lunes, 21 de mayo de 2007

¡VERGÜENZA!

¿De verdad el Atlético se dejó perder ayer ante el Barça en el Vicente Calderón? Para muchos atléticos, el hacerse esa pregunta sirvió de mínimo consuelo para justificar una derrota vergonzosa, impropia de cualquier equipo de Primera División y más de un club de la historia centenaria del Atlético de Madrid. Tras el partido, Javier Aguirre daba la cara en los micrófonos de ‘El Larguero’ y soltaba aquello de que “toda la responsabilidad” era suya. ¿De verdad? Y cómo se va a plasmar esa enorme responsabilidad que asumió que recayera sobre sus espaldas. Ese tópico de entrenador paternal y protector está ya muy manido. El mexicano dejó otra frase más que me hizo desesperar: “Hemos tirado por tierra el trabajo y la ilusión de toda una semana. Nos jugábamos media Liga”. No, señor Aguirre. Lo que ustedes tiraron por tierra anoche no fue una semana. Ni media Liga. Fueron 104 años de historia, realizando el mayor borrón en casa en toda la existencia de este equipo rojiblanco del que ya muy pocos saben realmente lo que significa.
Y es que, por increíble que parezca, la única verdad es que el Atlético escribió ayer la página más importante de su historia, al menos, en los últimos seis años. Desde el descenso, estos jugadores serán recordados como los que protagonizaron la más abultada y humillante derrota que el Atlético ha sufrido en el Vicente Calderón, el Metropolitano…
LOS 'HÉROES'
Y es por ello, que desde aquí quiero inmortalizar a estos 'héroes':
Pichu (brillante); Seitaridis (fuera de juego), Ze Castro (ausente), Eller (demostró, como proclamaba, que es el mejor defensa de la Liga), Antonio López (humillado); Luccin (desbordado); Galletti (no fue de los mayores culpables), Maniche (se rompió con 0-0), Jurado (no dio una), Petrov (lo intentó al principio) y Fernando Torres (quizá, y por desgracia, de los pocos que pasaron auténtica vergüenza junto a, por supuesto, los aficionados).
Desde el banquillo saltaron Maxi, que al menos le puso ganas, algo que ayer en este Atlético fue mucho, y demostró tener sangre en sus venas al darle una iracunda patada a Iniesta en los minutos finales. Recado que el manchego se encargó de devolver marcándonos el sexto.
Agüero también jugó. Perdón, salió al campo. Lo hizo en el minuto siete de la segunda parte en un ejercicio de valentía homicida de Javier Aguirre. Qué temeridad la suya, apostar por dos delanteros con 0-3 quedando todavía 38 minutos. Cuando al inicio de la segunda mitad vi que saltaban los mismos once no daba crédito.
En el minuto 71 entró Mista. Y tras la autoexpulsión de Eller acabó el partido de central. ¿Pero no era Mista delantero? Creó que la goleada afectó a Javier Aguirre que al final del choque apuntó de forma enfática que tenía “mucha ilusión” por continuar con este proyecto la próxima temporada. El problema es la ilusión que le pueda quedar al aficionado.

CUELLAR, EL MAYOR ANTIMADRIDISTA
Quiero destacar la actuación de dos hombres sobre el resto: Cuellar, ahora autodenominado ‘Pichu’ (se ve que el nombre le da suerte). Y Fabiano Eller.
El primero tuvo una actuación nefasta. Salió a por uvas en el gol de Zambrotta. Quizá iba a saludar a algún conocido que vio en la grada lateral. Se metió para dentro un centro de Deco para que lo remachara Eto’o. Y en la segunda parte, en la única ocasión en que realmente tenía que salir, se quedó a medias para que Messi demostrara lo bueno que es y le superara de vaselina. Ya muy entrada la segunda parte, en una nueva y esperpéntica salida, estrelló la pelota en Iniesta y el balón salió rechazado a la banda igual que podía haber ido dentro. “Métetelo directo y no lo intentes de rebote”, le grite desde la grada ante la risotada general. Fue la única chanza para la que me dio el cuerpo.
Cuellar demostró ayer ser muy antimadridista y todavía hoy ha tenido la cara en rueda de prensa de afirmar que no le sorprendió que la gente jaleara los últimos goles del Barça, “ya que llevaban haciéndolo desde el lunes”. Yo aplaudí el cuarto gol del Barcelona, que tocó y tocó hasta que Ronaldinho la empujo a puerta vacía. Era sencillo, enfrente tenían fantasmas andantes vestidos de rojiblanco. Cuellar debería saber que la mayoría de aplausos que surgieron de la grada eran de impotencia, de rabia y de vergüenza, al no poder destinarlos a nuestro equipo por el deplorable espectáculo que estaban ofreciendo. Cuellar debería saber que cuando tu hinchada aplaude al rival es el mayor castigo que puede infligirte. Cuellar debería saber que ayer pisotearon el escudo del Atlético de Madrid. Y Cuellar debería haberse fijado más en los miles de aficionados que iban abandonando el estadio conforme iban cayendo los goles culés.
En el caso de Fabiano Eller, después de ofrecer un recital de despejes hacia atrás y patadas al aire, derribó por detrás a Ronaldinho, en una ‘peligrosísima’ jugada todavía en campo blaugrana, sabedor de que ya tenía una amarilla. Si quería irse antes a la ducha podía habérselo comentado a Aguirre en vez de al árbitro.

