mucho lo de la vuelta con lo que hay en juego) fue el propio Diego Costa.
Tras un inicio arrollador de los rojiblancos (en los cinco primeros minutos Villa ya tuvo dos ocasiones, especialmente la segunda tras un fallo de Pinto, y salió presionando al Barça en su propio campo ¡y teniendo más posesión!) el que desentonaba era Diego Costa.
Que le daban un balón en la frontal: control largo que se pierde por línea de fondo; que se marcha a trompicones en carrera sacando la bola desde atrás: termina dando un pase… a fuera de banda; que debe aguantar el balón de espaldas con el equipo saliendo: la pierde en campo propio ante Xavi y genera la primera ocasión del Barça, en un zurdazo de Iniesta en el que Godín se cruza con todo, providencial, para repelerlo.
Sólo dos minutos después de esta acción, Diego Costa volvió a intentar salir en carrera y esta vez el pase a fuera de banda lo dio a propósito, al sentir un pinchazo en los isquiotibiales. La lesión no es la misma, pero cuando el cuerpo está débil de un lado, a veces se rompe de otro… por el sobreesfuerzo.
Así que en su sustitución entró Diego, con el que todos coincidimos en que debía aprovechar la oportunidad… y la aprovechó.
El Barça no tiró a puerta en el primer acto más que en un blando cabezazo de Messi, al que replicó de nuevo Villa, tras recortar a Bartra (que salió por el también lesionado Piqué), en un buen disparo que despejó abajo Pinto.

Y DIEGO LA APROVECHÓ
Sólo iban once minutos de la reanudación cuando Diego Ribas aprovechó la oportunidad. "¡Golazo! ¡Golazo!", era lo más que acertábamos a decir mi padre y yo cuando vimos alojarse ese derechazo desde 25 metros por la mismísima escuadra (0-1). “¿Qué cómo vi el gol de Diego? Con los ojos”, contestó después Pinto de forma bastante acertada.

JULIO SALINAS Y EL DINAMISMO...
Mientras tanto, Julio Salinas (ya conocemos su pasado, pero excesivo su barcelonismo en los comentarios) reivindicaba que si el árbitro paraba el juego con faltas lo hiciera sólo para mostrar tarjeta. "Así el partido sería más dinámico”, argumentaba. Claro, Julito, y si os pita dos penaltis, como contra el Madrid, así vemos más goles…

CRECIÓ EL CANSANCIO... E INIESTA
Pero el Barça es el Barça, y mientras en el Atleti crecía el cansancio y las tarjetas (Juanfran, Arda, Gabi, Koke, Diego…), en los culés crecía Iniesta. En el 71, dibujó un precioso pase entre líneas a la espalda de Juanfran que Neymar cruzó a gol (1-1). “Si Miranda se tira como Godín en la primera parte, saca esa pelota”, lamentaba mi padre. Y tenía razón. Pero no se puede ser perfectos.
El de Fuentealbilla lo intentó de nuevo tres minutos después con un derechazo ajustado al palo que salvó Courtois con un paradón. Lo mismo que hizo a cinco del final con una falta de Messi que buscaba la escuadra. Pero no hizo más. Que no les engañen, que por mucho que el Barça dominase al final y que Courtois hiciera dos grandes paradas, fueron dos paradas. Así que no lo pinten como el salvador de una posible goleada.

EL SALVADOR DEL ATLETI ES...
El único salvador de este Atlético de Madrid es el Atlético de Madrid. El bloque. Desde Courtois a Diego Costa, pasando por Juanfran, Miranda, Godín, Filipe, Arda, Gabi, Tiago, Koke y Villa… (sin olvidarnos de Mario, Diego y Raúl García). Porque este once está destinado a que grandes y pequeños nos lo aprendamos de memoria… y sea recordado… por algo grande.  

