lunes, 18 de mayo de 2009

Qué grande es el fútbol

Noche del jueves 24 de abril de 2009. El Atlético de Madrid acaba de recibir una de las goleadas más humillantes de su historia, 5-1 en Santander, y se sitúa a cinco puntos de la Champions a falta de sólo seis partidos. El domingo, el equipo es recibido en el estadio como se merece en una de las broncas más sonadas en el Calderón contra directiva y jugadores. Se vence 3-1 al Sporting, pero poco importa el resultado. Noche del domingo 17 de mayo de 2009. El Atlético de Madrid derrota en un duelo directo por la Champions al Valencia 1-0 y se sitúa cuarto, en puesto de Liga de Campeones a falta de sólo dos jornadas y con dos puntos de ventaja.
La afición se marcha feliz y entre cánticos, el Atlético ha hecho un partido muy serio, que sumado a las victorias ante Sporting, Betis y Espanyol, esta última con una remontada épica, ponen a los rojiblancos a un paso de clasificarse para la Champions.

PREVIAS MUY DISTINTAS
El fútbol es fútbol y mueve las pasiones que mueve porque es imprevisible, y ahí reside su grandeza. El conjunto más pequeño puede ganar al más grande, y un mismo equipo, puede pasar de la absoluta desidia, la sinvergüenza y el defenestro, al compromiso más íntegro, el fútbol más incisivo y el éxito en apenas unos días.
Hace sólo tres semanas, acudí al Vicente Calderón a ver al Sporting sin ganas, sin ilusión, angustiado y vacío.
Anoche, dos horas antes partí de casa para ver al Valencia. La sensación era una mezcla de ilusión por poder volver a Champions y de miedo por ver nuestros sueños una vez más hechos pedazos.
La máxima incertidumbre me la generaba una defensa de circunstancias, con Pernía por la izquierda ante la prolongada convalecencia de Antonio López, con la vuelta de Pablo en el centro junto a Domínguez, que apenas había jugado cuatro partidos, y el desplazamiento de Ujfalusi a banda derecha. No entendía que hubiera que mover dos puestos para cubrir sólo uno, el de lateral. Entendía más lógico haber dado entrada al chaval, César Ortiz, y no tocar el centro de la defensa. Era jugar en función del rival, mover al defensa más seguro (o menos inseguro) de nuestra zaga para tapar a Mata.
Pero visto lo visto, uno no puede por menos que quitarse el sombrero ante Abel.

DEFENSA SOBRESALIENTE

Sin la defensa de garantías (o por mejor decir, la titular, porque en el Atleti ninguna defensa es de garantías) los cuatro de atrás estuvieron sobresalientes. Ujfalusi estuvo impecable en defensa y pudo dar rienda suelta a su habitual desparpajo para sumarse al ataque. Pablo estuvo inmenso por arriba, y Domínguez impecable al corte. Incluso Pernía rayó a un buen nivel, a la altura de la extraordinaria concentración que mostró la línea de atrás.
Pero es que los once jugaron con una concentración y una entrega propias de lo que era, una final.

CÉSAR, PROTAGONISTA
Tras unos primeros minutos de tanteo el Atleti demostró que era el que iba a por el partido. Me esperaba de César alguna cantada que ayudara a desnivelar la contienda, y la tuvo al no blocar un tiro lejano de Raúl García en los primeros minutos, pero Agüero marró el rechace. Fue su primera y última concesión. En toda la primera parte, sacó disparos peligrosos de Forlán, Maxi (ambos por partida doble) y Simao.
Sólo se le escapó una: el penalti que da a Forlán su 28º gol y le convierte en el máximo goleador del Atlético desde los 27 que hicieron Pichichi a Manolo en el 92.
Agüero dribló al meta ché y se dejó caer engañándonos a todos. En la segunda parte, en una que sí fue ante Maduro, el árbitro quizá compensó por lo que vio por la tele y le sacó tarjeta.
El Valencia, cojo sin Silva, sólo tuvo una, en un mano a mano al borde del descanso que Leo Franco le sacó a Mata.
En la segunda mitad, no hubo reacción valenciana y sí múltiples oportunidades para que el Atlético hubiera matado el partido y quizá la Champions, al vencer el goal average.
Simao se quedó solo nada más reanudarse el choque, pero César volvió a ganar. Instantes después, mi zona cantó gol en un cabezazo del Kun que lamió el poste.
Y mientras, la afición del Valencia, que había coreado con olés la única vez que su equipo hilvanó cuatro pases, asistía enmudecida a la superioridad atlética.

