lunes, 24 de mayo de 2010

Nos deben otra Copa

Ya les avancé en mi crónica de la clasificación para la final de la UEFA que en el fútbol mantengo ciertas supersticiones irracionales. No sé si es porque este año hemos llegado a dos finales, y los partidos a cara o cruz han sido muchos, pero la final de la Copa del Rey fue un compendio de supersticiones absurdas que no cambiaron el resultado: derrota y adiós al tan anhelado Doblete.

MIÉRCOLES 9:15 HORAS
Me reúno con tres amigos: Ger (al que por cierto, nunca lo he dicho, pero conocí gracias a este blog), Chechu y Chamorro, para coger el coche rumbo a Barcelona (El elevado gasto de Hamburgo obligó a buscar en Copa el camino más asequible posible).
Pongo mi bufanda ondeando del Mini Cooper de Ger (íbamos bien apretaditos) y recibo los saludos y los toques de claxón de todo el respetable de la A-2.
Algunos incluso quieren que bajemos la ventanilla para hablar, supongo que para desearnos suerte para esta noche... Qué simpáticos, querrán preguntarnos si vamos para Barcelona...
Al tercer hombre que lo intenta, uno empieza a sospechar que aparte de lo de la bufanda hay algo más. Y efectivamente. La rueda trasera derecha está pinchada por un clavo como Kanouté de grande. Primera parada, Alcalá de Henarés, donde preguntamos en una gasolinera cómo llegar al taller más cercano.

11:00 HORAS, PRIMERA SEÑAL
Subsanado el pinchazo, uno vuelve al coche con fuerzas renovadas. Hemos perdido casi dos horas de viaje, pero intento convencer a todos de que esta piedra en el camino no es más que una señal: las complicaciones nos llevarán al éxito. La Copa está ganada. Por el camino carretera de Zaragoza arriba uno no cesa de cruzarse con otros coches engalanados con sus bufandas o sus banderas del Atleti. La A-2 es por momentos una riada rojiblanca. ¡Qué alegres son los colores, de tu raya roja y blanca!
El móvil de Ger conectado a la radio del coche nos deleita con los himnos del Atleti (el oficial y el de Sabina) y con la canción del Kun Agüero y los Leales.
Desde que le escuché entonar el “¿De quién, de quién? Kun Agüero, papá” en la celebración de la UEFA, esa pegadiza musiquilla se me había metido en la cabeza.
Así que nos aprendimos la primera estrofa y, tras siete horas y media desde la primera parada en Alcalá, entramos a Barcelona cantando el “Lleva el fútbol en la sangre... es parte de su alma... la hinchada grita ¡Vamos Kun Agüero!”. Luego, en el Metro, nos quedamos con la gente entonando la tonadilla.

LLEGADA A BARCELONA, OTRA SEÑAL
Aún desde el coche, vemos en el Puerto de Barcelona varios containers rojos con el nombre de Hamburgo en letras blancas. “Otra señal chicos”, les comunico ufano. Que se añade a los solecitos sonrientes que encontramos en los camiones por el camino o a los tentáculos rojiblancos que miden la fuerza del aire.
Y durante todo el camino, una única ilusión: llegar a la fan zone...Sin embargo, no conseguimos aparcar hasta las 18:30 y cuando queremos dejar las cosas en el hostal y abastecernos de provisiones, son las siete. La fan zone cierra en apenas media hora, así que decidimos ir directamente a los aledaños del Camp Nou.
Hasta con cinco personas había quedado en verme en Barcelona. No vi a nadie. Móviles sin cobertura, mensajes sin responder, y calles desconocidas y demasiado repletas. No pasa nada, la Copa está ganada.
“El Kun Agüero, se caga en el sombrero”, es el cántico de moda que descubrimos junto a la travesía de Les Corts y que cantamos cuando aparece en escena cualquier sevillista, ante la algarabía del resto de aficionados rojiblancos, que nos miran como si la hubiéramos inventado nosotros.
“Luego lo veremos, luego lo veremos”, nos responde un veterano hincha sevillista. Y luego lo vimos...