miércoles, 12 de marzo de 2014

Déjennos solos

18:20 horas del martes 11 de marzo de 2014. Mientras me ducho instantes antes de ir a recoger a mi padre al trabajo para ir al Vicente Calderón, escucho la tertulia de Radio Marca dirigida por Paco García Caridad. Me sorprendo de que en la previa de un Atlético de Madrid-Milan de octavos de la Champions debatan pausadamente sobre la meritoria victoria del Rayo Vallecano por 2-3 en Anoeta.
“Si hoy jugará el Madrid de qué iban a hablar del Rayo”, pienso...
Por fin, comienza el tiempo para analizar el partido de los colchoneros. Santi Segurola (de los periodistas deportivos a los que más respeto y admiración profeso) responde a la pregunta de si el Atleti tiene más posibilidades de ganar la Champions que la Liga que está muy bien situado en ambos escenarios (lo cual ya me alegra, porque nos reconoce candidatos). Sin embargo, añade que en la Liga el Real Madrid está muy fuerte y no le ve tropezando (hace una vuelta, cuando perdió en el Camp Nou, escuché a muchos madridistas proclamar que la Liga estaba perdida. Estaban a seis puntos del liderato y quedaban 28 jornadas por jugarse...).
Entonces, en un momento que no sé muy bien encuadrar, el espacio para el Atleti-Milan ha terminado y se debate sobre si el 4-3-3 implantado por Ancelotti es equiparable al 4-3-3 que utilizaba Pep Guardiola en el Barça... Irremediable.

UNA NUEVA MENTIRA: COURTOIS AL MADRID
El día antes, Thibaut Courtois se ve obligado a salir públicamente a desmentir que tenga un acuerdo con ningún club. José Ramón de la Morena acababa de anunciar en el Larguero la noche anterior que el belga jugaría en el Real Madrid, dónde si no, cuando acabe su contrato con el Chelsea, si no antes.
Precisamente en Radio Marca, por la mañana, el mítico José María García asegura que la noticia del supuesto fichaje de Courtois por el Real Madrid es “absolutamente falsa”.
“Alguien se lo inventa porque el Atlético de Madrid, 150 millones de presupuesto, está luchando en igualdad de condiciones contra imperios de 550. Hay que enturbiar e intentar perjudicar desde el imperio del monopolio. Florentino Pérez es muy mentiroso. Ya le filtró hace tres años a Juan Antonio Alcalá la noticia falsa del dopaje del Barça”, sentencia.

EN EL CÉSPED "ELLOS" NO JUEGAN...
Pero llegan las 20:45 y el Atlético de Madrid salta al césped del Vicente Calderón al ritmo de la música de la Champions. Y allí no juegan ni Paco García Caridad, ni José Ramón de la Morena, ni José María García, ni Florentino Pérez... Ni siquiera juegan los más de 250 millones de euros de presupuesto del Milan. Ni sus siete Copas de Europa. Sólo juegan once hombres contra otros once. Y los hombres del Atleti tienen mas... coraje. Y corazón.

ME PERDÍ EL 1-0...
No sólo los del campo. También los 54.000 de la grada, muchos miles de los cuales todavía están guardando cola en las puertas del estadio cuando a las 20:48 Diego Costa pone el 1-0 (pese a haber llegado a la fila a las 20:30). “Esto es lo que me da rabia”, lamenta mi padre contrariado. Mientras que yo no sé muy bien si también lamentarme o celebrar el tanto, que al fin y al cabo había marcado el Atleti.
Y es que los hombres del Atleti presionan más fuerte (increíble Gabi en un nuevo robo, esta vez a Essien); tienen más clase (precioso el centro de Koke al segundo palo); y saltan más lejos y con más fe: alucinante el remate acrobático de Diego Costa para, suspendido en el aire, poner con su pierna izquierda el 1-0 de magnífica volea. Recordó a Torres (contra el Alavés). Recordó a Cruyff (contra el propio Atleti).
Ya en la grada, uno contempla como el único equipo en el campo es el rojiblanco. Rami placa a Diego Costa cuando se marchaba; Godín remata fuera por poco una nueva jugada ensayada; Filipe se precipita en el pase en una jugada en la que pudo entrar hasta la cocina...
Mientras que el Milan, ni siquiera es capaz de pasar de medio campo... hasta que lo hace.