PAGÓ TODAS LAS MISERIAS CULÉS
Y el resultado de la hecatombe rojiblanca fue pagar todas las miserias que había acumulado en el último tramo de la temporada el Barcelona. Pagó la humillación copera de los cuatro de Getafe, pagó el empate en el último minuto del Betis y la consiguiente pérdida del liderato, pagó las continuas jaquecas venidas desde Madrid con el místico arreón madridista. Y además, tiró por los suelos todas las ‘gestas’ logradas ante los de Rijkaard en los últimos años.
Sólo espero que, al menos, nuestro sector de la afición más acomplejado esté contento con el ridículo que protagonizó ayer el que llaman su equipo y todos aquellos que durante estas semanas han alimentado un patético debate al que el Atleti se ha encargado de poner colofón de la mejor forma que sabe hacer en su historia reciente: siendo el hazmerreír de toda España.

jueves, 26 de abril de 2007

LA ENTREVISTA: Movilla: "Recogía la basura en los aledaños del Calderón y soñaba con jugar algún día en el Atleti"

Atiende a nuestro blog rodeado de sus “dos enanos”, Irene y Daniel, a los que se escucha de fondo en algún momento de la entrevista. “Ellos son ahora mi mayor hobbie y afición”, nos confiesa. Actualmente juega en el Zaragoza, aunque menos de lo que quisiera, y fue uno de los artífices de la vuelta del Atleti a Primera División. Se trata de José María Movilla (08-02-1975, Madrid). Un hombre de sentimiento rojiblanco y que se forjó un hueco importante en el corazón de la grada en los apenas dos años y medio en los que le dejaron cumplir con su sueño. “En mi época del Moscardó (con apenas 20 años) compaginaba el fútbol trabajando de basurero. Recogía la basura en los aledaños del Calderón. Me quedaba mirando al estadio… entraba dentro, miraba esas gradas… era todo un sueño que pensaba que era imposible de cumplir”. Eran tiempos difíciles, en los que el que sería ‘7’ rojiblanco se planteó abandonar el camino de futbolista: “En el Moscardó pienso que el fútbol no está hecho para mí. Era un equipo muy modesto... no llegaban a pagar a fin de mes… no sacaba rendimiento alguno y pensé que lo tenía que dejar, que nunca llegaría donde estoy ahora”.