LA CONCENTRACIÓN LA ROMPÍA LA VERBENA

Los instantes de silenciosa tensión los rompía la música de la verbena de San Isidro, que eran acallados de inmediato por una entusiasta hinchada colchonera, a la que hace falta darle muy poco para que se desviva y que anoche volvió a llevar al equipo en volandas.
El partido murió como transcurrió, en campo valencianista. Y antes del final aún tuvo Forlán otras dos para haber matado el encuentro, pero César y un resbalón lo impidieron. ¡Qué gusto da ver jugar a este futbolista! La coja donde la coja da la sensación de que la jugada puede acabar en gol. Por no hablar del asombro que me sigue produciendo verle hacer una cobertura a Pernía, por ejemplo, después de perder un balón.

SEGUNDA CHAMPIONS EN DOS AÑOS
Pocos pensábamos que este Atleti estuviera para ganar seis partidos seguidos. Pero lo más difícil ya está hecho y con la lucha y concentración de anoche la Champions no se escapa. Como demandaba, el equipo está cerca de completar su mejor final de Liga desde el 92 y clasificarse por segundo año consecutivo para la Liga de Campeones, algo que sólo Depor y Valencia han conseguido antes, además de Madrid y Barça.

martes, 12 de mayo de 2009

Qué manera de subir y bajar de las nubes

Mientras continúo con la ardua tarea de recuperar los pedazos de ‘Un Grande sin Memoria’ que Google me permite, ya que mi blog no me será devuelto definitivamente, y hasta que decida si me quedo en Blogger, si me alojo en otra ‘casa’ o si me compro un dominio propio, he decidido volver a compartir con vosotros desde este domicilio tal vez temporal una nueva crónica, la de un partido inolvidable, la del Atlético de Madrid 3- Espanyol 2.

Un domingo más a las nueve de la noche, el del Valencia será el cuarto consecutivo, acudíamos a ver a nuestro Atleti.
Desde la prensa se habían hecho grandes titulares acerca de si la afición acompañaría o si el Atleti tendría que jugar contra más de once.
El ambiente era muy distinto al del día del Sporting, el precedente eran dos victorias y no un humillante 5-1 y esto se reflejaba en las gradas: 50.000 personas por las escasas 30.000 de la última cita.
Sin embargo, en el campo el panorama era similar al de los últimos choques: un Atleti plano, sedado, intentaba tener la pelota, pero sin profundidad alguna, mientras el rival firmaba este tipo de encuentro, con Tamudo revoloteando en la zona de riesgo y De la Peña buscando siempre el pase decisivo. Y Kameni, sumando minutos de imbatibilidad, después de haber superado ya a su compatriota N’Kono.

PEREA ROMPE EL PARTIDO Y ALGO MÁS
Pero el partido lo despertó Perea, con un codazo con el que casi duerme al espanyolista Chica. Desde la grada sólo pareció un choque más. El árbitro no pito ni falta. Pero ante los gestos ostensibles de Chica, para el juego, le observa y expulsa a Perea. Lo que el árbitro vio, y desde la grada no, fue la sangre en el rostro del lateral blanquiazul. Sin embargo, no señaló ni falta (claro, no había visto nada), así que se desataron las iras del Calderón.
A los pocos minutos, aparatosa entrada dentro del área de Pernía sobre Iván Alonso y penalti. Creo que tocó balón con la izquierda, pero le barre con la derecha. No se puede entrar así en el área. Con lo que Nené transforma el penalti y 0-1.
Por entonces, comienza a comentarse en la grada que el árbitro, Mateu Lahoz, es valenciano.
Nuevamente, no hay un respiro para que el Atleti acuse el golpe y llega otro mazazo, el 0-2. Una falta lateral de Nené sobrevuela el área. Todos miran y en el segundo palo Jarque corre a por la bola y con el muslo la mete en la red. 0-2. Otro gol a balón parado. Se acabó. Adiós Champions. Adiós a la final del día 17 frente al Valencia. Adiós quizá hasta a Europa.
El primer acto acaba con un posible penalti sobre el Kun, lo que confirma que definitivamente Lahoz es del colegio valenciano. Pero poco consuelo y excusa es ésa.