EL MILAN EMPATA Y CUNDE EL NERVIOSISMO
En el minuto 27, Poli pone un centro cruzado a la espalda de Juanfran (que sintiéndolo mucho es el punto más débil de la zaga rojiblanca) y Kaká de cabeza logra el empate, después de tocar en el propio lateral alicantino (1-1).
Entonces el guión cambió, y durante varios momentos temí que la confianza, el valor y la ambición de este equipo durante toda la temporada se fueran al traste por unos minutos de nerviosismo.
Mario Suárez perdía un balón tras otro, Juanfran o Godín la rifaban al pelotazo, el equipo no enlazaba dos pases seguidos... Y Kaká tuvo el segundo de nuevo en su cabeza. Otro centro desde la derecha, y esta vez en el primer palo remata alto por poco. El brasileño se echaba las manos a la cabeza... y los aficionados atléticos también.

PERO DECIDE "EL HOMBRE TRANQUILO"
Pero la Champions está hecha para determinados futbolistas tocados con una varita. Y uno de ellos es Arda Turan (tres goles en Liga en 22 partidos; tres goles en Champions en seis partidos). El turco recibe en la frontal una dejada con el pecho de Raúl García, no se lo piensa dos veces y engancha una volea a bote pronto que desvía Rami y acaba en la red. 2-1 y el Calderón vuelve a respirar. ¡¿Qué a respirar?! A cantar a pleno pulmón.
La ambición, el valor y la confianza vuelven a fluir a borbotones por las venas rojiblancas, y Raúl García se saca una chilena que lame el poste. El descanso llega para un Atleti que vuelve a estar on fire.

YA SÓLO EXISTE EL ATLETI
Y así sale en la segunda parte. Al minuto, Diego Costa tira demasiado cruzado; y a los tres, dirige una contra vertiginosa que acaba Gabi (está en todas partes) con un disparo al exterior del palo izquierdo de Abbiati. Un Abbiati, por cierto, que, mientras Courtois salvó al Atleti con un paradón en la ida, no ha hecho una parada en 180 minutos. Si el Milan quiere volver a ser grande, deberá empezar por cambiar a un portero que ya demostró ser un tronco en su año como rojiblanco.

OTRO GOL DE RAÚL GARCÍA...
Los minutos transcurren con rumbo a los cuartos y queda claro que si alguien marca será el equipo español. Miranda cabecea centrado otra gran internada de Diego Costa; Raúl García finaliza muy arriba una buena maniobra ante Rami... Y llega el tercero. Gabi pone una falta y Raúl García salta más que De Jong y Rami y su testarazo se aloja en la red (3-1). Otro al que le gusta la Champions (cuatro goles) y que ayer mostró en esta competición se mayor especialidad (en Liga ha marcado con la cabeza cuatro de sus siete goles).

...Y OTRO GOL DE DIEGO COSTA
La fiesta ya era completa. Tiempo para hacer la ola, para ondear las 25.000 banderitas rojiblancas regaladas por los jugadores a la afición y para cantar el “Te quiero Atleti” con más pasión y sentimiento que nunca... y para que Diego Costa hiciera doblete (siete goles en cinco partidos...) con un derechazo cruzado tras acabar una colada de Sosa metiéndose entre tres zagueros (4-1).

ASÍ QUE... DÉJENNOS SOLOS
Al terminar, el enésimo periodista pregunta a Thibaut Courtois por su posible acuerdo con el Real Madrid. “Es para desestabilizarnos”, sentencia el belga.
El Atlético de Madrid está a cuatro partidos de una final de la Champions y a una derrota del Real Madrid, en once finales, para luchar una Liga. Y yo sólo pido una cosa: déjennos solos. En el césped, ya se encargan el Cholo y los suyos.

jueves, 20 de febrero de 2014

El Atleti consigue una victoria de prestigio: San Siro

No es el Milán que goleó 5-0 a la Quinta del Buitre en las semifinales de la Copa de Europa de 1989 (marcaron Ancelotti y Rijkaard); ni el Milán que endosó un 4-0 en la final de la Champions de 1994 al Dream Team de Cruyff; pero repasando las estadísticas a las que hice mención esta semana, ni Barcelona, ni Real Madrid han sido capaces de ganar a este Milán en San Siro en los últimos años. Los culés han empatado en su visita este año en la fase de grupos (1-1); el año pasado se pegaron un tremendo susto en octavos (2-0), aunque luego remontaron en el Camp Nou (4-0, con un gol de Villa); y en 2012 también se cruzaron en cuartos, con un peligroso 0-0 en Italia (después el Barça ganó 3-1 en Barcelona).
Por su parte, el Real Madrid empató 2-2 y 1-1 en la fase de grupos de 2010 y de 2009, y jamás en su historia ha vencido allí.
El último equipo español que había triunfado en San Siro fue precisamente el Barça de Frank Rijkaard en 2006, también 0-1 (Giuly). Ese año, ganó su segunda Champions...

