Noche del domingo 17 de mayo de 2009. El Atlético de Madrid derrota en un duelo directo por la Champions al Valencia 1-0 y se sitúa cuarto, en puesto de Liga de Campeones a falta de sólo dos jornadas y con dos puntos de ventaja. La afición se marcha feliz y entre cánticos, el Atlético ha hecho un partido muy serio, que sumado a las victorias ante Sporting, Betis y Espanyol, esta última con una remontada épica, ponen a los rojiblancos a un paso de clasificarse para la Champions.
PREVIAS MUY DISTINTAS
El fútbol es fútbol y mueve las pasiones que mueve porque es imprevisible, y ahí reside su grandeza. El conjunto más pequeño puede ganar al más grande, y un mismo equipo, puede pasar de la absoluta desidia, la sinvergüenza y el defenestro, al compromiso más íntegro, el fútbol más incisivo y el éxito en apenas unos días.
Hace sólo tres semanas, acudí al Vicente Calderón a ver al Sporting sin ganas, sin ilusión, angustiado y vacío.
Anoche, dos horas antes partí de casa para ver al Valencia. La sensación era una mezcla de ilusión por poder volver a Champions y de miedo por ver nuestros sueños una vez más hechos pedazos.
La máxima incertidumbre me la generaba una defensa de circunstancias, con Pernía por la izquierda ante la prolongada convalecencia de Antonio López, con la vuelta de Pablo en el centro junto a Domínguez, que apenas había jugado cuatro partidos, y el desplazamiento de Ujfalusi a banda derecha. No entendía que hubiera que mover dos puestos para cubrir sólo uno, el de lateral. Entendía más lógico haber dado entrada al chaval, César Ortiz, y no tocar el centro de la defensa. Era jugar en función del rival, mover al defensa más seguro (o menos inseguro) de nuestra zaga para tapar a Mata.
Pero visto lo visto, uno no puede por menos que quitarse el sombrero ante Abel.
DEFENSA SOBRESALIENTE
Sin la defensa de garantías (o por mejor decir, la titular, porque en el Atleti ninguna defensa es de garantías) los cuatro de atrás estuvieron sobresalientes. Ujfalusi estuvo impecable en defensa y pudo dar rienda suelta a su habitual desparpajo para sumarse al ataque. Pablo estuvo inmenso por arriba, y Domínguez impecable al corte. Incluso Pernía rayó a un buen nivel, a la altura de la extraordinaria concentración que mostró la línea de atrás.
Pero es que los once jugaron con una concentración y una entrega propias de lo que era, una final.
CÉSAR, PROTAGONISTA

Tras unos primeros minutos de tanteo el Atleti demostró que era el que iba a por el partido. Me esperaba de César alguna cantada que ayudara a desnivelar la contienda, y la tuvo al no blocar un tiro lejano de Raúl García en los primeros minutos, pero Agüero marró el rechace. Fue su primera y última concesión. En toda la primera parte, sacó disparos peligrosos de Forlán, Maxi (ambos por partida doble) y Simao.
Sólo se le escapó una: el penalti que da a Forlán su 28º gol y le convierte en el máximo goleador del Atlético desde los 27 que hicieron Pichichi a Manolo en el 92.
Agüero dribló al meta ché y se dejó caer engañándonos a todos. En la segunda parte, en una que sí fue ante Maduro, el árbitro quizá compensó por lo que vio por la tele y le sacó tarjeta.
El Valencia, cojo sin Silva, sólo tuvo una, en un mano a mano al borde del descanso que Leo Franco le sacó a Mata.
En la segunda mitad, no hubo reacción valenciana y sí múltiples oportunidades para que el Atlético hubiera matado el partido y quizá la Champions, al vencer el goal average.
Simao se quedó solo nada más reanudarse el choque, pero César volvió a ganar. Instantes después, mi zona cantó gol en un cabezazo del Kun que lamió el poste.
Y mientras, la afición del Valencia, que había coreado con olés la única vez que su equipo hilvanó cuatro pases, asistía enmudecida a la superioridad atlética.
LA CONCENTRACIÓN LA ROMPÍA LA VERBENA
Los instantes de silenciosa tensión los rompía la música de la verbena de San Isidro, que eran acallados de inmediato por una entusiasta hinchada colchonera, a la que hace falta darle muy poco para que se desviva y que anoche volvió a llevar al equipo en volandas.
El partido murió como transcurrió, en campo valencianista. Y antes del final aún tuvo Forlán otras dos para haber matado el encuentro, pero César y un resbalón lo impidieron. ¡Qué gusto da ver jugar a este futbolista! La coja donde la coja da la sensación de que la jugada puede acabar en gol. Por no hablar del asombro que me sigue produciendo verle hacer una cobertura a Pernía, por ejemplo, después de perder un balón.
SEGUNDA CHAMPIONS EN DOS AÑOS
Pocos pensábamos que este Atleti estuviera para ganar seis partidos seguidos. Pero lo más difícil ya está hecho y con la lucha y concentración de anoche la Champions no se escapa. Como demandaba, el equipo está cerca de completar su mejor final de Liga desde el 92 y clasificarse por segundo año consecutivo para la Liga de Campeones, algo que sólo Depor y Valencia han conseguido antes, además de Madrid y Barça.