FORLÁN EL GALO
Estamos en la segunda parte de un Atlético de 2009. Todo el Calderón está ocupado por el desánimo, dos goles en contra y un hombre menos es una losa insalvable para cualquiera. ¿Para cualquiera? ¡No! Un uruguayo de rubia cabellera resiste todavía y siempre al invasor. Es el minuto 7 de la reanudación, avanza metros en línea de tres cuartos y le digo a mi padre: “Gol de Forlán. Y así es. El uruguayo saca un zurdazo desde 25 metros, de esos que hacen que todavía muchos duden de que es diestro, y pone el 1-2 para acabar con 550 minutos de imbatibilidad de Kameni.
Igual que hizo contra el Barça marcando el 1-2, igual que hizo con el Villarreal lanzando al poste para que Agüero pusiera el 1-2, resucita al Atleti de entre los muertos.
Y entonces el Calderón creyó, y esa pócima mágica que cada domingo convierte a Forlán en súper hombre contagió al estadio y a sus compañeros. Y un centro-chut de Pernía salió bien y Agüero puso el empate (2-2). Sólo iban 15 minutos.

¿DÓNDE ESTÁN LOS QUE DUDABAN DE LA AFICIÓN?
Y el estadio rugió, y esa afición que había sido vilipendiada y puesta ridículamente en duda por periodistas que, supuestamente, siguen la actualidad de este club desde hace años y conocen su idiosincrasia, llevó en volandas a su equipo a una remontada épica.
Y atronó el “porque luchan como hermanos” y el “Forza Atleti, alé”, y el “Te quiero Atleti”…
Y Heitinga remató al palo. Y Forlán se pidió para él una falta porque está de dulce al grito de “Ahora, Atleti, ahora”. Y el Espanyol despejaba al voleón con un jugador más.
Y cuando ya no había más. Cuando Forlán apenas podía caminar, extasiado después de bajar a defender en varias ocasiones balones en su propia área, el aliento del Calderón y su condición de súper hombre le dieron el último empujón para llegar a un pase entre líneas de Simao y poner un 3-2 que será inmortalizado mucho tiempo.
Entonces, recordé aquella remontada que hace un año rescató para los más jóvenes Hele, un 4-3 al Betis en 1983, levantando un 1-3 con goles de Arteche. Y pensé: este 3-2 no lo desmerece. Y Diego Forlán tampoco.
El domingo, al menos, tendremos nuestra final. Esta vez, nadie dudará de la afición. Jugando así, tampoco dudaremos del equipo.

lunes, 4 de mayo de 2009

Agarrados a Forlán

El Atlético de Madrid consiguió anoche una victoria sin brillo merced a su mejor jugador de la actual temporada, el uruguayo Diego Forlán.
Dos goles del delantero centro charrúa, uno al principio y otro al final, fueron suficientes para doblegar a un Betis que oposita a Segunda, lo que provocó las protestas de su afición, que fueron resumidas por el jovial “están como nosotros” del Kun Agüero mientras calentaba en la banda.
El Atlético se adelantó a los 13 minutos, después de que Forlán matara una bonita pared entre Raúl García y Maxi que terminó con asistencia del segundo. En toda la primera mitad, el Betis tenía más la pelota, pero su control era estéril, y sólo Capi, cerca del descanso, tuvo un mano a mano con Leo Franco que mandó arriba por buscar la vaselina.
La segunda mitad tenía trazas similares, pero el Betis ante la premura de la clasificación y contra el marcador, empezó a acercarse más al marco atlético. Una jugada polémica en el área, con una mano de Ujfalusi y un choque entre Perea y Mark González, desató las iras de la grada.
Después, un rebote entre Perea y Juanito terminó en el larguero de Leo Franco, para que más tarde fuera el portero argentino el que salvara la igualada al repeler un cabezazo a bocajarro de Oliveira.
Y cuando la tragedia se rumiaba en las castigadas cabezas de los aficionados colchoneros apareció, quién si no, Diego Forlán. Era el minuto 88 y en un rápido contragolpe bien llevado por Luis García, el catalán cedió de tacón para el uruguayo, que no perdona una. El tanto puso fin al sufrimiento y aumenta la cuenta de Forlán a 25, con lo que iguala la cifra que le permitió ser Pichichi y Bota de Oro con el Villarreal hace cuatro campañas.
Los tres puntos, unidos a la derrota del Valencia ante el Espanyol (3-0), ponen nuevamente la Champions a tiro. El Atlético vuelve a tenerlo en sus manos. Por desgracia, es especialista en resquebrajar aquello que debería sostener con mimo.