UN MILÁN MÁS FUERTE QUE EN EL CALCIO
Así que no es San Siro una plaza fácil de conquistar, más cuando todos los expertos en fútbol internacional de los diferentes medios reconocieron que el heptacampeón de Europa fue anoche mucho mejor que el del Calcio italiano (va noveno), incluso en su mediocre juego de la segunda mitad...
Salió el Atleti fuerte, apretando al Milan muy arriba, y en una de las primeras jugadas, en un balón suelto, presionaron en la mismísima área milanista Raúl García, Koke e Insúa como jabatos. Sin embargo, esa efervescencia duró apenas diez minutos, dando paso a un mayor dominio milanista que desembocó en dos sustos de infarto.

DOS SUSTOS EN FORMA DE PALOS
En el primero, al cuarto de hora, Miranda pierde el sitio al salir a taponar a la banda una subida de Taarabt (el marroquí cedido este invierno por el Queens Park Rangers fue el más incisivo de los italinos) y el hueco lo aprovecha Kaká para, solo dentro del área, sacarse un trallazo al larguero. No la tocó Courtois, por más que insistiera Carlos Martínez.
Sí que lo hizo sólo tres minutos más tarde. Taarabt vuelve a ponerla desde la derecha y Poli, solo entre los dos centrales, cabecea a la red... pero Courtois la despeja al palo con una manopla derecha milagrosa (dejé bendecido a este chico desde que le entrevisté...).
Parecía ir de ex madridistas la cosa. Kaká, Poli (Rincón, bromeaba con mi padre) y de nuevo Kaká. El brasileño, que no corre, pero le sigue sobrando clase, se sacó un derechazo lamiendo el larguero, tras un taconazo de Balotelli. Fue, por suerte, el último susto de la noche. Corría el minuto 30.

EL ATLETI “PEGÓ” BIEN
Un Balotelli, por cierto, que parecía sedado. Su habitual carácter díscolo no afloró en toda la noche, incluso cuando en un balón perdido en línea de fondo Miranda le propinó un manotazo (involuntario) y fue al italiano a quien pitaron falta.
No pegó mucho el Atleti en San Siro. Pero pegó bien. Insúa se ganó la amarilla por un tackling a De Sciglio que provocó que tuviera que ser sustituido. Y se llevó otra tarjeta Diego Costa por derribar a Balotelli, que en la caída se hizo daño en el hombro y tuvo que ser retirado faltando quince minutos. Fue un respiro (su regate a Miranda en el primer tiempo, de crack...).

MEJORÓ EN LA SEGUNDA PARTE
En toda la primera parte, el equipo madrileño sólo fue capaz de encontrar portería en un par de cabezazos blandos de Raúl García y Godín, que atrapó sin problemas nuestro viejo amigo Abbiati. En la segunda parte cambió la historia. Dice Courtois que fue por la charla dada en el descanso por el Cholo, que decidió retrasar unos metros a Raúl García y, con cinco en el medio, crear ventaja en la franja ancha. Otros dicen que fue porque al Milán se le acabó la gasolina.
Lo que sé es que en el segundo acto el conjunto rossonero no creó ninguna ocasión clara y que en sólo cuarto de hora el Atleti ya había lanzado dos avisos, en un zurdazo de Raúl García desviado, y en una espectacular chilena de Diego Costa que se marchó arriba.
El tiempo fue corriendo, y la incertidumbre del 0-0 se mantenía, con la peligrosidad que este resultado implica de cara a la vuelta (no te vale ningún empate para pasar).
Pero el Atleti se fue haciendo dueño del choque. Raúl García probó nuevamente a Abbiati, que detuvo en dos tiempos (todavía recuerdo un balón que se le escapó en el Camp Nou, en su año de rojiblanco, y que nos costó un gol de Deco); y disparó alto en una bonita jugada trenzada por Gabi, Koke y Juanfran.

