jueves, 2 de junio de 2016

Y si Dios existe, obviamente no es del Atleti

FINAL DE CHAMPIONS- REAL MADRID 1-1 ATLÉTICO DE MADRID
Goles: Carrasco. 
Penaltis: 5-3
En la vida siempre hay que elegir. Cada día, a veces cada hora, hay decisiones que marcan nuestro devenir y definen el tipo de persona que somos. Puedes decidir si eres más de rock o de música clásica; si quieres seguir estudiando o ponerte pronto a trabajar; si apuestas por lo público o por lo privado; si prefieres un Mercedes o conducir un Ibiza; si necesitas un hotel de súper lujo o disfrutas más de una acampada en medio de la naturaleza; si te gusta la comida minimalista en un restaurante tres estrellas Michelín o si disfrutas más una buena tortilla de patatas; si eres del Madrid o del Atleti...
  
TUS VALORES NOS HACEN CREER
"Tus valores nos hacen creer" era el nuevo lema que defendía la grada rojiblanca en San Siro. Enfrente, un imaginativo y nunca antes visto "Hasta el final, vamos Real".
Me contaba Diego Godín en su biografía que se había convertido en un hincha más del Atlético de Madrid porque "los valores del Atleti son mis valores: la lucha, la entrega, el espíritu de superación, el ganar las cosas a pulmón...".
Y esos valores son los que a todos nos hicieron creer que esta Champions era la nuestra.
En mi caso, soy de Getafe de toda la vida y trabajo en el Ayuntamiento de Parla, uno de los municipios más endeudados de España, pero que lucha cada día con honradez y sacrificio para salir de esa situación y volver a repuntar. Como dice mi alcalde, "gobernar en Pozuelo, donde sobra el dinero, sería muy fácil"...
Procedo de una familia humilde, en la que nunca nos han regalado nada. Me pagué mis estudios universitarios con un trabajo en el McDonalds y mis primeros trabajillos me sirvieron para costearme el carnet de conducir. Casi todo lo que he logrado en esta vida ha sido a base de esfuerzo y determinación y pocas veces las cosas me resultaron fáciles y la fortuna me sonrió a la primera.

UN VIAJE DE 15 HORAS EN FURGONETA "POR EL ATLETI"
Por eso, cuando el Atlético de Madrid llegó a esta Final de la Copa de Europa consideré que era la mejor idea del mundo hacer el viaje en furgoneta en vez de en avión. En esta ocasión sí tenía dinero para haberme permitido ese vuelo (570 euros a través de la Agrupación de Peñas..), pero me pareció obscena la idea de gastarme esa cantidad en un viaje que por otros medios me podía salir por poco más de 100 euros.  
Creo que ese trayecto en furgoneta, ese sacrificio, esa lucha, esa humildad, iban más con el modo con el que mi equipo había llegado a esa Final de la Champions y con la forma en la que quería que levantara, por fin, esa primera Copa de Europa. En cierto modo, ese viaje de 15 horas de ida y 15 horas de vuelta (sin contar paradas) era mi "penitencia" con la que ganarme ese trofeo.
Y los otros coches, caravanas o furgonetas con los que nos cruzamos en ese largo trayecto me reafirmaban en que el camino era el correcto: el 90% eran del Atleti, ataviados con sus camisetas, sus banderas o sus bufandas rojiblancas ondeando al viento.

PERO EL 75% DE LA GRADA ERA DEL MADRID
Pocos madridistas eligieron ese modelo de viaje. Sin embargo, a mi llegada a San Siro pude comprobar con perplejidad cómo el porcentaje cambiaba de forma ostensible: el 75% de los ocupantes de la grada iban vestidos de blanco. Dejando a un lado nuestro fondo, todo lo que abarcaban mis ojos estaba teñido de blanco en unas gradas que, para más inri, tenían mucha similitud con el Bernabéu.
Pese al enfado inicial, no lo vi como algo especialmente negativo, ya que, al fin y al cabo, al Atleti se le da bien ganar finales en el Bernabéu. Así que me pertreché del optimismo que había defendido en las semanas previas a la gran cita y me apresuré a decirle a un niño de diez años una fila delante de mí que la de esa noche sería su primera Champions. "¡La mía también!", me replicó su padre. "Ya bueno, pero tú ya eres muy mayor. Deja que felicite al niño", le respondí divertido.