SE ACABA LA ALEGRÍA
Comienza la cuenta atrás. Menos de una hora. Los cánticos, la algarabía, la felicidad, la ilusión por el Doblete, están a punto de esfumarse en unos minutos. Pasamos el primer “control” del Camp Nou, la amplia valla que rodea el estadio. Para pasar por la puerta definitiva las colas son interminables. Y no se avanza. “¡Esto no pasa, en el Calderón!”, grita la gente. Pero de poco vale. Al final, entramos con el partido recién comenzado.
Fila 21, el fútbol se ve de lujo ahí. A pocos metros de David De Gea, nos acomodamos con el tiempo justo de ver cómo Capel convierte un rechace cualquiera en un zurdazo imparable que revienta nuestras redes. Cuatro minutos. 1-0.Diego Capel. Un gol en 29 partidos de Liga. Al que ni siquiera esperaba como titular en esta final, a la sombra de Perotti casi todo el año. El almeriense ya tendría tiempo en el partido de demostrar su mejor faceta, la histriónica. Especialmente en el minuto 73, cuando su habitual sobreactuación generó una vergonzosa batalla campal en la banda con el único objetivo de parar el partido.

GOL TEMPRANERO EN UNA FINAL...
En una final, y más cuando se presenta con resultado tan incierto, un gol tan tempranero puede desequilibrar totalmente la balanza. Y así lo hizo.El Atleti responde bien, con la enésima cabalgada de “correcaminos” Ujfalusi, que acaba con un remate de Agüero que saca Squilachi en la línea, haciendo lo propio después con el posterior tiro de Forlán.
Queda todo el partido, hay que creer.
Pero el Atleti no llega con claridad. Un tiro lejano y al centro de Simao; una falta arriba de Reyes; un mal disparo de Forlán, después de que Antonio López le robase la cartera a Konko...
El Sevilla no ataca, pero está muy encima. Parece haber varios Zokoras sobre el campo, Kanouté aguanta todo lo que le llega arriba, y Navas y Capel intentan hacer daño cuando les llega el balón.

DEMASIADO SUFRIMIENTO
Ger no para de mirarme a lo largo del partido, buscando en mí una respuesta. Lo que encuentra es a alguien aterrado, con la cara escondida tras las manos casi todo el tiempo. "Ánimo, que queda mucho", me dice, con una cara de "joder, si éste está así, mal va la cosa, sí...".
Y el cronómetro corre, y uno piensa, si empatamos antes del descanso, bien, pero si no...
Y Palop mete una mano abajo a Forlán; y luego mete una arriba y se la come, tras un corner, pero el Kun cabecea fuera. Y el descanso llega...

MÁS SUPERSTICIONES
Me quito la bufanda conmemorativa de la final de Copa porque no me está dando suerte (llevaba puesta también la mía habitual en la otra muñeca), me tiro una foto en los baños del Camp Nou, dejo más hamburguesa de la que me apetecería comer para Ger. Todo buscando el gesto correcto que nos dé el empate. Se ataca ahora en nuestra portería. Tiene que llegar. Pero no llega.
El Atleti está espeso, un disparo lejano de Tiago es lo único reseñable en veinte minutos. La entrada de Jurado por Simao (de nuevo desaparecido) da más chispa al Atleti, y una pared suya con Tiago es salvada por un defensa a corner cuando Kun esperaba para embocar.
Otro corner. Hasta nueve sacó el Atlético. ¿Cuántos remató? Sólo uno. El mencionado de Agüero antes del descanso.

ELLOS SOÑARON MÁS "DURO"
Y el tiempo vuela entre nuestros dedos, y el Doblete se escapa de nuestros sueños a golpe de puños de Palop a cada balón colgado al área. Por momentos no puedo respirar. No está tan bien esto de vivir una final en directo. Y menos así.
Y los jugadores del Sevilla comienzan a caer al suelo para perder más y más tiempo. Y las faltas, tónica habitual de todo el choque, no cesan (el Sevilla realizó el doble de faltas que el Atleti) y Raúl García volea fuera el enésimo despeje de Palop.
Entonces, cuando todo se acaba, y unos cantan de puntillas, rozando el cielo, y otros lo hacen con la agonía del preso condenado a muerte, Perea pierde el balón en medio campo ante Navas, y el de los Palacios aún tiene fuerza para pegarse una carrera de 50 metros y dejar en el camino, con sendos rebotes, a Domínguez y De Gea, y les dice a los suyos: señores, comiencen a entonar el campeones, campeones.