LA VORACIDAD DE DIEGO COSTA
Y cuando parecíamos abocados a las tablas sin goles, apareció Diego Costa. Corner botado al primer palo por Gabi, despeje hacia atrás de Abate, y el hispano-brasileño que da uno, dos, tres, cuatro pasos atrás para, adelantándose al propio Miranda (en mejor posición) acometer un potente testarazo a la red (0-1).
Ese hambre de gol, ese instinto depredador que le hace “quitar” el tanto hasta a sus propios compañeros, es lo que le tiene a un gol de Cristiano (22) como Pichichi en la Liga, y estar como quinto máximo goleador de esta Champions (Ibrahimovic, 10; Cristiano, 9; Messi, 7; Agüero, 6; Diego Costa, 5) habiendo jugado sólo cuatro partidos.
Su voracidad, es la voracidad de este equipo, que 17 años después quiere volver a unos cuartos de final de la Champions. En la última, el Cholo Simeone acabó con calambres, intentando meter a su equipo en semifinales. Den por seguro, que este año volverá a hacer lo imposible por llevar al Atleti a lo más alto. En tres semanas (11 de marzo), hay que rubricarlo en el Calderón. El sueño continúa.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Sin miedo a nada

El Atlético de Madrid camina orgulloso y altivo por su regreso a la Liga de Campeones, saldando cuentas
pendientes con viejos enemigos y mirando al futuro con optimismo, sin temer a ningún rival de cara al bombo del lunes.

EL PASADO RECIENTE
Como reclamaba antes de este encuentro, el Atleti se vengó del Oporto, equipo que nos eliminó en nuestras dos últimas participaciones en la Champions. 2-2 y 0-0 en 2009, en aquella eliminatoria de octavos que será recordada porque Abel Resino dejó en el banquillo en el partido de vuelta a Forlán, aunque había la obligación categórica de marcar; y 2-0 y 0-3 en la fase de grupos de 2010, lo que nos colocó terceros, pero a punto estuvo de dejarnos sin la UEFA Europa League (que luego ganamos) con esa última goleada en el Calderón, después de que el Apoel Nicosia sacara un sorprendente empate en el campo del Chelsea (que fue el líder de ese grupo).
Eran otros tiempos. El Oporto ya no tiene a Lisandro (que nos hizo los dos goles de 2009. Ahora en el Lyon), ni a Hulk (Zenit), Bruno Alves (Fenerbahce), Rolando (Inter) o el propio Falcao (Mónaco), todos ellos goleadores frente al Atleti en 2010.

JACKON MARTÍNEZ Y LOS PALOS
Tiene a Jackson Martínez, eso sí, enorme delantero que a punto estuvo de helar al Calderón (más) a los siete minutos, cuando estrelló un buen remate en el larguero.
No tuvo suerte el colombiano, que al borde del descanso volvió a toparse con el exterior de la madera en un disparo que desvió Alderweireld.
Pero éste Atleti está de dulce, especialmente Raúl García, el que nunca hace nada, que al cuarto de hora se sacó de la chistera una volea con la zurda a la media vuelta, sin ángulo, pegado a línea de fondo, que Helton todavía está buscando por cerca de su escuadra derecha (1-0). Ni se enteró por dónde entró. Nosotros, casi tampoco. Pero fue un golazo. El tercero del navarro en esta Champions. El noveno de la temporada. Los mismos que Villa.
Con el gol, el Oporto atacó con más obligación que convicción, y cada acercamiento terminaba en la madera. A las dos citadas, a los 20 minutos añadió otra con un cabezazo de Varela contra la parte superior de la escuadra. Sumó cuatro palos, cierto, pero éste y el segundo de Jackson fueron más postes de “refilón” que el trallazo que reventó el larguero en los primeros minutos.

