miércoles, 30 de junio de 2010

Desde que al fútbol se jugaba sin botines...

Portugal no fue tan difícil. Se equivocó Luis Aragonés, y se equivocaron todas las voces que apuntaron a que este Mundial acabaría en fracaso para España. Y es que, salvo hecatombe ante Paraguay, la selección española igualará su mejor participación en una Copa del Mundo. Y apenas hace de aquella gesta 60 añitos.
Por entonces, el combinado dirigido por Guillermo Eyzaguirre fue cuarto sin disputar unas semifinales. Fue una Copa del Mundo curiosa aquella,
con sólo 13 de los por entonces 16 habituales participantes, ya que Escocia (y Francia como sustituto), Turquía e India renunciaron a su plaza. Los motivos fueron singulares, como el de los hindúes, que se negaron a participar si no les dejaban jugar sin botines, tal y como habían hecho en las Olimpiadas de 1948.

UN MUNDIAL DE POSGUERRA
Eran otros tiempos, en un torneo que la FIFA tenía previsto disputar en 1949, pero que tuvo que retrasarse un año porque muchos de los países europeos aún se encontraban en ruinas a causa de la II Guerra Mundial. El mismo motivo, la guerra, hizo que se prohibiera la presencia de Alemania, como “castigo” por los crímenes bélicos.
Así las cosas, se dispuso un curioso cartel de cuatro grupos: dos de cuatro, uno de tres y uno de dos. Y el primer clasificado de cada uno se pasaportó directamente para una liguilla de cuatro en la que se decidió el campeón: Uruguay, con Brasil, Suecia y España por detrás.
El famoso gol de Zarra ante Inglaterra, que todos hemos visto tantas veces repetido, fue la tercera jornada de esa primera fase de grupo y nos dio la victoria para acabar líderes, aunque nos hubiera bastado un empate.
La liguilla final fue otra historia, y sólo se pudo sacar un empate ante el campeón (2-2), para ser superados claramente por Brasil (6-1) y Suecia (3-1).
Generaciones y generaciones han pasado desde ese cuarto puesto, para que España esté a un paso de igualarlo si vence a Paraguay. De hecho, los de Del Bosque son los mayores favoritos para meterse en semifinales según las apuestas World Cup Odds, por delante de Brasil, Argentina y Uruguay.

MUY POCAS “ARMAS” EN PORTUGAL
Para ello, hubo que eliminar a la rocosa Portugal. Una selección que no mucho tiempo atrás practicaba un fútbol más alegre, pero que ahora se limita a defender y esperar a que Cristiano Ronaldo pueda desnivelar la balanza en alguna jugada individual.
Como quiera que en la selección lusa militan Tiago y Simao, dos atléticos, y en España ninguno, bromeaba en la previa con que iba con Portugal.
Pero Simao sigue al nivel de esta temporada, bajo, mientras que Tiago poco pudo hacer ante el dominio español.
La fortaleza de Ricardo Carvalho y de Bruno Alves atrás, con Pepe delante, sostiene a un equipo en el que sólo Almeida acompañaba a Ronaldo en ataque, y pasó totalmente inadvertido.

SALIDA PODEROSA
La salida de los nuestros fue muy fuerte, demostrando desde el primer minuto quién debía pasar a cuartos. Así, a los 60 segundos Torres puso a prueba a Eduardo tras buscar ángulo y pegarla desde la frontal. No volvió a aparecer.
El que sí lo hizo fue Villa, que en los diez primeros minutos exigió también, por dos veces, al portero luso.
Tras ese comienzo efervescente, la Roja volvió a su dominio acunador. Te mece y te mece, hasta que te mata.
Entre tanto, Portugal dio dos sustos. Y en ambos no me inspiró confianza Casillas. El primero fue un tiro desde fuera del área de Tiago que el madrileño despejó hacia su propia portería, viéndose obligado a corregir el error metiendo la manopla ante la llegada de Almeida para remachar.
En el segundo, despejó de forma muy poco ortodoxa una falta desde Noráfrica de Cristiano Ronaldo. Su manera de rechazarla me recordó a mi abuela intentando jugar al voley en la playa... No sé si será cosa del Jabulani, pero a Íker no le veo fino.

LLORENTE POR TORRES, MÁS MADERA
La segunda parte comenzó plana, y Del Bosque movió pronto el banquillo en un cambio muy aplaudido por todos: Torres por Llorente. O el Niño mete pronto ese gol decisivo que le haga/les haga confiar, o las críticas arreciarán.
La primera acción del otro Fernando, Llorente, fue un cabezazo que salvó a bocajarro Eduardo. Su entrada, casualidad o no, coincidió con los mejores minutos de la selección.
Y llegó el gol. Un tiqui-taca en toda regla acabó con un pase interior de Iniesta, prolongado de tacón por Xavi y rematado a la red, a la segunda, por Villa (que ya lleva cuatro).
España pudo sentenciar, fundamentalmente en una gran internada de Sergio Ramos, pero, sobre todo, dio una imagen de superioridad y de control de la situación insultante.
Desde el 1-0, en el minuto 63, Portugal no fue capaz de disparar ni una vez a puerta.
Mientras tanto, Cristiano desesperándose y echando la culpa a su técnico, en vez de bajar unos metros a intentar recibir y al menos intentar su jugada. Ésta vez, ni de “chupón” se pudo acusar al crack de Madeira.