UN NUEVO GOLPE, MUY PRONTO
Por desgracia, las bromas, y el optimismo, duraron poco. Al cuarto de hora, una falta lateral de Kroos era peinada por Bale, y Sergio Ramos (en ligero fuera de juego) gana la partida a Savic y marca casi sobre la línea de gol. Que el tanto con las reglas del juego en la mano debió ser anulado, es algo indiscutible. Pero no lloraré una Champions perdida por una decisión arbitral que cuanto menos era complicada. Hay otros muchos motivos para llorar.
El gol parecía sumarse al marcado por el propio Ramos en el 93... y a la derrota en Lisboa... y a la Copa de Europa perdida en el 74... Y las lagrimas, de hecho, aparecieron en algunos en la grada. Una grada, al menos en mi sector, que durante muchos minutos enmudeció. "¡Vamos coño, que esto parece un funeral!", gritó puesto en pie mi compañero Peris, con el que tuve el honor de presenciar la Final. Sus palabras me hicieron darme cuenta de que ya habría tiempo para llorar, si tocaba. Que entonces era uno de los escasos 20.000 afortunados colchoneros que podrían presenciar esa cita en directo, y debía dejarme la garganta alentando a mi equipo, por mucho que mi corazón estuviera encogido.

EL DESCANSO Y EL PENALTI ME HICIERON VOLVER A CREER
Así que cuando llegó el descanso me fui a los baños de San Siro, me lavé la cara, me mojé el pelo, y me decidí a darlo todo los siguientes 45 minutos.
Y según volví a mi asiento, al minuto de juego, penalti a favor del Atleti. Pepe arrolla a Torres y el árbitro pita. "¡Nunca dejes de creer, joder, nunca dejes de creer!", me dije entonces. Pero volví a derrumbarme. Griezmann, habitualmente bastante fiable desde los once metros, pegó un zapatazo al larguero en vez de lanzar con más sangre fría. Seguíamos por debajo...

CARRASCO DESNIVELÓ LA CONTIENDA
La entrada de Carrasco en el segundo acto, unida a la lesión de Carvajal (entró Danilo), desniveló la balanza de nuestro lado. El belga hacía daño y en una colada suya a punto estuvo de marcar Saúl. Pero los minutos pasaban, el Atleti dejaba más huecos atrás, y en una contra mortal Oblak salvó un mano a mano a Benzema con metros para pensar (y para sufrir para la afición colchonera).
Y en el 78 se produjo el "milagro". Gran pase picado de Gabi (ENORME el partido del capitán), asistencia de Juanfran y Carrasco se anticipa a Danilo y fusila a Keylor a bocajarro (1-1).
Y entonces exploto con la alegría y la rabia incontenibles de algo que parecía perdido. Me abrazo a mi amigo Chechu casi con desesperación, ambos puestos en pie junto a la valla que marca la "visibilidad reducida" del sector 206 del fondo norte de San Siro. Había Final. Había justicia. Podíamos seguir soñando.
PAPELES CAMBIADOS RESPECTO A LISBOA
Entonces el escenario era otro. Los papeles se habían cambiado respecto a Lisboa. El Atleti era ahora el que resurgía más fuerte. La inercia de levantarse estando por debajo le insuflaba más ánimo. Tenía más la pelota, su medio campo mandaba y se jugaba más cerca de la portería del Madrid. Pero el gol no llegó. Y en el minuto 92:24 (no el 92:48) Sergio Ramos volvió a ganar la Final para su equipo. Después de que Carrasco se marchara en un eslalon de Modric y Casemiro, y galopaba en una carrera que era un dos para uno de él y Griezmann contra Danilo, Ramos le caza por detrás, sin apenas opción de tocar el balón, y corta un contragolpe que podría haber acabado en gol. El árbitro lo resuelve con amarilla, y con esta acción se llega a la prórroga...

EN LA PRÓRROGA PUDO EL MIEDO A PERDER
El tiempo suplementario fue similar, sobre todo los primeros quince minutos. Con un Atleti más entero, más fresco, más volcado, sustentados en un Carrasco que ganaba cada acción por su banda. Pero en la segunda mitad de la prórroga, los rojiblancos no supieron o no quisieron ir a por el partido. El miedo a perder pudo más que el ansia de ganar, y el resultado ya no se movió.

