viernes, 2 de diciembre de 2016

Vuelve la sonrisa del defensa con alma de delantero

Recordaba uno de los mejores amigos de Godín, Esteban Bertinat, en mi libro “Diego Godín, Coraje, corazón y cabeza” cómo un año, en las categorías inferiores de Estudiantes de Rosario (el equipo de su ciudad natal), “Diego llegó a marcar diez goles en un partido”. “Se me quedó grabado”, confesaba boquiabierto.
Su primer entrenador, Víctor Carlin, que le guió cuando apenas levantaba dos palmos del suelo, nos contaba que en sus primeros años como futbolista “Diego era cada temporada el máximo goleador del equipo y todos los años andaba peleando el Pichichi de la categoría”.
Fue ya con 17 cuando William Lemus, el entrenador que rescató a Diego Godín para el fútbol, lo situó por primera vez como zaguero en el Atlético Cerro. Y Diego rememoraba lo mucho que le costó adaptarse a ese puesto y lo mucho que Lemus tenía que atarle: “Yo agarraba la pelota y me iba para arriba. Tiraba paredes, iba driblando… y Williams se enojaba conmigo y a mí más me fastidiaba, así que otra vez me iba para arriba. Y hacía goles. Y mis compañeros me insistían en que tenía que jugar arriba”.

EL CHOLO TAMBIÉN TUVO QUE FRENAR SU ESPÍRITU DE DELANTERO
Por entonces, aquello era la tónica habitual. El pan de cada día. El “partido a partido”… Pero ese “vicio” por sumarse al ataque lo ha seguido manteniendo hasta bien crecidito… Vamos, que todavía lo tiene. El propio Cholo Simeone tuvo también que frenar ese ímpetu.
En la primera temporada del técnico argentino en el Atlético de Madrid, el equipo empataba a cero en Zaragoza en un partido espeso. El tiempo expiraba sin que los rojiblancos fueran capaces de llegar con claridad, y en el minuto 93 Godín hizo un penalti a Helder Postiga que supuso la derrota.
Al día siguiente, en Majadahonda, Simeone tuvo una charla individualizada con Godín en la que le dijo lo siguiente: “Hiciste ese penalti porque quieres hacerlo todo. Quieres resolver lo tuyo y lo que tus compañeros no hacen. Y no puedes hacerlo todo. Vos tienes que hacer bien lo tuyo, defender. Y si los compañeros no hacen los goles, que no hagan los goles ¡No pasa nada! Pero no es lo mismo empatar que perder. Y perdimos por un penalti que hiciste vos por querer ir de delantero, querer jugar de mediocentro, querer ir arriba… Y cuando te toca defender, estás cansado. Lo que a ti te parece que es ayudar al equipo, en realidad le estás haciendo mal”.
Godín asegura en el libro que ese consejo se le quedó grabado. “Fue una gran charla y me sirvió mucho para mi carrera, para seguir creciendo”.

ESE DIABLILLO QUE LE SUSURRA "SUBE, SUBE..."
Sin embargo, Diego jamás ha dejado de sentir ese gusanillo que le llama a buscar la portería rival cada partido. Lo que en mi libro definí como un diablillo que incita a Godín a tirarse al monte y subir para arriba, tirando paredes y driblando contrarios, como cuando era un “botija” (niño en uruguayo). Como aquel golazo que marcó contra el Valladolid en el Calderón en septiembre del 2012, tras una pared con Koke y picársela al portero en su salida (el único gol con el pie y en jugada de los 20 tantos que suma con la rojiblanca).

GODÍN SIENTE CADA CÓRNER COMO "UNA JUGADA PARA MÍ"
Una de esas tardes que pude compartir con Diego en el salón de su casa charlando sobre el Atleti, sobre el fútbol y sobre la vida, no pude evitar sonreír por dentro al confirmar ese ansia que Godín experimenta en cada jugada a balón parado para conseguir mandarlo a la red. Cuando le transmití cómo en cada córner o falta cerca del área crecía un rumor en las gradas del Calderón “Gol de Godín, ahora viene el gol de Godín”… esto fue lo que me respondió: “La gente lo dice y yo lo vivo así –me reconoció con una sonrisa plena-. Soy defensor, pero siempre tengo ganas de hacer gol. Así que cada vez que hay un centro a pelota parada o un córner, lo vivo como si fuera una jugada especialmente para mí, porque siento que puedo marcar. En un partido son contadas con los dedos de una mano las situaciones que puedo tener, así que siempre lo busco”.  