ARANZUBÍA DEBUTÓ EN CHAMPIONS
A la media hora, Aranzubía quiso ganar protagonismo en su debut. Hizo un penalti tonto junto a la línea de fondo a Jackson Martínez, pero él mismo se encargó de parárselo a Josué, que tiró potente, pero poco escorado. Como le comentaba a mi padre, a Aranzubía le ha valido la pena fichar por el Atleti aunque sólo sea por el hecho de haber debutado en la Champions y poder contar a sus hijos el día de mañana que paró un penalti en la máxima competición continental.
Perdonó el Oporto, y al minuto lo hizo también Diego Costa. Contra rapidísima, deja atrás a los centrales, pero su tiro, bien cruzado, lo saca Helton estirando la pierna derecha.
A la segunda no perdonó. Sólo diez minutos después, gran pase largo de Óliver (que dejó más detalles de su clase, aunque no fue su mejor partido tras el toque de atención de Simeone) y se anticipa a Helton con la cabeza, realizándose un gran autopase que finalizó antes de quedarse sin ángulo (2-0).
El hispano-brasileño suma cuatro goles en apenas 194 minutos en la Champions. Una media por encima de la del Pichichi Cristiano Ronaldo.

Así llegó el descanso y con él bien podría haber llegado el final del partido. Poco que reseñar en la segunda mitad. Villa entró por Diego Costa, pero apareció poco. Sólo Raúl García estuvo a punto de hacer el tercero, pero, sorprendentemente en su estado, se encontró con Helton.
Por su parte, el Oporto se encontró con su cuarto palo, en un gol casi cantado de Licá que remató contra el poste. Éste sí fue poste poste.

VENGANZA DULCE
Los alrededor de 500 aficionados del Oporto que visitaron el Calderón tuvieron que volverse a Portugal tristes, como les ocurrió a los hinchas atléticos que viajaron a O Dragao en 2009 y 2010. La venganza fue especialmente dulce, ya que el Zenit terminó goleado en Austria (vaya panorama...) con lo que una victoria del Oporto les habría metido en octavos. Pero ni estuvieron cerca.

ORGULLO ANTE NUESTRO POTENCIAL
Cumplida la venganza, el Atleti sólo debe mirar al futuro y al único que puede observar con cierto recelo es al Manchester City del hijo repudiado Kun Agüero (cuarto en la Premier con 29 puntos). Mientras que uno escucha con una sonrisa orgullosa cómo los expertos en fútbol internacional de los diferentes medios de comunicación darían como favorito al Atleti en un cruce con el líder de la Premier, el Arsenal (35 puntos), que se dejó su condición de primero al caer en Nápoles.
Del resto, Milan, Leverkusen, Galatasaray, Olympiacos, o Schalke 04, nos puede caer cualquiera, que aquí le recibiremos con los brazos abiertos. De hecho, les digo más. Me pido un Milan, al que nunca he visto en el Vicente Calderón y sólo su nombre evoca Copa de Europa.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

El Atleti sigue sumando en la Champions

Era un partido de trámite. Las cuatro victorias en cuatro partidos en esta vuelta del Atleti a la Champions permitían que los rojiblancos pudieran pasearse por el Stadion Petrovsky igual que lo habían hecho antes por la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada de San Petersburgo.
Sin embargo, el equipo del Cholo Simeone no sabe lo que es pasearse y, pese a las novedades (Alderweireld, Insúa, Guilavogui, el Cebolla y Adrián fueron titulares), los colchoneros completaron un buen encuentro, con una intensidad con la que cualquier espectador ajeno a la clasificación se habría sorprendido de que el Atlético de Madrid no se jugara nada.

DOMINÓ MÁS EL ZENIT
Dominó más el Zenit, especialmente en la primera parte, pero de cara a gol sólo tienen a Hulk, que probó a Courtois con un descomunal zapatazo, y a Shatov, extremo rápido y de clase.
En el Atleti destacaban especialmente Juanfran, que lo cortaba todo en defensa (incluida una colada del propio Shatov que le valió la amarilla que buscaba para pasar limpio a octavos), y Koke. Un Koke al que ya sólo le faltaba pegarla bien desde lejos para rozar la perfección. Y de esa suerte a punto estuvo de sorprender a Lodigin al borde del descanso. Un buen amigo atlético me decía ayer mismo que a ver lo que tarda en llevárselo el Barça. Esperemos que por una vez se ilumine la bombilla de nuestra directiva y blinden al chaval. Es un activo del club, marca la identidad y el salto de calidad que debe perseguir este Atleti. Y ya está bien de dejar escapar a valores de la casa como ocurrió con Torres o De Gea.