Y YO, REZANDO
Y yo me pasé toda la prórroga y todos los penaltis rezando. Pidiéndole a Dios que por favor, esta vez sí, nos hiciera campeones de Europa. Le hice todo tipo de promesas a cambio. Dejar de beber, ser mejor persona, dejar de llegar tarde a los sitios, ayudar más en casa, cuidar más de mi familia...

MIL RAZONES POR LAS QUE LA MERECÍA EL ATLETI...
Y le di mil razones por las que el Atleti merecía más esa Copa que el Real Madrid. Porque ellos tienen diez y no saben valorar lo que vale ese trofeo; porque según ganaron la décima ya estaban hablando de la undécima, ya que no saben disfrutar de sus triunfos; porque conozco madridistas que no ven los partidos de la liguilla de la Champions de su equipo "porque no tiene interés", incluso no presenciaron la ida de los cuartos "porque es el Wolfsburgo", cuando nosotros dejamos incluso de comer para ver el partido contra el Astana (a las cuatro de la tarde); porque cuando ganan dicen aquello de que "la Champions es nuestra competición" o "va en nuestro ADN", pero cuando pierden es porque "han tirado" tal o cual partido; porque nosotros habíamos eliminado a los dos últimos campeones de Europa (Barça y Bayern), mientras ellos se habían cargado a dos equipos que jamás han jugado ni una Final (Wolfsburgo y Manchester City); porque nunca antes, jamás, ningún equipo había perdido sus tres primeras finales de Copa de Europa (las tres en la prórroga...), mientras ellos ya habían vencido en diez de sus trece finales; porque el madridista medio presume de haber visto cinco Copas de Europa "con sus ojitos", cuando tanto en la final de Lisboa como en la de Milán estaban sentados en el sofá de su casa y hay temporadas enteras en las que lo más cerca que están del Bernabéu es tomando un cubata en Avenida de Brasil; porque cada año tienen a su favor un presupuesto que casi quintuplica el nuestro, el apoyo de todos los medios y el favor de las instituciones...; porque mientras nosotros tenemos el valor de situarnos entre la minoría (en mi colegio éramos dos de 24 del Atleti... en mi equipo de fútbol sala somos dos contra ocho...), ellos celebran sus victorias y se ríen las gracias mutuamente arropados en el calor de la mayoría; porque donde ellos son lo mismo, son lo común, son "del que gana", nosotros somos lo diferente... y hay que tener mucho valor para atreverse a ser diferente...

PERO DIOS  NO ME ESCUCHÓ
Pero no me escuchó. Dios no me escuchó. Juanfran estrelló en la madera el penalti decisivo. Una persona abnegada, trabajadora, que se ha hecho así misma. Uno de esos hombres que pocas veces luce, pero que se sacrifica por el beneficio del grupo. Un extremo talentoso que renunció a las florituras individuales en ataque para triunfar en su carrera con la lucha por tapar su defensa en pos del éxito colectivo. Alguien que cambió la presunción de superioridad de lo blanco por la nobleza y el espíritu de sacrificio de lo rojiblanco.
Y entonces vino Cristiano... El mismo hombre que hace dos años, con todo decidido, se quitó la camiseta para mostrar a Europa su cerebro, pero ni celebró el decisivo 1-1 de Ramos. Una persona que días antes había manifestado que le había "jodido" perder la Bota de Oro, pero en cambio no le había molestado perder la Liga y la Copa "porque iban a ganar la Champions"...  Alguien que tras la victoria del sábado dijo "ya le había dicho a Zidane que marcaría el gol del triunfo", cuando su único mérito fue tirar el último penalti...
Un hombre que necesita llenar de trofeos sus estanterías para paliar su enorme vacío interior... ese hombre, que tiene su propia colonia y su marca de calzoncillos, una multinacional en cuerpo de Madelman, sí anotó la pena máxima final... y digo bien, pena máxima, porque jamás un lanzamiento desde los once metros provocó al mundo más pena que ése...