VOLVIÓ A EXHIBIR SU SONRISA EN EL SADAR...
La misma sonrisa plena que pudo exhibir el pasado domingo en El Sadar, cuando, por fin, después de casi un año, Godín pudo volver a marcar un gol con la camiseta del Atlético de Madrid.
“¿Por qué todos los jugones sonríen igual?”, se preguntaba Andrés Montes. Y no hay sonrisa más feliz y radiante que la de Diego Godín cuando consigue marcar.
Lo hizo de cabeza, como (casi) siempre (Ha marcado con la testa 18 de sus 20 goles con la rojiblanca). Lo hizo tras un saque de esquina, como (casi) siempre (Ha anotado tras un córner once de sus 20 goles como colchonero). Y lo hizo a pase de Koke, como (casi) siempre (Koke es su máximo asistente en el Atleti con cinco asistencias, las mismas que le ha dado Gabi).

...Y SE LO DEDICÓ A MOYÁ
Lo hizo con su habitual salto poderoso, ganando la partida a Oriol Riera, y machacando el balón a la red dentro del área chica (0-1). Según marcó, salió corriendo como un poseso, apartando a sus compañeros del camino, y se lo dedicó a Moyá en el banquillo, que le dijo antes del partido que esa tarde marcaría.
Sólo un minuto después, Gameiro puso el 0-2 finalizando un buen mano a mano. Y Carrasco redondeó la goleada en el 90 tras un fallo de la zaga pamplonica (0-3).
Pero el partido lo desatascó Diego. Se le da bien El Sadar. Muy bien. No en vano, allí marcó su primer gol en España, con el Villarreal (el 6 de octubre de 2007); y allí marcó su primer gol en Liga con el Atleti (antes había hecho dos en Copa y en UEFA) y su primer gol con el Cholo (el 30 de enero de 2012).

SE CUMPLE UN AÑO DE NUESTRA PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE GODÍN
Ya tocaba. Hacía casi un año de su último gol con la rojiblanca. El 5 de diciembre de 2015, en Los Cármenes contra el Granada. Curiosamente, sólo tres días después de que presentásemos su libro en un centro comercial de Alcorcón
Jamás olvidaré ese día. Hoy se cumple un año. Un día en el que Godín también lució su máxima sonrisa cuando, después de intercambiar una mirada conmigo y escapársenos a ambos una sonrisa pícara, expresó que esperaba que hubiera una segunda parte del libro “con algo que tanto deseamos los atléticos como es la Champions” (VÍDEO de la presentación). “Va a haber tiempo para eso”, añadió. Estoy seguro.
Porque Diego vuelva a exhibir muchas más veces su sonrisa con la camiseta rojiblanca. Porque su sonrisa es la nuestra, y nos la contagia a los demás.  

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Cerrado por derribo

JORNADA 12- ATLÉTICO 0-3 REAL MADRID
Dicen en los medios que el sábado se disputó el último derbi madrileño en el Vicente Calderón. Si el siempre caprichoso bombo de la Champions, la Copa, o algún retraso en las obras de La Peineta y sus aledaños no lo impiden, así será. Y la despedida de los Atleti-Madrid en el añejo estadio del Manzanares no pudo ser más amarga.
Fue, por desgracia, un buen resumen de lo que han sido los derbis en esta cancha en los últimos quince años, donde el Real Madrid (con ésta) se ha impuesto en once ocasiones.
Fue también un triste epílogo del poderío demostrado por Cristiano Ronaldo en el coliseo rojiblanco, donde, con los del sábado, ha hecho diez goles.

CRISTIANO YA NO ES "THE ANIMAL", PERO SUMÓ OTRO HAT TRICK
Sus cifras en el Calderón no eran mareantes hasta el sábado: diez derbis (cinco de Liga, tres de Copa, uno de Supercopa y uno de Champions) y siete goles (tres de ellos de penalti).
Sin embargo, su hat trick recordó, aunque sólo en los guarismos, al que logró en un 1-4 un lustro atrás. Entonces, titulé mi crónica “Moros y Cristianos”, comparando al portugués con Don Pelayo y reconociendo que él solito conquistó el Vicente Calderón. La foto con la que ilustré el post fue una pancarta con la imagen del luso y el lema “Ronaldo, The animal”. Ese día, su voracidad, potencia y contundencia arrollaron a un Atlético que, Cristiano aparte, sí plantó cara a los blancos.
Esta vez poco tuvo que ver con aquel choque impresionante del portugués (en el que marcó dos golazos de tremendos cañonazos. El tercero fue de penalti, que nunca puede faltar), pero le sirve para marcharse del Manzanares con una decena de goles en su haber. Repito, cuatro, casi la mitad, desde los once metros. No voy a molestarme en buscar el dato, pero es posible que Cristiano no haya marcado más goles de penalti que en el Calderón en ningún estadio, exceptuando el Bernabéu, claro.

