jueves, 15 de septiembre de 2016

Alta clínica

JORNADA 1 DE CHAMPIONS- PSV 0-1 ATLÉTICO
Goles: Saúl
El paciente llegó a la consulta con cierto recelo. Sabía que había hecho los deberes, que los resultados estaban mejorando, volviendo a ser los que obtenía antaño, que estaba trabajando bien... Pero había sufrido tanto los últimos meses. El golpe había sido tan fuerte y estaba tan reciente... todavía tan fresco que podía sentirlo... que realmente no estaba convencido de que estuviera curado. Era consciente de que iba por la buena dirección, pero ¿de verdad estaba ya listo para volver a caminar solo, con la fuerza y determinación que lo hacía antaño?
Volvía a encontrarse con su mayor anhelo, la fuente de sus desvelos, el motivo de sus sueños... pero a la vez su peor pesadilla. Aquello por lo que más había luchado, su niña bonita, su prioridad absoluta, pero también su mayor azote, su trauma más enquistado, su experiencia más ingrata.
Pero el reencuentro era inevitable. Había que afrontarlo, volver a levantarse, mirarle de frente a los ojitos... Y ver lo que sentía.
Así salió el Atleti a Eindhoven.

EL ATLETI SALIÓ A POR EL PARTIDO
Salió decidido a llevarse el partido. Los tres primeros minutos fueron un monólogo rojiblanco, tocando con fluidez en su frente de ataque, sin dejar al PSV llegar siquiera al medio campo. En ese tiempo, Filipe Luis (en un estado de forma impresionante) ya se coló hasta la cocina y sólo la salida de Zoet evitó que se plantara solo ante él, tras un pase profundo de Saúl.

EL ÁRBITRO ESTUVO DE NUESTRO LADO
Sin embargo, el PSV contestó con fuerza. Primero, Giménez salva al cruce una colada de Narsingh (una pesadilla con su endiablada velocidad); y después, gol anulado a De Jong por una supuesta falta previa en el salto de Héctor Moreno sobre Filipe. Fue la primera de una serie de decisiones polémicas del árbitro inglés Martin Atkinson, que nos benefició en todas ellas (excepto en el penalti).

DOMINIO Y GOL DE SAÚL
Después, el Atleti volvió a su dominio. Filipe Luis parecía más un extremo que un lateral, y una de sus subidas terminó con un zurdazo ligeramente cruzado fuera de Koke.
Saúl avisó con un par de cabezazos; Godín tuvo otro; y Gameiro lanzó desviado con la zurda tras un gran control. Koke, como mediocentro puro, aparecía para distribuir con criterio y alegría; mientras que Gaitán, por primera vez titular, lo intentó, pero intervino mucho menos de lo esperado.
Por su parte, el PSV sólo creaba peligro (aunque mucho) cada vez que Narsingh echaba a correr. Godín y Giménez se las veían y se las deseaban para frenarle.
Pero la mayor insistencia del Atleti tuvo premio. En el 41, Saúl conectó una preciosa volea con la zurda tras una tijereta, al aprovechar un rechace (0-1). Fue un golazo. El año pasado ya hizo tres en Champions, uno de ellos, ante el Bayern, siempre quedará en el recuerdo.
A sus 21 años, Saúl se ha convertido en uno de los grandes pilares de este equipo. Salido de la cantera, el ilicitano no tiene techo.
El gol se manchó (nunca mejor dicho) porque antes de que Saúl empalara ese balón suelto, Giménez empaló a Propper con un cabezazo que le hizo chorrear sangre. Difícil de ver en directo (cabeza con cabeza), pero, a posteriori, las muestras de la falta eran más que evidentes.

¡¿JAN, POR QUÉ NO TE TIRASTE ASÍ EN MILÁN?!
No sé si tanta sangre mareó al árbitro inglés, pero dos minutos después pitó un penalti totalmente inexistente. Narsingh vuelve a colarse en área atlética explotando su velocidad, Giménez va al suelo, pero el delantero de origen surinamés se escora, cae él solito y el juez decreta penalti. Por fortuna, Dios reaccionó ante tamaña injusticia y Jan Oblak detuvo la pena máxima a Guardado con una gran estirada. "¡¿Por qué no te tiraste así en Milán?!", pensé yo y la inmensa mayoría de los colchoneros. Pero hay que ir cicatrizando heridas y dejar en el pasado lo que es pasado...

EL ATLETI ADMINISTRÓ SU VENTAJA
Y así se llegó al descanso. En el segundo acto, el Atleti supo administrar su ventaja. Controló la mayor parte del tiempo, mientras que generó alguna contra con peligro. En dos de ellas, Gameiro demostró que le puede la ansiedad. Especialmente en la segunda, donde pegó un derechazo a las nubes tras una buena jugada de equipo.
La diferencia entre su confianza y la de su compatriota Griezmann es como la noche y el día. Antoine tuvo una, tras gran asistencia de Tiago, y el 7 la metió para dentro, pese a que luego fuera anulado por un justísimo fuera de juego (estaba en línea...).

ALGO DE SUFRIMIENTO AL FINAL
De ahí al final, el Atleti se desinfló y se metió demasiado atrás, especialmente el último cuarto de hora. Los holandeses buscaron siempre balones colgados a De Jong, que remató un cabezazo arriba y en otra pidió penalti por una mano de Godín.
En el último minuto, un testarazo picado del uruguayo Gastón Pereiro a punto estuvo de suponer el empate. Pero le salió centrado y la blocó Oblak. No hubiera sido justo.  El Atleti siempre puso más y, pese a las decisiones arbitrales, manejó el partido y fue superior a los holandeses.

EL ATLETI VUELVE A CAMINAR
Con el débil Rostov y el todopoderoso Bayern en el grupo, la victoria en Eindhoven era capital para encarrilar la clasificación. Cumpliendo en el resto de jornadas, el Atleti será mínimo segundo. Pero este Atleti siempre quiere más, y ya ha demostrado en Holanda que siempre, siempre se levanta.

Y entonces, terminada una intensa sesión, su terapeuta le miró con una sonrisa satisfecha y le dijo: estoy contento con tu evolución. Tienes el alta clínica.
Y el Atleti, sonrió por dentro, se sintió un poco más en paz, y siguió caminando. Una vez más. Y como siempre.