lunes, 2 de marzo de 2009

De la amargura al éxtasis en 45 minutos

El de anoche fue un partido muy especial para mí por doble motivo. Por ello, me van a permitir que hoy haga dos crónicas y no una: la de la amargura y la del éxtasis
CRÓNICA DE LA AMARGURA
No había buenos presagios anoche en el Vicente Calderón. A cualquiera que le preguntaras te decía que las sensaciones no eran positivas. Mejor así, pensaba yo, siempre agarrado a un halo de esperanza. De esta manera, las decepciones son menores y las alegrías enormes.
No empezó bien la noche. En menos de cinco minutos el Calderón cantó dos goles, pero ninguno subió al marcador. El primero porque no entró, Agüero la mandó al lateral de la red, y el segundo porque, aunque sí entró, el linier lo sacó, inventándose un fuera de juego de Heitinga, que remachó una nueva cantada de Valdés, que está como un flan, a un potente derechazo lejano de Maxi.
En esas, apareció junto a mi asiento una chica muy mona con su novio. Tras preguntar si la mochila que había en la butaca era mía, se despojó de su abrigo para lucir una camiseta del Barça con el nombre de Cris a la espalda.
No me hizo mucha gracia, pero hasta ahí todo normal. Los problemas vinieron después.
A cada falta del Barça, la simpática jovencita decía que los del Atleti se tiraban, después de llamar al Kun “enano” y “gitano”, calificó a Henry de Dios tras el golazo que éste puso en la escuadra en el minuto 18. El tanto vino precedido de un mal despeje de Pablo, que en los primeros compases había regalado un gol a Etoo que le quitó Leo. La recuperación del manchego ha durado cuatro partidos. Al quinto y el sexto ha demostrado nuevamente su verdadero nivel.

Cris me amargó la primera parte
Pero anoche no fue Pablo quién me amargó la noche, al fin y al cabo a eso estamos acostumbrados, sino Cris. Así que volvamos con ella.La chica se levantaba a cada jugada, gesticulaba, pero lo peor eran sus comentarios.
A los ya referidos, comenzó con un “pero animar al Barça, qué queréis, ¿ir a Cibeles con los vikingos?”. Yo me mordía la lengua.
Al poco le dijo a su novio que en vaya sitio le había colocado, “rodeada de indios”, a lo que, por primera vez, tuve que responderle, con una sonrisa forzada, que estábamos en el Calderón, por si no se había dado cuenta.
Celebró el gol de
Messi con grandilocuencia después de que éste rasgara la defensa del Atleti como si no existiera, pero por suerte Forlán marcó el golazo que estuvo buscando toda la noche ante el Oporto, con un zurdazo lejano que se coló por la escuadra. Pese a ir aún por debajo, la celebración, por supuesto, tuvo más rabia de la habitual.
Pero la chiquita no tenía pensado callarse. Después de levantarse un par de veces para reclamar que Guardiola saliera del banquillo al grito de “guapo”, volvió a repetir un comentario que ya había hecho antes “vamos Barça, cómo vais a perder contra un equipo de Segunda…”.
Mi padre
, una de las personas más respetuosas y más moderadas que conozco, y no lo digo porque sea mi padre, ya estaba saliéndose de sus casillas y también comenzó a hacer comentarios en alto. Con lo que, en el minuto 40, yo no pude aguantar más: “Porque eres una tía, si no, no te iba a aguantar más, eres insoportable”, la dije. A lo que me respondió que ella estaba animando a su equipo. Cuando la expliqué que si yo fuera así al Camp Nou salía con los pies por delante, me dijo que yo “no sabía lo que era el deporte”. Entonces la espeté que nos estaba faltando al respeto, llamando al Kun “gitano”, al Atleti “equipo de Segunda” y que no iba a venir a reírse de mí a “mi casa” donde llevo yendo diez años de abonado y 18 desde que fui por primera vez. La chica se rió de que hablara de mi casa y le dije que desde luego la suya no era, a lo que añadí que además ese no era su asiento (se sentaron donde vieron un hueco) y la invité a enseñarme la entrada. Después de responderme que eso a mí no me importaba la conversación se acabó y su novio (supuestamente del Atleti), mudo como una puta, la invitó a que se callara.
Tras cinco minutos de tensión, bajé a tomar aire en el descanso y la segunda mitad fue otra cosa. No se volvió a oír un comentario despectivo, se mantuvo sentadita en su asiento y, eso sí, celebró el gol del Barça, lo cual es perfectamente correcto, pero mi equipo me ayudó a cerrarle la boca.
A la conclusión no la vi, ni de lejos, tan afectada como estaba yo en la primera parte. Al fin y al cabo, Guardiola iba a seguir siendo igual de guapo…