LA HISTORIA, A UN PASO
España está a un paso de hacer historia y unas semifinales del Mundial en ningún caso podrán ser ya catalogadas de fracaso. Sin embargo, y dando por hecha la victoria frente a Paraguay (si los futbolistas no lo hacen de antemano, claro), creo que Argentina o Alemania y Brasil siguen siendo todavía demasiada tela que cortar.
De cualquier manera, el pasaporte para soñar ya está sellado, y se han ganado el derecho de apurar su estancia en Sudáfrica hasta el último fin de semana. Y eso, sólo lo han visto los más viejos del lugar.

lunes, 28 de junio de 2010

Así no, Don Luis

No soy dudoso en cuanto a mis sentimientos hacia Luis Aragonés, posiblemente el hombre más importante en la historia del Atlético de Madrid, sumando su carrera como jugador y entrenador.
No soy dudoso si se mira mi artículo sobre el España-Alemania de hace dos años que podéis leer pinchando aquí (lo he recuperado de mi extinto blog).
Justo este martes, 29 de junio de 2010, es el segundo aniversario de aquel hito histórico, y sería bonito rememorarlo eliminando a Portugal del Mundial.
Sin embargo, el entrenador que nos llevó a nuestra mayor gesta en 44 años, parece no querer que esa victoria se produzca. O al menos lo disimula muy bien.

LAS PALABRAS DEL PRIMER DÍA, PASEN
Hace dos semanas, y tras la derrota inaugural ante Suiza, Luis Aragonés manifestó que al equipo le había faltado “intensidad”, que habían salido “convencidos de que ganarían” antes de empezar, y que había sobrado “confianza” y “elogios, que le han llegado demasiado pronto”.
No le quitaría una coma a sus palabras. Pese a que España no realizó un mal partido, se le debe exigir más, y dejó huecos excesivos en defensa. De hecho, creo que somos muchos los que pensamos que todos los halagos que han llegado a la selección de todos los rincones, unidos a la confianza que da el ser el vigente campeón de Europa, podían fomentar un exceso de confianza o de creérselo demasiado, que acabara por costarnos un descalabro en Sudáfrica.
Quizá ese descalabro, de pequeña factura, fue el recibido en la primera jornada. Pero es innegable que los de Del Bosque no están al mejor nivel.

SUS DECLARACIONES, IN CRESCENDO
Sin embargo, de ahí a decir que Portugal puede ganar “no con facilidad, pero sí con cierta comodidad", y que España va a tener “muy difícil” derrotar a los lusos, va un trecho...
Vale que eran declaraciones a una televisión portuguesa, pero Luis Aragonés antes que nada es español y, como tal, no debería tirar piedras sobre su propio tejado.
Sobre todo, porque no es tan negro el panorama como lo pinta, y sus palabras destilan un sabor a resentimiento muy grande.
Luis se marchó hace dos años cuando todos sabían que, hiciera lo que hiciera en la Eurocopa, su salida ya estaba firmada. Teniendo que soportar además la sombra de Vicente Del Bosque esperando en la puerta, anunciado antes de que el de Hortaleza terminara su contrato.
Con la Copa en las vitrinas, fueron muchos los que rogaron por la continuidad de Aragonés, pero su finiquito estaba decidido por Villar y compañía desde los devaneos del Mundial. Aquel “me voy, pero me quedo” sentenció a Luis, pese a que después demostró que en el banquillo es el mejor.

NO MANCHES TU OBRA
Su despedida fue inmejorable, con un título. Dejando a España en la cima que siempre había anhelado y que jamás había ni tan siquiera rozado. Con un “Ahí tienen su Eurocopa, gracias por todo y adiós”, como ya enuncié en la crónica de aquel día.
Sin embargo, con sus palabras actuales, mancha la grandeza de su salida y lo conspicuo del legado que dejó.
Estoy seguro de que el partido ante Portugal será igualado, y de que los lusos no tienen mejor equipo que el nuestro. En cualquier caso, si la Roja se estrella, en octavos o más adelante (algo posible viendo el nivel), no debe ser Luis el que hurgue en la herida. Deben ser ellos los que se acuerden de ti, y los que acaben reconociendo el mérito de tu empresa. No emborrones la magnitud de aquella obra. No te lo mereces. No se lo merecen.