EL MADRID FUE MEJOR
El Madrid no ganó el derbi del Calderón por Cristiano, aunque firmase todos los goles. Lo ganó porque fue mejor. O, en este caso, porque el Atleti fue peor, algo que, aunque parezcan axiomas que deberían ir unidos, tiene sus matices relevantes.
El Atleti sólo plantó cara al Madrid en los primeros minutos de cada parte. En los iniciales hubo un intercambio de golpes con una volea fuera de Saúl y un paradón de Oblak a Cristiano como ocasiones más claras por cada bando. El partido era disputado e incierto. Hasta que lo durmió Cristiano mediado el primer acto. De falta directa.

CRISTIANO LO ROMPIÓ DE REBOTE
No lo hizo con el zapatazo de efecto endiablado de hace cinco años, sino con un lanzamiento que no levantó un metro del suelo, pero que acabó en el mismo sitio que aquel después de que la barrera se abriese y, tras rebotar en Savic, cambiase totalmente la trayectoria del balón (0-1). Fue un gol en la línea del Cristiano de los últimos meses, pero lo celebró con la misma vehemencia de los que anotaba entonces.
De ahí al descanso no existió el Atleti, dominado por un Real Madrid con Isco erigido como director de orquesta. El malacitano ganó la partida en la franja ancha a los Gabi, Koke y Saúl. Se echa de menos a Tiago. Mucho. Pero, a sus 35 años, quizá ya nunca volverá.

EL ATLETI LO INTENTÓ EN LA REANUDACIÓN
Sí lo intentaron los colchoneros en la reanudación. En apenas cinco minutos se llegó más que en el primer acto, con un disparo de Carrasco lamiendo la escuadra (estuvo flojo el belga) y un par de oportunidades de Griezmann (tampoco estuvo fino) con un disparo centrado, tras error de Modric, y un centro chut que terminó en la banda.
Al Atleti le duró el arreón cinco minutos más y los cambios del Cholo, a priori acertados -Gameiro por Torres (desaparecido) y Correa por Gabi (desbordado)-, no surtieron efecto alguno.

LA AFICIÓN NO DIO ESE PLUS...
Se necesitaba algo más. Un plus que debió llegar desde la grada. Ese aliento del público que debe espolear a sus futbolistas, cuando el equipo no es capaz de ser quien enardezca el ánimo de sus seguidores. Hacía falta. Y más en un partido de esta índole. Pero no llegó. El Frente Atlético permaneció callado durante muchos minutos y, por ende, el resto del estadio.

...EL PENALTI MATÓ EL PARTIDO...
Un estadio que enmudeció cuando en lo que aparentaba ser un forcejeo en un balón dividido entre Savic y Cristiano (en el campo incluso parece falta del portugués) termina en penalti. Ronaldo tropieza más en el montenegrino que éste le traba, pero Savic yerra en el despeje con una patada al aire que le sale muy cara.
El luso engaña a Oblak (0-2), hace el pintamonas frente a la cámara (minutos antes había soltado un puñetazo a Koke… nada nuevo) y el partido acaba. Sólo seis minutos más tarde, Cristiano empuja una veloz contra llevada por Bale para mayor escarnio para los atléticos (0-3).
El Atleti perdió porque fue peor que el Madrid. No supo imponer la intensidad y el ritmo frenético de otros derbis y los blancos, que dominaron la franja ancha, tuvieron además la pizca de suerte (el rebote en la falta y el “inoportuno” penalti) que decantó la balanza de su lado. Pero quiero terminar esta crónica hablando de la afición.

...Y LA AFICIÓN "ANIMÓ" CON TODO PERDIDO
En el tramo final, ese público que compareció callado durante largos minutos cuando el resultado era de 0-1, y los ánimos aún podrían haber servido para revertir la situación, levantó la voz para entonar el “Te quiero Atleti”, “Atleti yo te amo, contigo hasta el final”, o para cantar el himno. Cuando ya nada había que hacer, cuando la derrota era contundente y la humillación palpitaba, proclamaron su eterno amor al equipo, del que nadie duda. Y a mí, personalmente, las exaltaciones de amor por el escudo en la derrota más rotunda, el concepto del perdedor carismático, la hinchada que más anima aún cuando los suyos pierden, ya me cansa. Más aún si cuando se debió alentar para cambiar ese signo, no se hizo.