Y LLORÉ MI DESVENTURA
Entonces me levanté, como un resorte, y me marché de la grada, donde había visto en cuclillas la
tanda de penaltis. Y en los pasillos exteriores de San Siro, mirando al cielo de Milán, me refugié en una columna para llorar amargamente mi desventura. Y maldije a Dios por querernos tan mal, por ser tan injusto, por darnos tan poco tras haber luchado tanto, por repartir de modo tan injusto alegrías y tristezas sin tener en cuenta el esfuerzo, el mérito y la perseverancia de cada uno. Le maldije por estar lanzando al mundo un mensaje tan, tan poco ético: que al final siempre ganan los mismos, que no importa lo que te esfuerces, que el creer y el trabajar no es suficiente, que con la humildad, el sacrificio y la nobleza no se llega más lejos que con la prepotencia, el poder, el favor de las altas instancias y el dinero; que el camino más fácil al final es siempre el más directo a la meta, y que no vale la pena recorrer penurias, heroicidades y luchas hasta la extenuación, para que en el momento decisivo se acabe muriendo en la orilla.

OTRA VEZ LA MISMA PELÍCULA
Hace dos años escribí que el final de Lisboa fue la típica americanada con once héroes conquistando el mundo y Florentino Pérez y José María Aznar abrazándose en la grada, una película que ya habíamos visto diez veces (ahora once); y por el otro, el clásico dramón en el que el perdedor carismático, el atractivo desdichado, el ganador moral, muere entre la lagrimada general, bajo la promesa de una revancha futura que se apunta en el debe del destino.
Entonces, ya dije que esa película, aunque yo no la vi, la echaron hace 40 años y a mí ya me la habían contado. Y pedí que me devolvieran el dinero, porque no sabía si tendría fuerzas, ni ánimo, ni tiempo... para ver la trilogía...
La trilogía tardó sólo dos años en llegar. Y volvimos a ir todos. No faltamos ni uno. Henchidos del "si se cree y se trabaja, se puede", confiados en el "nunca dejes de creer". Pero el final ha vuelto a ser el mismo. Y si entonces dije que era posible que pronto volviéramos a vernos en otra igual, ahora, lo lamento muchísimo, no lo siento igual.

TIEMPO Y ORGULLO
El tiempo cicatrizará las heridas, pero no las cerrará. Cuatro días después, al menos he tenido el ánimo de publicar este post que llevo escribiendo desde el martes (antes no tuve fuerzas para ponerme al teclado) sin ser capaz de acabarlo.
Es muy duro volver a la casilla de salida después de tanto esfuerzo. Pero si hay algo de lo que sí sentirse orgullosos es de que el modelo, nuestros valores, están intactos. Y son los acertados. Sustentados en ellos, se puede volver a empezar. 
Hay otros, en cambio, que son tan pobres que sólo tienen copas.    

jueves, 26 de mayo de 2016

La nuestra

El 24 de mayo de 2014 parecía el día. 40 años después, tocaba la tan anhelada venganza a la afrenta de Schwarzenbeck. El homenaje que tanto merecía Don Luis Aragonés, además en el año de su muerte, después de que se fuera a la tumba con el pesar de no haber podido levantar aquella Copa de Europa (“Debí ir yo a aguantar ese último córner en vez de Gárate. Él era demasiado buena gente”, se reprochaba el 'Sabio de Hortaleza' después de esa final). El rival debía haber sido el propio Bayer Múnich. Pero se coló el Madrid...
Un año después, se repitió la historia. Fue en unos cuartos esta vez. Menos doloroso. Pero nadie olvida tampoco aquella expulsión rigurosa de Arda y el gol de Chicharito con el tiempo casi cumplido (fue el día de mi cumpleaños...). Un año en el que al Real Madrid se le había ganado TODO: Supercopa, eliminados de Copa, victorias, 4-0 incluido, en Liga...
Pero esos cuartos de Champions sirvieron para que los madridistas, prepotentes como siempre, sacaran su eterna cantinela: la Champions es nuestra competición... Lo demás son minucias...
AQUELLOS CALAMBRES DEL CHOLO
Hubo otros desengaños en la Copa de Europa entre medias de ambas. La mayoría recordamos aquel zurriagazo de Dani Carvalho (más tarde rojiblanco) que enmudeció al Calderón en el minuto 99 de la prórroga. Era 1997. También en unos cuartos de la Champions. Contra el Ajax. Unos cuartos en los que el Cholo Simeone, de corto y en el campo (donde nunca ha dejado de sentirse), tuvo que retirarse en el minuto 113 porque a sus 27 años aún sin cumplir los calambres le impedían dar ni un solo paso más.

