viernes, 22 de febrero de 2019

Cuando los tienes más grandes

CHAMPIONS- OCTAVOS
ATLÉTICO 2-0 JUVENTUS
Goles: Giménez, Godín.
Este miércoles, conforme las manecillas del reloj iban restando las horas para el comienzo del trascendental duelo de Champions ante la Juventus, los pronósticos, deseos y evaluaciones que me llegaban de cara al desenlace del partido eran poco halagüeños. 

Ese 20 de febrero que parecía tan lejano en el tiempo, allá por el 17 de diciembre cuando se hizo el sorteo, ya había llegado. Por el camino nos habíamos dejado la Copa del Rey (un torneo que personalmente siempre me ilusiona) ante un modesto como el Girona, y en Liga habíamos pasado de ser segundos a tres puntos del líder Barça a situarnos a los siete actuales.
Así que este cruce de Champions era una auténtica final, una tabla de salvación a la que agarrarnos si queríamos esquivar una realidad que me daba pavor: poder quedarnos sin ningún título por el que luchar en el mes de febrero. Frío, mucho frío. 

TODOS DABAN A LA JUVE COMO CLARO FAVORITO
Por desgracia, como he dicho, los estímulos que recibía de mi entorno de cara al crucial partido no eran positivos: los expertos en fútbol internacional de la prensa deportiva no paraban de repetir frases como "la Juventus no ha perdido ni un solo partido en la Liga italiana en toda la temporada"; "la Juventus sólo ha dejado de marcar en un único partido en toda la temporada"; "la Juventus es el claro favorito de esta eliminatoria"...
Sin embargo,  en mi interior siempre tuve claro que la máquina de competir en la que se ha convertido este Atleti del Cholo nos depararía, cuanto menos, una eliminatoria igualada.

INCLUSO LOS MÍOS FIRMABAN EL 0-0 "CON SANGRE"
Pero lo que más temor me causaba eran los presagios de mis propios compañeros de sentimiento rojiblanco, que llevaban días sentenciando que firmaban el 0-0. En la previa, confiado en el ardor que te confiere la cercanía de la batalla, volví a interrogar a varios de ellos sobre sus sensaciones: ¿Seguís firmando el 0-0? "Con sangre", me respondió alguno. "¿Pero todavía con el 0-0?", insistí. "Hombre, y ya es mucho. Es lo que hay", me aseguraban...
Así que con estos presagios entré al Metropolitano a eso de las 20:45. El ambiente era el de las grandes citas, no en vano, la más grande que había tenido hasta la fecha el Metropolitano. Y la verdad, no es pecado decirlo, la atmósfera por primera vez se acercó a la de las grandes noches del Calderón. Fue mágico.

EL AMBIENTE FUE MÁGICO
Desde el primer minuto el público, especialmente el Frente Atlético, mostró su mejor voz y los cánticos no dejaron de atronar. Los casi 3.500 aficionados de la Juve venidos desde Turín pudieron comprobar in situ cómo se las gasta la hinchada rojiblanca.
Y el Atleti salió bien, salió fuerte. Cabeza fría y corazón caliente; pierna dura y toque sutil. Cristiano avisó con una falta lejana y Bonucci con un cabezazo alto. Por entonces el portugués ya había vuelto a confirmar a la parroquia colchonera lo que todos ya conocen: su prepotencia y su altanería no pueden contarse con los dedos de las manos. Mostró los cinco dedos en alusión a sus Champions. Algo que repitió en zona mixta: yo tengo cinco Champions; el Atleti, cero...

EL ATLETI PELEÓ MÁS Y MEJOR... INCLUSO CONTRA EL VAR 
Pero el Atleti peleó más y mejor en pos de alcanzar ese sueño de ganar su primera Champions. Godín y Giménez estuvieron imperiales en la anticipación y al corte; Griezmann marcaba el ritmo; Koke se multiplicaba en la zona ancha; y Diego Costa martilleaba a Bonucci y a Chiellini. Precisamente en un gran envío profundo del de Vallecas, Costa caía en el área derribado por De Sciglio. ¡Penalti y abrazos en la grada! Corría el minuto 26 y el momento era perfecto para adelantarse en un partido cerrado como se preveía. Pero ahí estaba el VAR... Tras unos segundos de eterna incertidumbre, el vídeomarcador anuncia que el VAR ha revisado la jugada y que la falta ha sido fuera del área. Lo mismo que el día del Real Madrid... pero esta vez sí se anula el penalti. Fue la ocasión más clara de una primera mitad que se consumió con mucho ritmo, intensidad y pelea, pero sin ocasiones. El 0-0 firmado por muchos y pronosticado por algunos, se cumplía al descanso.