LA FIESTA EN LA GRADA
Y la hinchada hispalense estalla. Y entonces uno es más consciente de que apenas son la mitad que nosotros, que el Camp Nou es dos tercios rojiblanco, rojiblanco colchonero.
Pero el título es suyo. La oportunidad de dejar en el camino a un rival por objetivos directos en la última década (ascenso, UEFA, Champions, Copa) se pierde. La grandeza reciente de los del Pizjuan se revalida, y esta Copa se une a los títulos levantados hace apenas tres y cuatro años.
El viejo Atleti, por contra, coronado campeón de Europa sólo siete días antes, no es capaz de alcanzar su décimo torneo del KO, y añade a su palmarés el mismo número de finales perdidas que ganadas en Copa: nueve y nueve.
Y en la grada, en una muestra de amor a unos colores sin precedentes, los 50.000 colchoneros se desgañitan cantando a su equipo, y reeditando el campeones, campeones que muchos no pudieron cantar en directo en Hamburgo.

Y SÓLO QUIERO DORMIR...
¿Los 50.000? No. De pie, en mi asiento, en absoluto silencio, grabó con mi cámara el espectáculo de mi afición. Sobre el campo, algunos jugadores que provocaron lágrimas en mí la semana pasada, son ellos ahora los que lloran.
Yo no tengo fuerza para nada. El cansancio, los kilómetros, las ilusiones desvanecidas, dejan paso al virus que desde el pasado lunes pelea por apoderarse de mi cuerpo. Y lo consigue. Ya no hay más por lo que luchar. Ya no quedan más finales. Lo único que quiero es dormir. Sólo espero no tener que esperar otros diez años para volver a tener un sueño.

sábado, 22 de mayo de 2010

El campeón de Europa, un equipo de descartes

En primer lugar, quiero pedir disculpas a mis lectores por no haber hecho aún la crónica de la final de la Copa del Rey. Prometo tenerla para el lunes.
El miércoles, cuando finalizó el partido del Camp Nou, el virus que estaba incubando desde el pasado lunes, y al que había estado “reteniendo”, se apoderó de mi cuerpo y me mandó directo a la cama. La decepción ayudó sin duda a que mi organismo dijera: hasta aquí. El jueves, tras horas de coche de vuelta a Madrid, me acosté a las siete de la tarde hasta el día siguiente.
UN EQUIPO DE DESCARTES
Pero hoy quiero compartir con vosotros unas breves líneas sobre el nuevo campeón de Europa: el Inter de Milán.
Sobre el campo, la bandera de este nuevo Rey de Europa es Diego Milito. A sus casi 31 años, el argentino, que descendió a Segunda con el Zaragoza hace sólo dos años, no fue pretendido por ningún grande de Europa cuando sólo costaba diez millones de euros.
Samuel Etoo, delantero de indudable eficacia, fue expulsado por Guardiola por falta de “feeling”.
Sneijder, uno de los descartes del Real Madrid de Florentino enarbola ahora el juego ofensivo del campeón de Europa.
Tiago Motta, desechado por el Barça y descartado incluso por el Atleti por sus constantes lesiones y su irregularidad, se ha perdido la final por sanción, pero ha sido un habitual en medio campo.
Esteban Cambiasso, nunca llegó a tener hueco en el Madrid, aunque es cierto que era más joven.
Walter Samuel, “la Roca” fracasó con estrépito como zaguero en Chamartín.
A esta retahíla de futbolistas que salieron por la puerta de atrás de España, por unos u otros motivos, se le unen otros más cerca de los cuarenta años que de los veinte (Zanetti, Materazzi, Stankovic, Córdoba...).
A todo esto, hay que unirle por supuesto hombres de gran calidad como Lucio, Maicón o Balotelli, aunque éste último ni siquiera jugó en la final.

¿QUÉ HACE A UN EQUIPO CAMPEÓN? ¿MOURINHO?
Con estos datos, ¿qué hace entonces a un equipo campeón de Europa 45 años después? ¿El entrenador? ¿Hasta qué punto es decisiva la figura del técnico?
A sus 47 años, José Mourinho ha ganado la Champions con el Oporto, el Inter, y estuvo cerca de hacerlo con el Chelsea. Ha ganado la Liga de todos esos países y ha caracterizado a sus equipos por un indudable carácter ganador y una competitividad fuera de todo límite. Su juego rácano y cicatero va unido al éxito, y eso es lo que busca el Real Madrid.
El portugués dirá sí al Real Madrid (los propios italianos lo dan por hecho) como hacen todos cuando la mayor meretriz de lujo de toda Europa llama a su puerta. Nadie puede resistirse a sus encantos, aunque su equipo venga de ganarlo absolutamente todo.
Y yo me pregunto, ¿Con Mou pasará el Madrid entonces de octavos de la Champions?