NO HACE TANTO, LA CHAMPIONS QUEDABA GRANDE
O muchos aún tenemos frescos en la memoria los dos goles de Lisandro en el 2009. Y esa enorme rabia contenida y esa pregunta eterna y sin respuesta de por qué Abel dejó a Forlán en el banquillo de Oporto aquella noche en la vuelta (sacó de titular a Sinama...).
Las goleadas del Chelsea (4-0) o del Oporto (0-3) sólo un año más tarde (la 2009-10, lo que nos llevó de rebote a nuestra primera Europa League) parecen muy lejanas en un tiempo en el que al Atlético de Madrid la Champions le quedaba grande.

SABÍA QUE IBA A VOLVER
Hoy el Atleti es el grande. En la Champions, en Europa, y en el mundo. Lo dije en septiembre de 2014: el Atleti repetirá una final de Champions. ¡Ojo! En septiembre de 2014. Tras perder 3-2 con el Olympiacos. Basado en la estadística, desde que la Champions es Champions (1993), hasta seis equipos habían repetido final durante, al menos, dos temporadas consecutivas: Milán (1993, 1994 y 1995); Ajax (1995 y 1996); Juventus (1996, 1997 y 1998); Valencia (2000 y 2001); Manchester (2008 y 2009); y Bayern (2012 y 2013).
Y otros seis clubes habían jugado al menos dos finales en tres temporadas: Real Madrid (1998, 2000, 2002); Milan (2003, 2005 y 2007); Liverpool (2005 y 2007); Barcelona (2009 y 2011); Manchester (2009 y 2011); y Bayern (2010, 2012 y 2013).
Ahora Real Madrid y Atlético lo han vuelto a hacer (2014 y 2016). 

ALGUNOS LO SABÍAN DESDE EL PITIDO FINAL EN LISBOA
Juanfran lo sabía y así me lo dijo en mi libro: "Vamos a volver a estar en una final de la Champions y la vamos a ganar".
Y Diego Godín piensa del mismo modo: "La historia del Atlético de Madrid está hecha para levantar una Liga de Campeones. Sólo falta esa página y seguro que lo vamos a lograr".
El Atleti desea muchísimo más esa Champions que su rival. Desde que el árbitro Björn Kuipers pitó el final del partido de Lisboa, algunos futbolistas rojiblancos ya sólo estaban pensando en volver. El ejemplo son estas declaraciones de Juanfran, nada más terminar la final, en las que manda un mensaje contundente a la afición: "Que estén tranquilos, que volveremos a jugar una final de Champions".


NADIE, NUNCA, PERDIÓ SUS TRES PRIMERAS FINALES DE COPA DE EUROPA
Y ya estamos aquí. Y dos años no son nada. Y en ese tiempo nuestro bagaje contra el Real Madrid es casi inmejorable (cinco victorias, cuatro empates y una única derrota). Y no queda otra que ganar, porque siguiendo con la estadística, nunca, nadie, jamás, en la historia, ha perdido las tres primeras finales de Copa de Europa que ha jugado. Sólo tres equipos han jugado dos finales perdiendo ambas (Stade Reims, Valencia y Atlético de Madrid) y clubes como la Juventus o el FC Barcelona ganaron a la tercera que jugaron.

LO QUE NO TE MATA TE HACE MÁS FUERTE
Dice el refrán que lo que no te mata te hace más fuerte y, como dice mi colega Peris, al Atleti lo de Lisboa obviamente no le mató. También lo dijo Juanfran: "Estoy seguro de que esa final nos hizo más fuertes a todos dentro del grupo".
Y el Cholo, enormemente inteligente a la hora de utilizar las palabras para motivar a sus futbolistas y descargarles de presión, no habla de venganza o de revancha, sino de nueva oportunidad. Y a mí me viene a la cabeza una brillante cita en este sentido del novelista francés Víctor Hugo: El futuro tiene muchos nombres: para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad...

Y LA OPORTUNIDAD ES AHORA
Y la oportunidad es ahora. El futuro se escribe en rojo y blanco. Por el espíritu de Luis Aragonés. Por todos los minutos 93. Por el "Se busca rival digno para derbi decente". Porque cada futbolista con la rojiblanca acabe con los mismos calambres que terminó Simeone en su último partido de Champions con la rojiblanca. Por jugar cada partido como si fuera el último. Porque nunca dejes de creer. Porque si se cree, y se trabaja, se puede. Porque Atleti yo te amo, contigo a la final.