CRÓNICA DEL ÉXTASIS  
A los diez de la reanudación, el Kun marcó ese gol que tanta falta le hacía. Por fe, se llevó un balón peinado por Raúl García, ganó la partida a Márquez y a Puyol y la cruzó a la perfección ante Valdés. 2-2.
Lo más difícil parecía estar hecho, igualar al todopoderoso Barça un 0-2. Ya no había cansancio, Forlán dio un auténtico recital de sacrificio y una demostración prepotente de su portentoso físico, bajando a la carrera a pelear con Messi o con quien hiciera falta para recuperar balones. Asunçao y Raúl García eran capaces de tapar la zona de creación del Barça y Ujfalusi se consagró como un mariscal en la zaga, haciendo un partido para enmarcar, anticipándose en cada jugada y multiplicándose ante los errores de Pablo.
Pero cada pérdida de balón entrañaba un peligro insondable y los riesgos de la defensa adelantada se pagaron a 17 minutos del final. Era injusto, pero un pase largo de Etoo (desaparecido y desafortunado a excepción de esa acción) dejó solo a Gudjohnsen, que a la legua se vio que regalaría el gol a su compañero de escapada, Henry.Con el 2-3 parecía que se acabaría el sueño y más cuando Etoo volvía a errar un minuto después. Pero un cabezazo de Agüero que salvó Valdés probó que el Atleti aún estaba vivo.

El penalti más largo del mundo...Entonces, el linier bueno advirtió a González Vázquez de un clamoroso penalti sobre Sinama (que, por cierto, entró por un Maxi que se marchó con un cabreó mayúsculo ¿qué tiene una bula papal firmada en su contrato el chico?). Fue el penalti más largo del mundo (que se quite la película de Tejero), por lo que tardó en pitarse y por lo que tardó en tirarse (González Vázquez lo retrasaba pidiendo a los jugadores que no entraran en el área. Creo que quería tirarlo él. Fuera, claro).
Pero Forlán, ese Titán de acero y hielo, lo mandó dentro.
Quedaban diez minutos y, sinceramente, le pedí a Dios (no a Henry, al mío) que el partido se acabara ya. Eran demasiadas emociones para mi pobre corazón. Pero gracias a que no me hizo caso.
En el último minuto, Agüero se internó en el área, dribló a Puyol con fortuna, y se la cruzó a Valdés con maestría. Era el 4-3. La remontada estaba completada, la épica se repetía como en aquel choque ante el Dream Team 15 años atrás.
Esa noche, Abel Resino no pudo jugar, ya que el titular fue Diego, pero a buen seguro que ayer inculcó a los suyos ese espíritu de Atlético guerrero e indomable para, como entonces, sellar una remontada imposible en una noche mágica.
El Calderón botó, y cantó el “quien no salte madridista”, para recordar que Atleti somos nosotros. Que existe algo más que el madridismo y el antimadridismo. Que noches como éstas son las que hacen grande a nuestro equipo. Que por esto somos del Atleti.
Hay que ver cómo nos las gastamos a veces los equipos de Segunda…
¿Jugarán así en el Bernabéu? Hoy, no me importa. ¡Yo te quiero Atleti, lorolololololololo!