EL 0-0 NO ERA EL PLAN DE SIMEONE
Pero, por más que algunos agoreros lo pregonaran, el 0-0 no era el plan de Simeone. Se probó nada más comenzar el segundo acto, cuando Costa, primero, mandó fuera de manera incomprensible un mano a mano ante Szczesny. Un mano a mano de esos de carrera larga antes de quedarte solo delante del portero, en los que al respetable le da tiempo a rezar tres Padres Nuestro y dos Aves María rogando que lo meta... Pero no lo metió.
Y sólo dos minutos después era Griezmann el que se plantaba ante Szczesny, pero su vaselina sutil la tocaba lo justo el portero polaco para sacarla al larguero.
En esos minutos Costa ya andaba con la gasolina más que justa, y fue entonces cuando el Cholo ratificó con sus cambios que no iba a por el 0-0: Morata por Costa; Lemar por Thomas; y Correa por Koke. Y todos antes del minuto 65.
    
MORATA NO SE LLEVA BIEN CON EL VAR
Y pasado ese minuto, por fin, llegó el gol. En un centro perfecto de Filipe desde la izquierda, Morata conecta un testarazo inapelable. El Metropolitano salta de sus asientos, pero los italianos se arremolinan en torno al árbitro pidiendo falta sobre Chiellini quien, perro viejo, también había saltado... para lanzarse por los aires. Y el árbitro anuncia que nuevamente consultará el VAR. Si algo negativo tiene la utilización del vídeoarbitraje (más allá de su aplicación subjetiva para hechos tan objetivos como si una falta ha sido dentro o fuera del área) es el coitus interruptus que provoca cada vez que hay un gol. Se conceda o no, uno ya no ha podido celebrarlo como Dios manda. Y, una vez más, el VAR no lo concedió, estimando que las manos de Morata sobre la espalda de Chiellini habían bastado para propulsar el 1,87 del zaguero transalpino.

SE HABÍA HECHO TODO... Y EMPECÉ A DEPRIMIRME
Era ya el minuto 70, y empecé a deprimirme: los penaltis sacados fuera del área, los goles cantados fallados, los largueros, los goles anulados... Se había acariciado demasiado el gol, pero no se había logrado sumarlo. Así que empecé a consumirme en mi butaca... Parecía que no era la noche... Pero sí que era, sí.

GIMÉNEZ REBAÑA... Y GODÍN VUELA
En el 77, córner desde la izquierda, remate de Morata, hay un rechace, varios italianos al suelo, y Giménez la rebaña a la red (1-0). Los de la Juve vuelven a rodear al árbitro, y otra vez coitus interruptus. Pero esta vez en el VAR sale cara y el Atleti se adelanta en el marcador.
Quedaba menos de cuarto de hora para guardar el botín que tanto había costado encontrar, pero mi padre me avisa: "La Juve está grogui. Habría que aprovecharlo". Y el Atleti lo hace. En una falta lateral, Godín intenta peinarla, Mandzukic la rechaza mientras Szczesny va incomprensiblemente al suelo, y el propio Godín remacha a bote pronto a las mallas (2-0). Ahora no hay juventinos en el suelo y no hay excusa para agarrarse al VAR. Los que se agarran son los aficionados rojiblancos exultantes, mientras Godín salta la valla publicitaria para estar más cerca de los suyos. Y ese segundo del salto, con Diego volando en el aire del Metropolitano frente a miles de hinchas con las caras ebrias de felicidad, es una de las mejores instantáneas que nos ha deparado el Atlético de Madrid en los últimos años.   

"¡Ha sido Godín! ¡Ha sido Godiiiiiín!", le canto a mi padre, lo que multiplica los abrazos en mi zona. El uruguayo coronaba su tremendo partidazo en defensa (Godín hasido elegido por la Champions mejor jugador de la semana) con un importantísimo gol. Y su paseo por el Fondo Sur, golpeándose con la mano el corazón... donde lleva el escudo... quién sabe si no será el último...

Y el partido se acaba, y sólo es una Ida, pero sabe a Vuelta. Y el Atleti del Cholo, una vez más, demuestra que nunca se puede darle por muerto. Y a Cristiano esta noche sólo le queda tirar de vitrinas. Porque cuando los tienes más grandes... los sueños... y los persigues con ahínco, a veces, por desgracia sólo a veces, la vida paga. Queda Turín, pero esta noche se ganó mucho más que un partido de Ida.      

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