Y EL ODIO Y LOS COMPLEJOS VOLVIERON A RELUCIR
A esto quiero añadir aún algo más triste. Durante todo el segundo acto se repitieron por las gradas imágenes de peleas entre los aficionados que debieron ser resueltas por el personal de seguridad, en algunos casos sacando a algún individuo del campo. Reyertas entre hinchas del mismo equipo, del Atlético de Madrid, que ante una nueva derrota ante el eterno rival sacaron nuevamente a relucir una ira, una rabia, un odio y unos complejos que en los últimos tiempos parecían olvidados. Pero no. Estaban sólo contenidos.

QUIZÁ NO SEA TAN MALO DEJAR EL CALDERÓN
Quiero cerrar esta reflexión con unos datos, que saben que me apasionan. En 49 derbis ligueros disputados en el Vicente Calderón, los números son ampliamente negativos: apenas 9 victorias rojiblancas; 17 empates; y 23 derrotas (once de ellas sólo en los últimos quince años).
Antes de trasladarnos al Manzanares, estos eran los números en Liga en nuestro estadio: 15 triunfos atléticos; cinco empates; y once derrotas.
Pese a estar en contra de abandonar el Calderón, desde este prisma, quizá no sea tan malo el traslado a La Peineta. Para renovar aires y empezar de nuevo. Toca poner el cartel de cerrado por derribo. Y si lo hacen con alguno de los mencionados acomplejados dentro, tampoco se les echará de menos. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Atleti, vence por nosotros

Hay muchos días que no me acuerdo, pero sé que está ahí.
Ya no duele tanto como al principio, cuando respirar costaba un poquito más de lo normal.
A veces ando por la calle; me ducho; voy camino al trabajo en el coche; me afeito; hago la compra; o canturreo alguna canción en “espanglish”…  y parece que no existe.
Pero, en ocasiones, un recuerdo invade mi mente, sin quererlo, sin poder elegir evitarlo… y entonces sangra. Duele un poquito. El pecho se oprime.
Un balón al poste; un córner en el tiempo de prolongación; una lesión sin milagro de un falso Bálsamo de Fierabrás en forma de placenta de caballo; un penalti fallado… o dos; unos inoportunos e inevitables calambres; un gol en fuera de juego que sube al marcador; un sponsor publicitario sin camiseta mostrando su cerebro al mundo; un cambio nunca realizado; un viejo héroe mantenido sobre el campo de batalla esperando un desenlace de justicia poética que nunca llegó…
Imágenes y pensamientos que abotagan mi cabeza y, por momentos, nublan mis sentidos. Una infinidad de colores se agolpan en mi mente dando como resultado uno… el blanco. 

MI PRIMER RECUERDO DE UN DERBI EN EL CALDERÓN
Este sábado, el color blanco volverá a plasmarse sobre el césped del Vicente Calderón. Dicen que será el último derbi liguero a orillas del Manzanares (veremos) y son muchos los recuerdos generados en este estadio ante el eterno rival.
Mi primer recuerdo de un derbi en el Vicente Calderón data de enero de 1992. Un 2-0 con goles de Vizcaino, en un perfecto zurdazo de volea desde la frontal tras un córner, y de Manolo, tras cruzársela a Buyo con la pierna derecha.
En este vídeo podéis ver un resumen de aquel partido, locutado por Julio Sanz, que muchos años después fue mi jefe en el tiempo que estuve en los Deportes de Telemadrid:


SIETE AÑOS SIN GANAR EN EL MANZANARES
No se volvió a cantar victoria en nuestro estadio, en Liga, hasta siete años después. Recuerdo que lo vi en Chapeau, un mítico pub de Getafe que marcó mi adolescencia... Fue un 3-1, en junio de 1999. José Mari puso el 1-0 tras sacar un gran disparo cruzado desde la frontal; posteriormente empataría Morientes; pero antes del descanso Jordi Lardín anotó el 2-1 con una preciosa volea cruzada; y ya en la segunda parte Juninho marcó el 3-1 definitivo tras romper a Jarni y colocar la pelota con sutileza a la izquierda de Illgner.


Meses después, se volvió a ganar al Real Madrid, esta vez en el Bernabéu (1-3- Hasselbaink (2) y José Mari), y desde entonces fueron trece largos años sin cantar victoria ante los merengues.