OTRO GOLITO DE ADRIÁN
En la segunda parte Adrián, que está rápido y parece que mejora, aunque aún alterna toques en los que parece habérsele olvidado lo que es un balón, puso el 0-1 en una buena definición a asistencia de Raúl García. Genial noticia que el asturiano, que tiene un enorme potencial para volver a rendir al nivel mostrado hace dos temporadas, encadene dos goles consecutivos.
Mientras tanto, Raúl García, el que nunca hace nada, añadió a su asistencia una exquisited con una vaselina que repelió el larguero. Como siga a este ritmo, algunos de los que le crucificaban se terminan comprando la rojiblanca con el 8.
Sin embargo, a falta de cuarto de hora un centro desde la derecha lo peinó con su peculiar melena Alderweireld y Courtois quedó tan deslumbrado que se dedicó a acompañar con la vista la parabola... que acabó en su portería, por cierto (1-1). “Vaya cantada del Palomo”, me escribía por whatsapp otro amigo que leyó mi entrevista la semana pasada.

DE AUTOGOL EN AUTOGOL
Un dato curioso. Los tres únicos partidos que el Atleti no ha ganado esta temporada (sin contar la Supercopa) han sido a causa de un autogol: Courtois en Cornellá (1-0); Juanfran en Villarreal (1-1); y anoche Alderweireld en San Petersburgo.

SUMA UN PUNTO... DE RESPETO
El punto es lo de menos, aunque siempre es importante seguir manteniéndose invicto en la Champions. Lo de más, es continuar sumando respeto en el viejo continente y saber que también se puede contar con los menos habituales. Aunque en el caso de Guilavogui, si esto es lo que ofrece en los entrenamientos (complicaciones cero) es normal que no le quite el puesto a ninguno de nuestros mediocentros.
Ya sólo queda el Oporto en esta primera fase. Y quiero una victoria. No lo olviden, ellos nos echaron de Champions. Dos veces. Las dos últimas. Y yo soy de aquellos a los que les gusta vengarse...

jueves, 7 de noviembre de 2013

Atlético de Madrid, el mejor equipo de Europa

No lo digo yo, lo dicen los números. Sólo dos equipos de los 32 que disputan este año la fase de grupos Bayern de Munich y Atlético de Madrid.
de la Champions han logrado vencer las cuatro jornadas:
Sus números son casi idénticos: doce goles a favor y sólo uno en contra para los bávaros; doce también a favor para el Atleti, con dos tantos en contra.
Real Madrid y PSG también habían ganado las tres primeras fechas, pero pincharon a la cuarta. 2-2 de los blancos en Turín y un sorprendente 1-1 del PSG en casa ante el débil Anderlecht.
Pero si uno echa la vista hacía sus repectivas Ligas, es ahí donde el Atlético de Madrid marca la diferencia. Sus once victorias en doce partidos en España le hacen sumar un total de quince triunfos en dieciséis compromisos oficiales (11-0-1 en Liga y 4-0-0 en Champions).
Dos victorias más que el Bayern: trece (9-2-0 en la Bundesliga, donde llevan una jornada menos, y 4-0-0 en la Champions); tres victorias más que el Real Madrid: doce (9-1-2 y 3-1-0); y cuatro victorias más que el PSG: once (8-4-0 en la Ligue y 3-1-0 en Champions).
El que más se acerca al Atleti es el Barça: catorce (11-1-0 en Liga y 3-1-0 en Champions). Pero ninguno alcanza sus números.

SUMA MÁS PUNTOS QUE TODO SU GRUPO
Y les doy un dato más. El Bayern también está clasificado con esos doce puntos, pero no como primero, ya que el Manchester City le acecha con nueve.
Sin embargo, el Atlético de Madrid no es sólo que ya está clasificado como primero, sino que por sí solo suma más puntos que sus otros tres rivales del grupo: doce, por los diez del resto (5 Zenit+4 Oporto+1 Austria de Viena). Si el Cholo quiere, podría jugar con el filial los dos partidos que restan.