PD: Sin Mou o con Mou, en agosto nos vemos en Mónaco

lunes, 17 de mayo de 2010

La fiesta de la UEFA, desde dentro

La última vez que el Atleti había ganado un título yo apenas era un adolescente. Acompañado de mi tío Emilio, entusiasta madridista que vive en Atocha, pude disfrutar la cabalgata organizada por Jesús Gil, con sus carruajes tirados por caballos, paseando por Madrid a las estrellas colchoneras.
Como un loco, perseguí carroza tras carroza, hasta conseguir estampadas en mi gorra del Atleti las firmas de Radomir Antic, Tomás Reñones, Caminero, Lubo Penev, Vizcaino, Juan Carlos, López, De la Sagra y Correa. Recuerdo como si fuera hoy las carreras Paseo del Prado arriba buscando a mis ídolos, cuando hacían una parada en el recorrido hacia Neptuno, antes de que los caballos volvieran a arrancar y te pisaran un pie (literalmente...).
Catorce años después, he podido repetir imágenes similares, aunque con ciertos matices relevantes.

EL DÍA DESPUÉS DE HAMBURGO
Jueves a las 14:00 horas. Suena mi despertador tras haber dormido dos horas y media, después de pasar la noche en el aeropuerto de Hamburgo y en el vuelo de vuelta.
Como y aterrizo en Telemadrid a las 15:30 horas para afrontar mi quinto día allí.
Hablo por teléfono con mi padre contándole la hazaña que ha supuesto nuestra primera UEFA Europa League. Entonces, se acerca uno de mis jefes, Joaquín, y me dice mientras continúo al teléfono: “Jose, esta tarde te voy a hacer feliz”. Voy a ir a cubrir las celebraciones del Atleti, pienso. No me lo puedo creer, cuando lo único que he hecho hasta ahora es una encuesta en el Bernabéu sobre si la gente pensaba que aún había Liga (Ja, ja, ja...).
Y efectivamente, me mandan al autobús dela prensa, que encabeza la comitiva por delante del bus descapotable de los futbolistas.
En el Calderón saludo a Antonio Ruiz, ex compañero en la SER, hecho polvo por la paliza del día anterior. Yo lo llevo mejor, el subidón de estar ahí despeja todo tipo de cansancio.
Van subiendo, uno a uno, y ves cómo para ellos también es un hito importante, grabando con sus móviles la acogida de la gente.

EN LA ALMUDENA SE ME ESCAPA FORLÁN
Entonces, empieza el baile. Primera parada, Catedral de la Almudena. Allí nos advierten de que no se puede preguntarles ni antes de entrar ni dentro del templo. “Los canutazos para después”.
Tras ofrecer a la Virgen el título y la foto oficial, comienzan las carreras tras los jugadores. No veo mi cámara, y el objetivo más a mano es Enrique Cerezo. El presidente, buen testimonio, pienso.
Tras un par de preguntas y un “yo creo que sí lo pasaremos muy bien en Neptuno porque hay muchas ganas”, me percato de que muchos de mis compañeros han cogido a otro protagonista mejor... Diego Forlán. Un escueto “enhorabuena” es lo único que me da tiempo a decirle con pie y medio dentro del autobús. Habrá que esperar a la próxima parada.
Llegamos al Ayuntamiento. Allí conseguimos hablar en condiciones con Forlán, que nos dice que él no es el protagonista de este título, sino que lo son todos.
Gallardón les hace entrega, uno a uno, de una placa conmemorativa, y uno se da cuenta del buen rollo de este equipo. No dejan salir a recoger el premio a Assunçao o a Reyes, corean el nombre de cada uno, sueltan bromas y se gritan apodos entre ellos, y la ovación es especialmente cerrada cuando el turno es para Quique Sánchez Flores.
EL ESCENARIO: ANTONIO LÓPEZ SHOWMAN
Después, un escenario ante miles de atléticos es testigo de los botes de los jugadores, que amenazan con tirar abajo el tablado, Copa incluida.
Agüero es el que se arranca con un “¿De quién, de quién? ¡De Kun Agüero papá!”, y todos comienzan a botar.
Se ofrece el micrófono a Forlán, ante los cánticos de “Uruguayo, uruguayo”, pero el Bota de Oro se resiste a hablar, entre tímido y un comentario: “Si no me vais a dejar...”.
Efectivamente, con sólo decir un “a disfrutar”, los jugadores comienzan a ovacionar.
“Saque, saque, saque, saca la camiseta”, le gritan Simao y Perea, animándole a quitarse la camisa para deleitar a las muchas quinceañeras presentes.
Ésa fue otra alegría más. Ver tanto niño y tanto adolescente del Atleti, le hacen comprobar a uno que seguimos siendo grandes. Que tendremos descendencia.
Antonio López toma la voz cantante con una serie de “Camareros...¿Queeé?” al estilo marcado por Pepe Reina tras la Eurocopa. Después, ellos mismos inician un “Bota de Oro, Perea Bota de Oro”, acogido de buen grado por el colombiano, que da saltos con la bandera de su país.
Entre los cánticos, es curioso el protagonismo que adquiere Ibrahima, que es incluso el que se lleva la Copa, pese a no haber podido disputar siquiera esta competición.
Su entusiasmo, se une al de Camacho, Domínguez, De Gea, y el propio Antonio López, en contraste con el de Tiago, algo más apartado. Lo que da buena prueba del peso de la cantera que se ha creado en el vestuario.
Aunque no me gusta tanto cuando Ibra comienza el cántico del "Agüero quédate", cuando es algo que debería darse por hecho...
A la salida, hablo con Gallardón, que cita a los jugadores para dentro de una semana, y les advierte de que, después de 14 años esperando para recibirles, no va a permitir que la siguiente vez se dilate tanto.