HASTA EL AÑO 2000, IGUALDAD ABSOLUTA EN TERRENO ROJIBLANCO
Hasta el descenso a Segunda del Atleti (en esa temporada 1999-2000), en un derbi en el Calderón uno podía esperar que se diera cualquier resultado. Literalmente. En 65 derbis ligueros disputados en terreno rojiblanco, la estadística no podía ser más igualada: 23 victorias atléticas, 19 empates y 23 victorias madridistas.    
Sin embargo, los dos añitos en el infierno abrieron una brecha entre atléticos y madridistas que parecía insalvable.
Del 2002 al 2013, el Madrid sumó en el Calderón diez triunfos y un único empate. Ni una sola victoria cayó del lado colchonero, lo que hizo que la balanza se inclinara claramente para los blancos.

TRECE AÑOS SIN DERBI
Eran tiempos difíciles para los atléticos. Tiempos en los que un derbi se recibía con una ansiedad que rozaba el histerismo. Un estado de nervios colectivo que comenzaba en la afición y se contagiaba a los futbolistas, algo que se reflejaba especialmente en el Vicente Calderón, donde mi padre y yo entrábamos mirando el reloj y comentando si, cuando fueran disputados cinco minutos de juego, el 0-0 aún se mantendría en el marcador.
El miedo era fundado. Durante tres temporadas consecutivas, el Real Madrid se adelantó a los 32 segundos (Raúl- 2007-08); a los 34 segundos (Van Nistelrooy- 2008-09); y a los cuatro minutos (Kaká- 2009-10).
No había derbi. Si no marcaban en esos primeros instantes, lo hacían algo más tarde. Pero en esos años, ningún derbi en el Calderón superó el cuarto de hora con el 0-0. Y sólo en dos se adelantó el Atleti. La ya de por sí consabida superioridad blanca, se plasmaba en el césped casi antes de empezar.
No hace tanto de eso. Hace muy poco, en realidad. Una época en la que me preguntaba si algún día podría emborracharme celebrando una victoria contra el Real Madrid... En las anteriores todavía era casi un niño.
Pero la primera borrachera en un derbi llegó por fin en mayo de 2013. Con título incluido. Fue la Final de Copa del Rey. Fue muy sufrido, costó lo indecible, como volver a perder la virginidad. Pero marcó un antes y un después en los derbis.

PERO EL DERBI VUELVE A SER EL DERBI
Ahora, el derbi ya no es el que era. El derbi vuelve a ser el de siempre. Sé que saben de qué hablo.
El Real Madrid no nos gana en Liga desde el 27 de abril de 2013. En esa víspera de Copa que desesperó al vestuario rojiblanco, como me confesó Godín en mi libro: "Si no les ganamos en el Calderón y contra los reservas, ¡¿cómo les vamos a ganar la Final de Copa en el Bernabéu?!".
Pero se ganó. Y desde entonces no se ha parado de derrotarles en su estadio (2013-14- 01; 2014-15- 1-2; 2015-16- 0-1. El único equipo en la historia de la Liga que ha ganado tres temporadas consecutivas en el Bernabéu); y se les metió un 4-0 en el Calderón (2014-15); y se les ha eliminado en la Copa (2014-15); y se les ha ganado la Supercopa (2014)...
CADA PARTIDO CUENTA
Todo eso cuenta. Y también escuece. Aunque digan que no.
Pero queda una espina. Una enorme espina. No lo negamos. No puede negarse. Es esa herida que todavía sangra a veces...
Ellos sólo ganan finales, dicen. Es así. Aunque sea en los penaltis y con goles ilegales. Pero las ganan. Por eso, hay que seguir ganando "partidillos". Seguir sumando cuatro-ceros; victorias en el Bernabéu; arrebatándoles títulos menores como la Supercopa o la Copa del Rey.  

DE MADRID 2012, A LISBOA Y MILÁN
Ahora les peleamos finales de Champions. Hace catorce años sólo les disputábamos amistosos para promocionar los Juegos Olímpicos de Madrid 2012... (Fue el primer gol de Fernando Torres en un derbi... Un 3-2 en el Bernabéu. Seguro que lo recuerdan).
Las grandes heridas sólo cicatrizan enfrentándote a tus miedos. Haciendo por curarlas. Por superarlas y por superarte. Y para este equipo no hay derbi pequeño. Y menos uno de Liga.
Esto ya no son amistosos. Sigamos sumando batallas. De batalla en batalla, hasta la victoria final. Que llegará. Ya saben, "lo mejor está por venir". Mientras tanto, ganemos otro derbi. De esos que no cuentan.