¿PENSANDO EN EL VILLARREAL?
Y todo esto, pese a que había quien pensaba que anoche (mi padre el primero) el Atleti estaría con la cabeza en el partido del domingo en El Madrigal (partidazo contra el cuarto) y que no se vería una goleada. Se equivocaban.
A los diez minutos de juego, con gente todavía entrando al estadio que casi me hacen perderme el gol (se ve que todavía andan con el horario de la UEFA Europa League), Miranda pone el 1-0 con la zurda al remachar un rechace a la salida de un corner. Es listo el brasileño, que suma ya dos goles en Champions, mientras aún no se ha estrenado en Liga este año.
El Atleti tenía la cabeza en su sitio y Diego Costa en la portería defendida por Lindner. Al cuarto de hora, gran jugada de toque de los rojiblancos, el hispanobrasileño que recibi dentro del área y, henchido de confianza, en vez de rematar hace un recorte, dos, hasta que encuentra el hueco y su tiro abajo lo salva el portero austriaco. Sería su primera parada de mérito. De muchas...
Enfrente, mi padre comentaba que “cómo se aburre Courtois últimamente”. Pero tuvo que hacer una. Y que habría supuesto el 1-1. Murg se quedó solo ante el meta belga, quien, enorme como siempre, tapó todo hueco en su salida.

RAÚL GARCÍA, EL QUE NUNCA HACE NADA...
Y llegó el segundo con la firma de Raúl García, “el que nunca hace nada”, como decía Lama de su homónimo madridista. Balón colgado desde la derecha por Diego Costa y testarazo precioso a la escuadra del navarro para colocar el 2-0.
Raúl García (elegido mejor jugador del partido por la UEFA, por cierto) es el único superviviente del último Atleti de Champions (2008-09 y 2009-10). En ese periodo consiguió hacer un gol (ante el Olympique de Marsella) y con sus dos tantos ante los austriacos (allí y aquí) es ya uno de los máximos goleadores del Atleti del siglo XXI en Liga de Campeones. Ayer me molesté en hacer la estadística, que comparto con ustedes: Agüero 8 goles; Maxi 5 goles; Forlán, Simao, Raúl García y Diego Costa 3 goles.

LE COSTÓ A DIEGO COSTA
Como ven, en esa ilustre lista, en la que destaca el vilipendiado Kun Agüero, ya ha entrado Diego Costa. Pero le costó.
A la media hora, recoge un balón botando en el flanco derecho y se saca una preciosa volea que sacó a corner Lindner.
Pero el tercero fue para otro delantero. Pase de la muerte desde la derecha de Juanfran, Adrián remata flojo, aunque junto al palo, y nuevo paradón de Lindner. Al rechace, cual delantero oportunista, Filipe Luis empuja el 3-0. De matrícula el brasileño, al que Scolari ha dejado fuera de la última convocatoria... Normal que se nacionalicen españoles si pueden...

LOS PENALTIS, PARA VILLA
En la seguna parte, sólo el picante de los recién entrados, Óliver y Cebolla, dio interés al choque. Precisamente un penalti sobre el uruguayo, que minutos antes probó a Lindner con un trallazo, dio lugar a un nuevo debate. ¿Debe tirar los penaltis Diego Costa o Villa?
El brasileño lanzó a su derecha, pero se la detuvo el portero austriaco. Es el segundo penalti que falla de los últimos tres (ha metido tres de cinco este año). Mi opinión es que debería tirarlos Villa, un futbolista mucho más avezado en estas lides.

Quedaba sólo cuarto de hora, pero creo que hubo pocos en el Calderón que no pensaran: “Antes de que acabe, Costa mete uno”.
Y lo metió. Sólo siete minutos después, Diego Costa aprovechó una dejada de tacón de Raúl García, tras una buena internada de Óliver, para marcar con un derechazo que tocó ligeramente en un defensa y despistó a Lindner.
4-0, primeros, y a elegir rival para octavos. Yo, me pido al Milán. Pero eso será en febrero, y hay que ir partido a partido. Toca el Villarreal. Una victoria allí, ya son palabras mayores.