PORQUE SOMOS DIFERENTES
Porque su estrella, hace dos años, celebró un 4-1, de penalti, con todo decidido, en el minuto 120, quitándose la camiseta y enseñando a toda Europa su cerebro, cuando media hora antes estuvo “muy cansado” para celebrar el decisivo 1-1 de Sergio Ramos.
Mientras que nuestra estrella, el Niño, ha vuelto para jugar ESTE partido, y proclama al mundo que es el encuentro más importante de su vida, habiendo jugado otra final de Champions, o de Eurocopa... o de un Mundial.
Porque somos diferentes. Porque no es lo mismo ganar con su estilo, que con el nuestro. Porque nuestros corazones laten distinto. Porque somos de otra especie.

PORQUE ESTÁ ESCRITO
Porque, como dice mi amigo Santi Riesco, lo del sábado es sólo un título. El premio es ser del Atleti. Pero este sábado, el premio va a ser doble. Porque es justo. Porque se lo merecen. Porque ya toca. Porque luchan como hermanos. Y porque ésta, es LA NUESTRA. Y la van a ganar. Y la van a ganar bien. Está escrito.

lunes, 9 de mayo de 2016

Y esta vez va en serio: adiós

JORNADA 37- LEVANTE 2-1 ATLÉTICO
Goles: Fernando Torres.
El pasado jueves tuve la suerte de acudir a la primera jornada de Cultura en rojo y blanco, donde tuve la oportunidad en una charla de conocer facetas muy interesantes de Filipe Luis (es cinéfilo, apasionado por las series y la lectura, y un tipo culto. Los medios hacemos algo mal cuando somos incapaces de dar a conocer a la persona, más allá del futbolista. Y más cuando sobresale) y de disfrutar de una noche sabinera con Pancho Varona.

Lo hice en muy buena compañía, rodeado de buena gente atlética. Entre ellas, un chico al que he conocido gracias a mi libro de Godín, y que se declara seguidor de mi blog, me comentaba acerca de nuestras posibilidades de ganar la Liga: "Y eso que te pasaste un montón de partidos diciendo: adiós a la Liga. Después de pinchar con el Sevilla, el Barça, el Sporting... Escribías: la Liga está perdida...". Y era verdad.

¿CUÁNTAS VECES DIJIMOS ADIÓS?
Lo pensé durante unos segundos y me dije: tiene toda la razón del mundo. Soy de los que vio la Liga totalmente perdida en múltiples ocasiones, porque jamás imaginé que el Barça fuera a fallar tantísimo. Y repasando mis titulares, uno constata que me dejé llevar por el pesimismo (justificado): "Miedo", titulé tras el 0-0 con el Sevilla; "El orgullo intacto, la Liga perdida", tras caer en el Camp Nou; o "Decir adiós", tras la inesperada derrota en El Molinón. En muchas de esas crónicas, incluso en posteriores cuando la cosa parecía más cerca (en "Mantener viva la ilusión", tras golear 5-1 al Betis) mi diagnóstico era claro: la Liga era un im-po-si-ble. Y es mejor no empeñarse cuando algo es imposible. Sin embargo, un atlético jamás se rinde, y el lema del "Nunca dejes de creer" es el que nos ha llevado a llegar tan lejos.

NO SE PUEDE JUGAR A DOS BANDAS...
La Liga es el día a día, esa ilusión que te lleva a levantarte con fuerza cada mañana y con un objetivo que perseguir. Es la gasolina que te da vida. El Atleti ha estado luchando por esa ilusión durante más de ocho meses. Pero no se puede jugar a dos bandas. Eso está al alcance de muy pocos, y este Atleti, al fin y a la postre, ha perdido la Liga contra dos equipos que el año que viene estarán en Segunda, el Sporting y el Levante, porque venía cansado física y mentalmente de haber estado peleando por su otro amor sólo tres días antes: visitó El Molinón la semana después de la prorroga y la interminable tanda de penaltis con el PSV, y este domingo cayó en Levante tras la maratón futbolística vivida en Múnich.