EL BALCÓN DE SOL
La penúltima parada es la Puerta del Sol. Aguirre les espera con una bufanda rojiblanca al cuello. Y en la plaza, miles de rojiblancos la abarrotan hasta las calles aledañas. Es sencillamente increíble.
Espero la llegada del autobús en primer plano, donde Aguirre le dice a Gil Marín que seguro que su padre lo está viendo desde el cielo.
Hablo con el propio Gil Marín, al que le transmito que ya se merecía toda esta gente una gran alegría. “Por ellos, por nosotros, por vosotros que cubrís la información del equipo”, me dice, pese a que en realidad es el primer día que tengo esta oportunidad.
Quique Sánchez Flores me dice que son unos “privilegiados”, y que la fiesta de hoy en Neptuno será “mucho mejor que la de ayer en Hamburgo”. Su sonrisa es sincera.
Como la de Domínguez, al que paro en la entrada a la sede de la Comunidad de Madrid, y me dice que para un canterano como él todo esto es increíble. Y la semana que viene a por el Doblete, le digo. “Por supuesto que sí, vamos a comérnoslos”, me responde.
También hablo con Jurado, que me asegura que aún no son conscientes de que han hecho historia, y con Reyes, que me responde con un “impresionante, amigo”.
Y pregunto a Simao, uno de los capitanes, sobre el honor de haber transportado la Copa en sus manos. “Un orgullo”, me cuenta.
En la subida camino al balcón, ahora sin micrófono, le digo a Simao que nos han dado una alegría que necesitábamos hace mucho tiempo. “Nosotros también”, me responde, y le emplazo a marcar un gol en la final ante el Sevilla. “En el Camp Nou. Sería increíble. Además, ya me toca meter”, me contesta. Como a todos, Simao.

EL CONTRASTE, PABLO IBÁÑEZ
Y en el balcón puedo contemplar Madrid teñido de rojiblanco. Los futbolistas continúan la fiesta. Y la nota triste la pone Pablo Ibáñez. Con todos botando en el balcón, él se retira. Da vueltas por la sala contigua, se asoma, sonríe. Pero no es su fiesta. Le miro a él, y miro a Perea, cantando y saltando fuera. Me da lástima por Pablo. Ambos llegaron juntos. Han vivido cinco años duros, y ahora uno puede disfrutar, mientras el otro debe irse. Habrá quién se alegre por su flirteo con el Madrid, pero viendo a ese chico espigado cabizbajo, como en una fiesta de cumpleaños a la que nadie le había invitado, a uno le provocaba una sensación agria.

NO HA CAMBIADO TANTO...
Las carreras, la lucha con el resto de medios por conseguir antes al protagonista, trajeron a mi memoria a aquel adolescente que se desgañitaba por conseguir el autógrafo de Pantic, aunque tenía que "conformarse" con el de Vizcaino, que quedaba más cerca de mi lado en la carroza. A aquel chavalillo que se marchó a casa soñando, con su gorra rubricada por sus ídolos.
El jueves pasado, no había tanta diferencia, y debía refrenarme al tener al Kun al lado, o a Forlán, para no pedirles una foto, o un autógrafo. Y tenía que cantar el "¡Campeones, campeones!" para mis adentros. Aunque no me privé de saludar alguna vez desde el balcón :D
Han pasado 14 años. Y esa temporada hubo Doblete. El próximo jueves, espero repetir. El sueño continúa.