martes, 22 de junio de 2010

Vamos a sufrir

España saldó su segundo envite mundialista con su primera victoria y sus dos primeros tantos.
Tras la decepción inaugural, no hubo que esperar demasiado para cantar el primer gol de la Roja. Al cuarto de hora, David Villa rasgó la defensa hondureña con un precioso regate con el que se coló entre dos y, tras recortar a un tercero, remató la faena medio cayendo propulsando el balón cerca de la escuadra (1-0). Un golazo para disipar espectros.
En ese cuarto de hora, el asturiano (nuevo máximo goleador de España en la historia de los Mundiales) ya había reventado el larguero y había disparado en otra ocasión más. Estaba decidido a marcar y, de haber estado plenamente acertado, él solito pudo haber hecho cinco.
En la posición de extremo izquierda (Del Bosque abandonó el 4-5-1 para optar por un 4-3-3 con Navas y Villa en las bandas y Torres en punta) el Guaje rompió a la zaga rival con facilidad, principalmente en el inicio de partido.

TORRES NO EXPLOTA
La selección completó un buen primer tiempo, con un Fernando Torres que también perdonó tres oportunidades claras. En la primera, picó en exceso un centro de Navas. En la segunda, tras jugada personal, disparó a las nubes. Y en la tercera, tiró a manos del portero un mano a mano, después de un gran control con el pecho, aunque la acción fue anulada por un inexistente fuera de juego.
Pese a lo que digan los números, nunca he considerado a Villa como un goleador muy por encima de Torres. Sin embargo, en la selección, al de Fuenlabrada le atenaza cierta presión similar a la que le oprimía en el Atleti (donde también se unía la desesperación por los constantes fracasos).
Una ocasión perdonada con el 9 de España no supone lo mismo que un remate fallido en Liverpool. Allí se le esperó con el contador a cero. Sin expectativas desmedidas, ni con prejuicios. Y la respuesta fue sobresaliente.
Con la selección, tiene media España esperando sus fallos para reclamar a Llorente. O al que sea, como ya se pidió la presencia de Raúl cuando ya hacía mucho tiempo que tenía que haber abandonado la internacionalidad.
Torres no ha alcanzado en la selección la categoría de súper estrella que atesora en el Liverpool, ni la condición de indiscutible que en el Atleti. Siempre hay quien hace que le piten los oídos. Y él lo oye. Más fuerte cuando falla.
De ahí los números del asturiano (40 goles, en 60 partidos) y del madrileño (24 tantos, en 75 encuentros).

NO VEO A NAVAS
Pero Torres a un lado, la selección genera muchas dudas. A mí particularmente, la primera, la de Navas. El sevillano (jugador de indudable calidad) no ha desbordado a un solo contrario en estos dos partidos. Encara, pero no se va. Y sus centros han sido bastante desatinados.
Forzó un penalti, eso sí, al cuarto de hora de la segunda parte, pero Villa quiso ajustarlo tanto que lo mandó fuera.
Algo en mi interior me decía que lo fallaría, y que no conseguiría redondear su hat-trick. Minutos antes, diez en concreto, el asturiano había marcado su segundo tanto con un derechazo desde fuera del área y la inestimable colaboración de un defensa (2-0).

CANSANCIO, MIEDO...
Ahí se acabó España. A la que se vio cansada (pronto empiezan) y temerosa (a los corners no subían más de cinco jugadores.
Sólo el propio Villa, que falló en un rápido contragolpe (lo dicho, pudo hacer cinco), la velocidad de Mata en los minutos finales, y un mano a mano de Cesc nada más salir, hicieron incorporarse del sofá a los españoles que contemplamos cómo, de momento, vamos con lo justo.
Mirando los números de estos dos partidos (46 disparos, 24 corners, casi un 70% de posesión...) se puede hablar de una gran selección. Pero las sensaciones no son ésas. Y enfrente estaban Suiza y Honduras, que son lo que son, por mucho que Inglaterra no haya sabido doblegar a EEUU y Argelia, ni Italia a Paraguay y Nueva Zelanda. Mal de muchos, consuelo de tontos.
Cuando se recurre a la fría estadística, es que no hay nada más a lo que agarrarse. Y que le pregunten al bueno de Pellegrini a dónde le llevaron sus récords de puntos y de goles.

PESARÁN LOS NERVIOS... Y LA HISTORIA
España se juega el ser o no ser en el Mundial a una carta ante Chile. Una selección seria y ordenada a la que habrá la obligación de ganar (para aquellos que hoy iban con los chilenos).
A los de Bielsa les valdrá el empate, y habrá que rezar para que no se adelanten o que la igualada se mantenga más allá del minuto 60.
Entonces, jugarán con nuestros nervios, y la España campeona de Europa dará paso a aquella selección insegura que no sabía competir en el Mundial de hace sólo cuatro años y que fue aniquilada por Francia. Pesa más la historia que el sueño de una noche vienesa.
Espero equivocarme.