COMO SI HUBIERAN JUGADO CON NOSOTROS
Y esta vez ya es de verdad. El adiós es definitivo. Las matemáticas no engañan y la puerta de la Liga está cerrada. En cierto modo, es como si el FC Barcelona hubiera jugado con nosotros. Falló de forma consecutiva cuando nadie lo esperaba. Empató en Villarreal y perdió de forma encadenada con Real Madrid, Real Sociedad y Valencia. Se acercó a nosotros hasta el máximo límite que pudo hacerlo (empatado a puntos, sólo salvado por el goal average), nos puso la miel en los labios, pero cuando ya no podía permitirse ni un fallo más... volvió a alejarse. Desde entonces, 21 goles a favor y cero en contra (0-8 al Depor, 6-0 al Sporting, 0-2 al Betis y 5-0 al Espanyol) son números más que contundentes que hablan a las claras de que, aunque lo pareció durante algún tiempo, este Barça no quería regalarnos la Liga. Tuvo sus dudas (muchas), nos hizo ilusionarnos, pero a la hora de la verdad, se marchó. Y la Liga, pues, se va con otro, ya que, pese a que el Madrid sigue por medio, los culés no van a pinchar ante un Granada que goleó en Sevilla (partido amañado, por cierto) y se ha salvado matemáticamente.


EL GOL TEMPRANERO NO AYUDÓ
Y eso que el Atleti marcó en el minuto uno en el Ciutat de Valencia. De nuevo funcionó la conexión Koke-Torres. El vallecano asiste en profundidad y el fuenlabreño se la pica a Mariño en la salida (0-1). Y durante seis minutos, soñé con un Atleti campeón. Lo que tardó Messi en sacarnos del sueño con un golazo de falta en el Camp Nou. Pero en realidad el Atleti no despertó. El Atleti siguió durmiendo. El tempranero tanto hizo a los rojiblancos confiarse, dando la victoria por segura. Pero el Levante no se rindió. Y no puede ser que un equipo descendido a Segunda también acumule más posesión que tú (55%-45%).

UN LEVANTE MUY "PROFESIONAL"
No es cuestión de llorar ahora, pero el Atleti ya estuvo a punto de perder la Liga hace dos temporadas ante un Levante que no se jugaba nada (acabó décimo) y este domingo la perdió definitivamente. Lo que algunos aplauden como comportamiento profesional a mí me huele a otra cosa...
A la media hora de juego, en una gran internada del colombiano Cuero, Casadesús cabeceó inapelable a la red (1-1). No reaccionaron los colchoneros antes del descanso, a excepción hecha de una colada de Correa que cerca estuvo de introducirse en propia puerta David Navarro. Pero menos aún despertaron en el segundo acto.

INOPERANCIA Y SUICIDIO
Simeone sacó a Griezmann y a Carrasco por Correa y Augusto, y todos esperábamos un efecto similar al del partido con el Rayo (Griezmann marcó según entró). Pero no ocurrió. Los minutos iban pasando y la inoperancia del Atleti crecía. Las piernas estaban pesadas y las ideas eran nulas.
Sólo en el último cuarto de hora los rojiblancos tocaron a rebato, pero apenas les sirvió para que Mariño se luciera ante Griezmann, tras una buena contra conducida por Carrasco.
Y el Atleti se suicidó. Volcado, cada contra del Levante se producía en superioridad y parecía mortal... Hasta que nos mató. En el 89, dos para uno de Morales y Rossi contra Savic (lento) y el italiano define para poner el 2-1 y, para más inri, quitar el récord de Zamora menos goleado de la historia a Oblak (ahora con 18 goles está igualado con los números de Liaño en la temporada 1993-94).

CAMPANA Y SE ACABÓ
Así que se acabó. Ahora sí. Como Simeone (sancionado) desde una ventana por la que presencias ese cumpleaños al que no te han invitado y no te dejan pasar, el Atleti dijo adiós a la Liga.
Fue bonito mientras duró. Muy bonito. Llegar con opciones hasta la penúltima jornada ha sido algo que hace dos meses nadie habría imaginado. Pero toca despertarse. Hay que levantarse y afrontar nuevos retos. Porque, por fortuna, este Atlético que nunca deja de creer siempre tiene un nuevo reto al que agarrarse. Una nueva meta por la que pelear para levantarse de una decepción. Y, como ya dije la semana pasada, si la vida es justa (y a veces lo es) el Atleti conseguirá su premio dentro de tres semanas. Porque, a veces, cada uno recibe lo que merece. Y ahora más que nunca, en esto, no quiero dejar de creer.