Pero el fútbol quiso dar una oportunidad a este chaval que, paradójicamente, se crió en la cantera del Real Madrid: “Llevaba bastante bien jugar en las categorías inferiores del Madrid, pese a ser del Atleti. Era un crío, jugaba en el Leganés y un grande como el Madrid se fija en ti… Pero luego el sueño se deshace cuando no quieren contar contigo. Se desprenden de mala manera de muchísimos jugadores”. Tras batirse en los campos de Segunda B llegó el Ourense, el paso previo al Málaga, y, en año y medio, el debut en Primera División, un 22 de agosto de 1999: “El Orense, en Segunda, apareció cuando pensaba que tendría que fichar por un Tercera. Y más tarde me fichó el Málaga. De no haberlo hecho, ahora estaría jugando en Tercera o con los amigos”.
De su época malaguista se lleva en el equipaje muchos buenos recuerdos y algo que le acompañará siempre, una camiseta del Cristo del Cautivo malagueño: “En cada partido, llevo siempre debajo una camiseta con la imagen del Cautivo. Comencé a ponérmela cuando estaba con el Málaga en Segunda B y, como me dio suerte, siempre la llevaré. Incluso soy Cofrade del Cautivo. Se mezcla todo, superstición y devoción”.
Y, tras dos años destacando en Primera como blanquiazul, es uno de los elegidos para sacar al Atlético del ‘infierno’: “Fue un proyecto muy bonito, liderado por Luis Aragonés. A todos nos ilusionaba estar con Luis. Me quedo con el día de mi debut. O con mi primer gol. Marco pocos goles, pero recuerdo uno que le hice al Recre a pase de Stankovic”.
PESADILLA
Sin embargo, tras ser una de las piezas claves del ascenso y completar un buen año en la vuelta a la élite, un entrenador, Gregorio Manzano, se cruza en el sueño rojiblanco de Movilla y lo convierte en pesadilla: “Cuando llega Manzano, lo primero que hace es pedir a Novo e Ibagaza. El Mallorca me quería como ‘change’, pero yo quería demostrar que mi sitio estaba en el Atleti. Fichan otros 3 mediocentros más, pero yo pensaba que iba a tener mi oportunidad”. Pero esa oportunidad nunca llegó: “Eso de que Manzano es psicólogo yo no lo vi en ningún momento, ni conmigo, ni con muchos de mis compañeros. Eso se ve en el trato diario. Hay muchas maneras de tratar a un jugador, aunque se niegue a salir del equipo. No me dejaba entrenar o entrenaba poco y me mandaba a la ducha. Eso me dolió, no lo iba a consentir como profesional y me plantee mi salida”.
Entonces apareció Víctor Muñoz y el Real Zaragoza y Movilla recuerda su especial trato con el ex presidente Jesús Gil: “Me convenció el proyecto del Zaragoza y me arriesgué. Me valoraban más fuera que en casa. Pero tengo que agradecer muchísimo las muestras de cariño que siempre me dio Gil. Como la oportunidad no llegaba me dijo: “Demuestra fuera lo que vales””.
Y lo demostró. Ese mismo año, levanta la Copa del Rey ante el Real Madrid. Su primer recuerdo, para la afición atlética: “La afición me apoyó ese año cuando apenas había jugado 80 minutos en Liga. Eso es de elogiar. Por eso se lo quise agradecer de algún modo cuando les dediqué la Copa con el Zaragoza y ante el Madrid. Eso, para los que nos sentimos atléticos, tiene un valor especial”.
A sus 32 años y encarando la recta final de su carrera, Movilla tiene una importante espina clavada. Nunca haber vestido la camiseta de la selección española: “Se ha hablado muchos años de que pudiera ir a la selección. Precisamente el año pasado, Luis manifestó que estaba dudando entre Rivera o Movilla. Al final se me queda ese sabor agridulce de no haber sido internacional”.
El centrocampista madrileño respira rojiblanco por todos sus poros: “Algo tendrá este equipo cuando todos los jugadores que pasan por aquí, ya sean extranjeros o estén sólo un año, se quedan maravillados con la afición, con el entorno…”. Y manda un mensaje que quiero usar como epílogo de la entrevista: “Ojalá algún año, la grandeza de esta afición se refrende dentro del campo”.
Y así termina la historia, por ahora, de un chico que soñaba con ser jugador del Atlético de Madrid, mientras compaginaba sus primeras patadas con un trabajo de basurero, y que cumplió su sueño. Una historia que bien podría valer para un guión cinematográfico, pero que es una historia real de un futbolista de corazón rojiblanco: José María Movilla.

martes, 17 de abril de 2007

Fernando Torres, desde cerca

Es tímido hasta llegar al paroxismo. Como cuando llegó al vestuario del Atleti, hace ya seis años: “Yo sólo hablaba cuando me preguntaban. Cuando uno llega nuevo a un sitio no debe ir como si fuera el número uno, todo lo contrario. Yo escuchar, ver y aprender. Así me han educado a mí”.  
Así es Fernando Torres y así se presenta en ‘El Larguero’ de la Cadena SER, con José Ramón De la Morena. Muy callado al principio, contestando con monosílabos. No responde al prototipo que uno espera de una súper estrella, de un futbolista joven, apuesto y multimillonario, acostumbrado al calor de los focos y de los micrófonos y al análisis de cientos de miradas.
¿Y qué quieren, si sólo es un niño?
, decía la madre de Dani Pedrosa en un anuncio. Así es Fernando Torres, el ‘Niño’ del Atleti. Un niño que llegó a las entrañas del Atleti cuando éste estaba en Segunda. Que compartió vestuario con Juanma López, Carlos Aguilera, Toni Muñoz, o uno de sus ídolos, Francisco Narváez 'Kiko'. A todos ellos los miraba con ensimismada admiración, y los respetaba. Algo que, a sus 23 años recién cumplidos, cree que se ha perdido: “Los jóvenes de ahora no valoran donde están. Llegan al primer equipo como si llevaran toda la vida, te cambian el canal de la tele, la música…”.
En los descansos publicitarios, Torres es callado. De la Morena, Antonio Ruiz o Alcalá bromean sobre las quejas arbitrales del Real Madrid y Torres guarda silencio. Él es el nuevo.
En la entrevista vuelve a reafirmar su amor por lo rojiblanco y su deseo de continuar: “No condiciono mi continuidad a ganar títulos o entrar en Europa”. Alcalá le aprieta: “¿No crees que eres un futbolista para jugar Champions todos los años?”. Torres lo tiene claro: “Lo importante es estar donde estés a gusto y conseguir títulos donde más los sientas. Estoy convencido de que voy a ganar títulos aquí y de que voy a jugar la 'Champions' con el Atleti”.
 
Al terminar la entrevista es diferente. Se le ve más sonriente, liberado, demostrando que no le agradan demasiado las entrevistas.
Y la mejor frase la deja a su salida del estudio. Me tiro una foto con él y le lanzo un ruego: “Torres, haznos un favor y no te vayas nunca del Atleti”. Su contestación me gusta: “No te preocupes, hombre”. Amén.